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Banksy recala en la Jungla de Calais

El artista transforma su parque de atracciones en refugios de madera para los migrantes que malviven en la ciudad francesa

El fotomontaje con el que Banksy anunció su proyecto.
El fotomontaje con el que Banksy anunció su proyecto. EL PAÍS

Al fondo del paisaje, los camiones avanzan por la carretera en dirección al túnel submarino que cruza la Mancha. Sobre el puente pegado a la llamada Jungla de Calais, ese campo de refugiados donde cerca de 6.000 sirios, afganos, iraquíes, sudaneses y eritreos malviven desde hace meses, uno observa a un grupo de jóvenes que divisan el horizonte con indudable anhelo. Uno de ellos viste una sudadera roja con una sorprendente inscripción: Dismaland, el nombre del parque de atracciones que Banksy, el más misterioso y cotizado astro del street art, abrió el verano pasado en la costa británica.

Por los enfangados caminos que cruzan ese inmenso descampado, la prenda se cuenta por decenas, aunque quienes la lucen no tengan muy claro a qué responde ese nombre. “¿Es una empresa?”, preguntan dos jóvenes afganos que la llevan puesta. La explicación es sencilla: cuando Dismaland cerró sus puertas a finales de septiembre, Banksy decidió donar el material que sirvió para construirlo al campo de Calais, donde la madera que utilizó entonces ha servido para erigir cinco modestas cabañas para ocho familias distintas, casi todas ocupadas por mujeres sirias con niños pequeños. Fueron levantadas a mediados de octubre y coronadas por un letrero que jugaba con el nombre del parque: Dismal Aid (“terrible ayuda”).

El cartel no duró mucho en su lugar. “La segunda noche, un grupo se lo llevó para encender una hoguera”, relata un joven senegalés que construye una estructura de madera que albergará la escuela cuando llegue ese frío que estos días ya llama a la puerta. En otra de las cabañas, Ako instala una puerta a golpe de martillo, mientras intenta conseguir dos sacos de dormir para él y para su hija. “Bienvenido a nuestro pequeño pueblo”, espeta al visitante este refugiado iraquí con indudable hospitalidad, pero también cierta sorna. Alrededor, decenas de jóvenes sentados en corrillos dejan pasar otro día, esperando a que llegue la hora de marcharse de aquí.

Esa madera no tenía que terminar en Calais. Banksy quiso cederla a otro campo similar que existe en Dunquerque, a 40 kilómetros al este de Calais, donde permanecen un millar de refugiados. “Prefirió llevarlo allí porque tienen todavía menos recursos que en la Jungla”, explica Imogen McIntosh, exenfermera de 39 años y fundadora de Aid Box Convoy, una organización impulsada por ciudadanos de Bristol que reunió fondos para obtener y trasladar cinco toneladas de madera a distintos puntos del norte francés. Al enterarse de la iniciativa, el equipo de Banksy, a quien McIntosh está vinculada “a través de amigos de amigos”, se puso en contacto con ella para donar el material procedente de Dismaland.

En ese convoy, que acaba de regresar al Reino Unido, participaron 27 voluntarios. Sin embargo, al llegar a Dunquerque, el alcalde y la policía les negaron el permiso para construir las cabañas. “No quieren que la situación sea más cómoda para los refugiados. Tras reunirnos con ellos, nos dijeron que nunca obtendríamos el permiso”, recuerda McIntosh.

Ante su negativa, la asociación terminó levantando los refugios en Calais. Las autoridades no se lo impidieron, pero la iniciativa tampoco les gustó. “Encuentro escandaloso y vergonzoso que este artista aproveche la miseria de los migrantes y saque provecho de un campo para hacerse publicidad. Condeno a este artista. Lo encuentro innoble”, ha declarado la alcaldesa conservadora de Calais, Natacha Bouchart. Tampoco las asociaciones que gestionan el día a día en el campo han apreciado el gesto. “El campo no puede convertirse en un vertedero”, expresó la asociación L’Auberge des Migrants, creada en 2008 para dar comida a los miles de migrantes que han pasado desde entonces por Calais, al diario regional La Voix du Nord.

Por muchas advertencias que les dirijan, Aid Box Convoy afirma que regresarán en breve a la costa francesa para seguir cooperando sobre el terreno. McIntosh dice que nunca dudó en aceptar la colaboración de Banksy. “Toda ayuda es bienvenida”, afirma McIntosh. Aunque también advierte de que la fama del artista nunca debería eclipsar a los auténticos protagonistas de esta historia. “Bajo los focos tienen que seguir estando esos miles de refugiados que arriesgan sus vidas escapando de la guerra, y a quienes insistimos en seguir ignorando”, concluye.