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Obama, una presidencia marcada por la lucha contra el cambio climático

Barack Obama convirtió la lucha contra el calentamiento global en una de sus prioridades

El presidente francés, François Hollande, recibe al presidente de EE UU, Barack Obama, en la Cumbre de París el 30 de noviembre.
El presidente francés, François Hollande, recibe al presidente de EE UU, Barack Obama, en la Cumbre de París el 30 de noviembre. EFE

Con la mirada puesta en la historia y a pesar de tener las dos cámaras legislativas en contra, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, abordó su segundo mandato con la lucha contra el cambio climático entre sus objetivos. Ya puede decir que lo ha conseguido. Anoche, en una intervención desde la Casa Blanca, calificó el pacto de París como “el más ambicioso de la historia de la lucha contra el cambio climático” y defendió el trabajo de su Administración para hacerlo posible.

El presidente estadounidense nunca esperó a que se pusieran de acuerdo los legisladores demócratas y republicanos en el Congreso. Empleó sus poderes ejecutivos para, a través de un decreto, aprobar este verano los recortes más ambiciosos a las emisiones contaminantes de la industria estadounidense. Desde entonces la defensa del medio ambiente el forma parte del legado del mandatario demócrata, que acaba de sumar otro logro en París.

Obama defendió este sábado que el acuerdo “celebra el liderazgo estadounidense” en la lucha contra el cambio climático. “La comunidad internacional ha demostrado lo que es capaz de hacer cuando une todas sus fuerzas”, aseguró. El mandatario dio las gracias personalmente a los líderes franceses y al secretario de Estado, John Kerry, por su trabajo en las negociaciones.

“El mundo se ha puesto de acuerdo en torno al pacto que necesitábamos”, dijo Obama. “Hemos enviado un poderoso mensaje de que el mundo está comprometido con reducir las emisiones”. El presidente reconoció que el pacto de París “no es perfecto”, pero que desde hoy los ciudadanos “podemos confiar en que el planeta estará en mejores condiciones para las generaciones futuras”.

Nada más conocerse su aprobación, el mandatario había anunciado el acuerdo internacional con un mensaje en Twitter en el que calificó el pacto de “enorme” y enfatizó que lo han firmado “casi todos los países del mundo”. Obama también dio la enhorabuena a la delegación estadounidense por su liderazgo en las negociaciones.

El ejemplo de Estados Unidos

Las medidas que aprobó el presidente este verano fueron las primeras firmadas por un presidente norteamericano para luchar contra el calentamiento global. Pero el conjunto de normativas también buscaba llegar a la cumbre en París con los deberes hechos. Los líderes norteamericanos no habrían podido presionar a potencias como China, India o la Unión Europea sin haber dado ejemplo antes.

Estados Unidos sigue siendo el segundo país más contaminante y uno de los principales responsables del calentamiento global por sus emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera. Para contribuir al cambio, Obama firmó un decreto que va más allá de los recortes —en 2014 anunció una reducción del 30% en las emisiones— y que impone la adopción de energías renovables a escala nacional y de manera inmediata, evitando un período de transición que prorrogase las emisiones.

Frente a la postura de la Casa Blanca, que ya en 2012 atribuyó la virulencia del huracán Sandy en la costa de Nueva York con el cambio climático, el Partido Republicano ha mantenido su rechazo a cualquier legislación que recorte las emisiones. No faltan legisladores ni candidatos presidenciales que nieguen la contribución de las actividades humanas al calentamiento global. Los republicanos también han rechazado las medidas de Obama porque consideran que el Gobierno federal y la Casa Blanca están interviniendo en competencias que corresponden a los Estados.

Este verano, la reforma de Obama para luchar contra el cambio climático fue recibida con la demanda de varios gobernadores republicanos que se niegan a implementar las medidas. Más de una docena de Estados han pedido que sea la justicia quien determine si deben acatar la nueva legislación, argumentando que sus economías dependen profundamente del carbón, que la reforma destruirá empleos y que carecen de alternativas si se cierran las plantas energéticas.

Dentro de este contexto, Estados Unidos deberá ratificar la próxima primavera el pacto aprobado este fin de semana en París. La negociación en el Congreso tendrá además como telón de fondo la campaña electoral por la presidencia, que arranca el próximo mes de febrero en el Estado de Iowa.

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