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Escocia, la independencia como hoja de ruta para ser europeos

Los escoceses, que votaron mayoritariamente por la permanencia, digieren su expulsión de la UE y exploran las vías para mantener su papel internacional

A unos pasos del monumento a Scott, una chica morena y ataviada con un kilt sopla la gaita escocesa. Su música lo inunda todo. Es una mañana luminosa en Edimburgo y el jardín que rodea la torre en honor al escritor está a rebosar. Allí y en toda Escocia, los ciudadanos comienzan a digerir el resultado del referéndum que consagra la separación de Reino Unido de la Unión Europea. El Brexit, que como Geena Miller dice, les “destierra” de un club al que la mayoría desea pertenecer. El 62% de los escoceses apoyaron la permanencia. Y en Edimburgo, donde vive Miller, una profesora jubilada de 72 años que aprovecha para captar unos cuantos rayos de sol, fueron un 74,4%; una de las cifras más altas del país. “Es muy malo para Escocia, esto es una nación pequeña y queremos seguir siendo europeos. Tenemos que seguir siendo europeos. Y si eso significa salir de Reino Unido, que así sea”, afirma.

Brexit
Escoceses en Edimburgo, el 25 de junio. AFP

El Brexit no sólo ha provocado el divorcio de la UE, también ha alumbrado un país completamente dividido y ha alimentado el caldo de cultivo de los movimientos de independencia. Ayer, la ministra principal escocesa, Nicola Sturgeon, que reunió de urgencia a su Gabinete, insistió en que un referéndum sobre su secesión es una opción clara, y anunció que hará todo lo posible para “proteger el lugar de Escocia en la UE”. Sturgeon —también líder del Partido Nacionalista Escocés (SNP)— solicitará conversaciones inmediatas con Bruselas para explorar todas las posibles opciones y ha creado un equipo de expertos que analizarán la hoja de ruta a seguir. Falta por ver cuál será la respuesta de la Unión a las solicitudes escocesas y qué márgenes tiene esta nación para actuar.

Con estos mimbres, ahora se trata de dirimir si en ese plan de ataque que ayer activó el Gobierno escocés está otra consulta sobre la secesión. Sobre todo cuando, aunque el SNP tiene mayoría en el Parlamento, no cuenta con los apoyos de la oposición de conservadores ni laboristas, y cuando todavía está muy reciente el referéndum de hace dos años, en el que los escoceses rechazaron separase de Reino Unido por 55% frente a 44%.

Dave Kelly cree que un nuevo referéndum es imperativo. “Lo que ha pasado es otro ejemplo más de que los escoceses siempre somos ignorados, de que en Inglaterra no escuchan nuestras voces. Es injusto”, afirma este contable de 36 años. Sostiene que sus votos cuentan menos, y que la desvinculación de la UE es una situación “impuesta”. A decir verdad, Inglaterra –y Gales—, con una población de 54,8 millones de habitantes y donde el Brexit ganó con un 53,4%, ha marcado el destino de los 5,4 millones de escoceses. Pero en el referéndum, los votos de las cuatro naciones que componen Reino Unido valen lo mismo.

Pese a los deseos de Kelly, una nueva consulta no está en el calendario más inmediato. Primero porque el procedimiento requiere un buen rosario de pasos legales. No sólo por parte del Parlamento escocés, sino también del de Londres que es quien, a solicitud de Escocia, debe convocarla. Además, el Gobierno y el SNP estudian ahora si el sentimiento de independencia de los escoceses, que según las encuestas apenas había cambiado desde que se celebró el referéndum en 2014, ha aumentado. Es decir, si de veras el Brexit ha girado las tornas para muchos ciudadanos que en ese entonces votaron por permanecer en un Reino Unido miembro de la UE. Como para la antigua profesora Miller, que votó convencida contra la secesión pero que si hubiese otro referéndum no repetiría la apuesta.

También es el caso de Malcolm Chisholm, laborista anterior ministro de Sanidad escocés. "Creo que mucha gente que votó 'no' antes se está moviendo ahora hacia el 'sí", dice en el diario Financial Times. "Yo probablemente votaría por la independencia ahora", afirma. Y ese es el ambiente. Incluso el tabloide escocés Daily Record, que en la campaña del referéndum de 2014 fue neutral, el sábado apuntó que Sturgeon, que además se mueve en unos índices muy altos de popularidad, tenía razón para plantear una segunda consulta.

Así, el enfado de los escoceses podría ser un buen impulso. Beth Clark cree, sin embargo, que este no es el momento adecuado para plantear la secesión. “Veremos cuando la gente empiece a notar los efectos de no estar en la UE. Cuando las empresas empiecen a tener problemas de comercio y la economía se resienta… Tendrían que hacer la pregunta en un par de años cuando hayamos salido de verdad de la Unión. Todo esto es muy triste, el futuro debería ser más apertura al mundo; y no menos”, abunda esta administrativa de 55 años, originaria de Kirkcaldi, que hace fotos a la gótica torre negruzca que homenajea al autor de Waverley o Ivanhoe. Una figura que no puede ser más adecuada para sus palabras: el gran escritor romántico Walter Scott (1771-1832), fue el primero en su época en tener una carrera internacional en su tiempo y también el principal responsable de que esta nación imprima sus propias libras, es un verdadero símbolo de la Escocia más abierta al mundo.

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