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El alto el fuego en Siria viene marcado por el fracaso de las anteriores negociaciones

El régimen y la oposición apuran sus ofensivas antes de que comience la tregua este lunes

El alto el fuego de 48 horas, prolongable indefinidamente, que debe de entrar en vigor en Siria este lunes a las siete de la tarde (las seis hora peninsular española) viene marcado por los fracasos de los esfuerzos de la comunidad internacional dirigidos a detener la guerra civil en el país árabe. Desde hace más de cinco años, todas las iniciativas para un cese de las hostilidades permanente y sentar a las partes en la mesa de negociaciones han colapsado tras la reanudación de los combates en medio de la desconfianza de los contendientes y sus respectivos aliados.

Combates entre fuerzas del régimen y rebeldes en Quneitra, sur de Siria.

El escepticismo de la población ante la prolongación del conflicto se ha visto reforzado en las últimas horas con el recrudecimiento de los ataques por ambos bandos para apurar y fijar los avances de sus posiciones antes del inicio de la tregua. La oposición aún no se ha pronunciado explícitamente sobre el alto el fuego y ni ha confirmado si acatará el acuerdo alcanzado el sábado en Ginebra entre el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, y el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov. Se espera que sus principales representantes, agrupados en el Alto Comité para las Negociaciones (HNC, en sus siglas en inglés) acaben dándole su respaldo, aunque con cautelas, según desveló un comandante rebelde a Reuters, ante la falta de mecanismos para obligar al régimen a mantener el fin de los enfrentamientos.

El pacto de Washington y Moscú se ha producido tras un vuelco en la batalla de Alepo a favor de las tropas leales al presidente Bachar el Asad. Damasco expresó su “aprobación” a la tregua de forma indirecta, a través de la agencia estatal de noticias Sana. Ha sido secundado por Irán y la guerrilla chií libanesa de Hezbolá, sus principales aliados junto con Moscú. Entre los países que sostienen a los insurgentes, Turquía ya ha dado la también la bienvenida al cese de hostilidades, mientras Arabia Saudí y las monarquías del Golfo guardan silencio.

Kerry y Lavrov aseguraron al anunciar el plan de pacificación y salida negociada al conflicto, que han establecido sistemas de verificación del alto el fuego para que no se repita el fiasco de la tregua del pasado febrero. Desde casi los primeros meses de la guerra en Siria se han reproducido las iniciativas para poner fin a la carnicería. La Liga Árabe, primero, y Naciones Unidas, después lo han intentado sin éxito. El primer mediador de la ONU, el ex secretario general Kofi Annan, trató de hacer respetar un primer alto el fuego en 2012, pero no logró que callaran las armas.

Las grandes potencias, con EE UU y Rusia a la cabeza, tomaron poco después en su mano los esfuerzos negociadores para una transición política en el país árabe. La primera ronda de Ginebra fracasó. En la segunda, ya en enero de 2014, el segundo mediador de Naciones Unidas, Lajdar Brahimi, logró sentar en la mesa de negociaciones por primera vez a Gobierno y oposición. El diplomático argelino acabó tirando la toalla poco después. Fue relevado por el actual enviado, Staffan de Mistura.

Cuando parecía que la derrota del régimen de El Asad era cuestión de meses, la intervención rusa dio un giro radical al conflicto en septiembre del año pasado. Durante el otoño se repitieron los encuentros del llamado Grupo de Amigos de Siria —las dos potencias, los aliados y vecinos, y varios países europeos, a los que se acabó incorporando España— para sentar las bases de una solución negociada a una guerra que nadie parecía poder ganar. La hoja de ruta que acordaron —empezaba con alto el fuego y concluía con la celebración de elecciones libres– fue ratificada por el Consejo de Seguridad con fuerza de resolución unánime.

La tercera ronda de Ginebra comenzó a finales del pasado enero, pero los combates dieron de nuevo al traste con el diálogo de paz. Rusia y EE UU impusieron un alto el fuego un mes después y De Mistura volvió a convocar las conversaciones entre las delegaciones del régimen y de los rebeldes en marzo y abril. De poco sirvió, para entonces ya había comenzado la batalla de Alepo. La aviación rusa bombardeaba a los insurgentes mientras el Pentágono rearmaba a las milicias de la oposición. La población civil siria tiene razones para haber perdido la esperanza.

 

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