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Rusia y EE UU se enfrentan por la entrada de Kosovo en la Unesco

España se opone frontalmente a la incorporación, que ya cuenta con el beneplácito del Consejo Ejecutivo del organismo

El príncipe de Noruega saluda a la directora general de la UNESCO, Irina Bokova
El príncipe de Noruega saluda a la directora general de la UNESCO, Irina Bokova, en París el 3 de Noviembre de 2015. EFE

Kososo vuelve a ser manzana de discordia entre los países de la Unión Europea y motivo de graves tensiones entre Estados Unidos y Rusia. Avalado por medio centenar de países, el Gobierno de Kosovo ha solicitado la entrada en la UNESCO, la organización de la ONU para la ciencia, la cultura y la educación. Kosovo, reconocido por un centenar de Estados, no es miembro de Naciones Unidas, pero su entrada en la UNESCO supondría un espaldarazo de la comunidad internacional. Moscú y sus aliados se oponen. Washington lo apoya. España, con las tensiones independentistas más fuertes que nunca, lo rechaza frontalmente.

La sede parisina de la UNESCO es estos días el escenario de múltiples escaramuzas al más alto nivel de las principales potencias. El reglamento de esta organización permite que cualquier país puede solicitar su ingreso aunque no sea miembro de la ONU. Es lo que hizo el Gobierno de Pristina el pasado agosto. En una carta de su ministro de Exteriores, Hashim Thaçi, señalaba “el deseo del pueblo de Kosovo de establecer y mantener una cooperación más estrecha con otros países en los campos de la educación, la ciencia y la cultura” mediante su incorporación a la UNESCO.

Fue esa petición la que desencadenó maniobras diplomáticas en todo el mundo que estos días están culminando en París coincidiendo con la Conferencia General que celebra el organismo cada dos años. El pasado 22 de octubre, el Consejo Ejecutivo de la Unesco, integrado por 58 países –España entre ellos- ya dio su visto bueno a la solicitud por 27 votos a favor, 14 en contra, 14 abstenciones y tres ausentes.

Ahora, la segunda y definitiva votación está prevista para el próximo lunes y en ella participarán los 195 países de la organización. La petición necesita el apoyo de dos tercios de los presentes. El primer avalista de Kosovo es Albania, pero también es “copatrocinado” por Estados Unidos y una docena de países de la Unión Europea, como Alemania, Francia, Reino Unido, Irlanda, Holanda o Suecia. Son Estados que ya han reconocido a Kosovo, un paso que España rechaza dar.

Lo que ocurre ahora con Kosovo en la UNESCO tiene como precedente similar lo que pasó con Palestina en 2011

En estos días, ministros de todos los países pasan por París para recabar votos a favor o en contra de la petición. El miércoles lo hizo en nombre de España el titular de Educación, Íñigo Méndez de Vigo. En su discurso ante la asamblea, señaló que España es partidaria de admitir nuevos socios “siempre que exista unanimidad en la Comunidad Internacional sobre el reconocimiento de su estatalidad, que el ingreso no genere divisiones en el seno de la organización, que no dé lugar a debates ajenos a sus objetivos y que no vulnere la legalidad internacional”.

Esas condiciones, evidentemente, no se dan en este caso. Aleksandar Vucic, primer ministro de Serbia –país del que se separó Kosovo en 1999 tras una sangrienta guerra con participación de la OTAN-, ha enviado una carta a todos los miembros de la UNESCO en la que asegura que Kosovo ha dañado o destruido decenas de templos de la Iglesia ortodoxa serbia desde que se declaró independiente.

Estados Unidos y Rusia han movilizado a sus primeros espadas. El secretario de Estado norteamericano, John Kerry, ha visitado recientemente la UNESCO para dar a conocer su posición. Y Rusia enviará este viernes a su ministro de Exteriores, Sergei Lavrov. Moscú ha transmitido que, si se acepta a Kosovo, podría plantear lo mismo con Crimea, la península de Ucrania anexionada por los rusos.

La pugna en torno a Kosovo tiene como precedente muy similar lo ocurrido con Palestina en 2011. La UNESCO la admitió como Estado miembro pese a no estar en la ONU. A raíz de ello, Estados Unidos e Israel dejaron de aportar fondos al organismo. En el caso de Madrid, se da la circunstancia histórica de que la España de la dictadura franquista fue admitida en la UNESCO en 1952, pero no ingresó en la ONU hasta tres años después.

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