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Colombia contiene el aliento a la espera de una resolución en Venezuela

La frágil normalidad en Caracas tras la captura de Maduro por Estados Unidos mantiene en vilo al país

Colombia está en vilo. Tras los festejos y las vacaciones, el año inició temprano, y con una noticia a la vez sorprendente y esperada: en medio de la noche de viernes 2 a sábado 3 de enero, un operativo militar estadounidense capturó y sacó de Venezuela a Nicolás Maduro, el autoproclamado presidente del país vecino, para juzgarlo en Nueva York. En las horas que han pasado, el régimen chavista se ha sostenido en medio de la incertidumbre y de una frágil normalidad. En Bogotá, Medellín o la fronteriza Cúcuta, entre tanto, el tema obligado es el futuro del país con el que Colombia tiene más vínculos, entre los 2,8 millones de venezolanos que han migrado en la última década, los cientos de miles de colombianos que retornaron en el mismo período y las históricas relaciones culturales, políticas y económicas. Y el debate se estrella con una muralla de preguntas, dudas y expectativas por una situación, ella sí inesperada, en la que los aliados de Maduro mantienen el poder pese a que Donald Trump haya dicho en la mañana del sábado que tomaba el control de Venezuela.

Con buena parte de los colombianos visitando a sus familiares o gozando de balnearios, como es usual en el país entre Navidad y Reyes, pese a lo impactante de la intervención estadounidense, las noticias fluyen en cámara lenta. El presidente Gustavo Petro, quien restableció las relaciones diplomáticas con Venezuela al asumir el poder en agosto de 2022, ha cuestionado el ataque desde la madrugada del sábado, ha convocado a un Puesto de Mando Unificado (PMU) de emergencia en la frontera -al que no acudió-, ha usado como tantas veces su cuenta de X. Pero hasta el momento no ha decretado una emergencia o calamidad, no ha llamado a consultas a su embajador en Washington como ha hecho varias veces en el año de cohabitación con Trump, no ha suspendido el tránsito por la frontera. La principal conclusión de la reunión de emergencia del sábado fue reiterar la presencia de 30.000 militares a la zona, una decisión que Petro tomó meses atrás ante una crisis humanitaria por ataques de la guerrilla binacional del ELN contra reductos de las disidencias de las extintas FARC.

Si el Ejecutivo permanece así a la expectativa de lo que ocurra en Venezuela, lo mismo ocurre con otros actores. Todos los candidatos para las elecciones presidenciales del próximo mes de mayo se han manifestado, en pronunciamientos que han refrendado sus posturas políticas previas sobre el régimen que encabezaba Maduro y sobre el Gobierno de Donald Trump. Los gremios empresariales, los analistas y opinadores, los expresidentes. Todos han participado con visiones, pero todos han mantenido también cierto grado de expectativa frente a lo que venga ahora, especialmente después de que la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, reaccionara en la tarde del sábado con un video en el que, acompañada de toda la cúpula del chavismo, señaló que Maduro es el “único presidente” y dio un parte de estabilidad.

La pregunta central en Colombia, como en Venezuela, España o cualquier otro lugar, es qué viene. El anuncio de Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, de tratar a Rodríguez como gobernante de Venezuela, en lugar de aupar a la lideresa opositora María Corina Machado, o a su pupilo y candidato opositor en las elecciones de 2024, Edmundo González Urrutia, ha llenado de tanto desconcierto las calles colombianas como las venezolanas. La transición tan soñada no es cuestión de horas, es de días, semanas o meses, si es que viene.

Para el país que ha sufrido de forma más directa los efectos de tres décadas de régimen chavista, ese interrogante es especialmente relevante. Durante el Gobierno de Iván Duque, el antecesor conservador de Petro, el país apostó a un cambio de régimen que permitiera el regreso de muchos migrantes, el combate conjunto a los grupos armados colombianos que se han ido tornando cada vez más en binacionales, el surgimiento de una dinamo económica que impulsara a Colombia. Con una estrategia de presión denominada “cerco diplomático”, el uribismo rompió relaciones diplomáticas con Caracas y apostó por un bloqueo que no logró derrocar a Maduro. Ya con Petro, el mismo deseo elusivo de convertir al país vecino en una ventaja y no en un lastre era una de las metas de la decisión de regularizar las relaciones entre los dos Estados. Tampoco hubo mayores cambios, pese a hitos como la reapertura de los puentes en la frontera entre Cúcuta y el estado Táchira, o la reactivación de las frecuencias aéreas.

A esa promesa incumplida de empuje económico se suma el cambio que la caída del chavismo supondría para la difícil situación de seguridad colombiana. El ELN ha encontrado una retaguardia en Venezuela, hasta el punto de que su feroz arremetida de enero de 2025, que produjo el mayor evento de desplazamiento forzado en la historia de un país lleno de desplazamientos forzados, fue posible porque movió unidades de Arauca, al sur de los Andes, al Catatumbo, en plena cordillera, por territorio venezolano, para así atacar por sorpresa a grupos disidentes de las extintas FARC. Otra de esas disidencias, la creada por comandantes que firmaron la paz y luego retomaron las armas y que lidera Iván Márquez, también se ha beneficiado del régimen venezolano. Y las iniciativas de negociación, que con Petro han sido múltiples y simultáneas bajo la política de paz total, han pasado siempre por Caracas. Quien gobierne Venezuela, y cómo lo haga, puede influenciar de forma muy significativa tanto la guerra como la paz.

El año que en la práctica inicia en Colombia entre hoy lunes y el martes 13, tras el puente festivo de Reyes, venía marcado por la incertidumbre económica, por las dudas y esperanzas que naturalmente traen las elecciones, por las preguntas sobre el recrudecimiento de los combates, bombardeos y atentados que marcaron 2025. Venezuela se les suma ahora, como otra pregunta abierta.

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Sobre la firma

Juan Esteban Lewin
Es jefe de Redacción de la edición América Colombia, en Bogotá.
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