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El debate electoral clave en Argentina, con la silla vacía de Scioli

El candidato es primero en las encuestas y mantiene una estrategia conservadora

El candidato presidencial Daniel Scioli, el 9 de septiembre.
El candidato presidencial Daniel Scioli, el 9 de septiembre. AP

Pocos argentinos mayores de 45 años han olvidado una imagen: la de 1989, cuando Carlos Menem se negó en el último momento a acudir al debate presidencial que se había organizado con el candidato radical Eduardo Angeloz. La pantalla quedó partida por la mitad: en un lado estaba Angeloz, en el otro una silla vacía con el cartel de Menem. Fue durísimo, pero Menem ganó esas elecciones de forma clara y gobernó Argentina durante 10 años. 26 años después, precisamente un hombre fichado para la política por Menem, Daniel Scioli, está a punto de repetir esa imagen.

El gobernador de Buenos Aires y candidato oficialista para suceder a Cristina Fernández de Kirchner probablemente dejará el próximo domingo su silla vacía.

La ONG Argentina Debate organiza el encuentro. La institución fue creada para promover algo que los argentinos no han tenido jamás: un cruce presidencial con todos los candidatos importantes. El domingo estará Mauricio Macri, líder de la oposición, Sergio Massa, tercero en discordia, cada vez con más fuerza según las encuestas, y otros tres candidatos con menos posibilidades, la progresista Margarita Stolbizer, el izquierdista Nicolás Del Caño y el peronista Adolfo Rodríguez Saa.

Como Menem en 1989, Scioli va por delante en las encuestas y confía incluso en ganar en primera vuelta sin tener que debatir

La imagen es muy dura para Scioli, pero no parece importarle. “Hablan mucho de debates, nosotros debatimos todos los días en reuniones con todos los sectores”, aseguró el pasado jueves en una multitudinaria cena de recaudación de fondos a la que acudieron 3.000 personas y casi todo el poder peronista. Como Menem en 1989, Scioli va por delante en las encuestas y confía incluso en ganar en primera vuelta sin tener que debatir. Es demasiado riesgo, piensan sus asesores. No se gana nada y se puede perder mucho porque Scioli trata de mojarse lo mínimo posible para no molestar a ninguno de los sectores que tienen que apoyarle el 25 de octubre, tanto los kirchneristas como los votantes más moderados.

Scioli y su equipo, en especial personas como su ministra Cristina Álvarez Rodríguez, se concentran en otras formas de ganar votos, las tradicionales en el peronismo, del que ella es buena conocedora como sobrina-nieta de Eva Perón. Se trata de captar fichajes de los rivales. En Argentina es frecuente que referentes de la oposición se pasen al Gobierno y viceversa con cambios constantes que suelen depender de repartos de poder. Scioli y Álvarez Rodríguez lograron el jueves que Mónica López, un referente importante del grupo de Sergio Massa, se pasara al oficialismo con otros 50 dirigentes. López es la esposa del líder del sindicato de petroleros, Alberto Roberti, líder de los diputados massistas y en abril fue muy polémica su aparición en la revista Caras, en la que exhibían su mansión de fin de semana y sus 240 pares de zapatos en un vestidor con pasillos con los nombres de Evita y Perón.

Sin causa judicial

Para Scioli llegan más buenas noticias. Un juez de Buenos Aires, la provincia que gobierna y sobre la que ejerce una gran influencia, ha decidido suspender la causa que se le había iniciado por posible enriquecimiento ilícito. Lo ha hecho a toda velocidad, sin siquiera pedir a los peritos un informe detallado sobre el patrimonio del gobernador y su crecimiento desde que está en la política.

Scioli acaba de declarar que posee bienes valorados en 1,5 millones de dólares aunque el nivel de vida de este excorredor de lanchas fueraborda, hijo de un rico empresario italiano, puede hacer pensar que su fortuna es bastante superior.

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