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Los ultras iraníes intentan sabotear el pacto nuclear en el Parlamento

Su objetivo es frenar el avance reformista en las elecciones del año que viene

Celebración del acuerdo el martes en Teherán.
Celebración del acuerdo el martes en Teherán. Getty

El acuerdo nuclear alcanzado el martes en Viena apenas ha suscitado reacciones en contra entre los dirigentes iraníes. En un país conocido por su vehemente clase política, el silencio de los más conservadores resulta significativo. Confían en frenarlo en el Parlamento, donde son mayoritarios. Su presidente, Ali Lariyaní, se ha apresurado a anunciar que los diputados revisarán el texto con “un enfoque constructivo”. A fin de cuentas, la última palabra no la tienen ellos, sino el líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei.

Londres espera reabrir este año su embajada

EFE, Londres

El ministro británico de Asuntos Exteriores, Philip Hammond, afirmó este martes que confía en poder reabrir la embajada del Reino Unido en Teherán antes de finales de año, una vez alcanzado el histórico acuerdo nuclear.

En una comparecencia en la Cámara de los Comunes, el ministro explicó que todavía existen “obstáculos técnicos” para reabrir la legación diplomática, cerrada en 2011 tras una protesta contra las sanciones, pero aseguró que trabajará con su homólogo iraní para que los dos países puedan reabrir sus embajadas.

Hammond subrayó que el acuerdo tiene “el potencial de construir una relación diferente entre Irán y Occidente y cambiar de manera positiva la dinámica en la región y más allá de ella”.

El Reino Unido, apuntó también el ministro, continuará criticando las violaciones de los derechos humanos y trabajará con sus aliados en la región (como Israel y Arabia Saudí) para evitar “la injerencia” iraní en sus asuntos.

“El señor Shariatmadari no va a hacer comentarios hasta después del Eid”, responde su secretario en referencia a la fiesta de fin de Ramadán que en Irán se celebrará los próximos días 17 y 18. Hossein Shariatmadari es el ultraconservador director del diario Kayhan y una de las voces más críticas con las negociaciones. La víspera había aceptado dar su opinión a EL PAÍS cuando se anunciara el acuerdo. Es previsible que no esté muy contento con el resultado. Hasta ese día había asegurado que no se lograría.

Ahora, desde la tribuna que le da la página editorial, afirma que el presidente estadounidense, Barack Obama, y el iraní, Hasan Rohaní, tienen interpretaciones distintas del texto. También da a entender que los negociadores han ido muy lejos, en especial en lo que se refiere al nivel de las inspecciones. Además, ve confuso el sistema para la retirada de las sanciones. Shariatmadari, a quien se atribuye una gran proximidad al líder, no va más allá.

En la recta final de la negociación, numerosos parlamentarios insistieron en que el acuerdo tiene que pasar por la Cámara antes de hacerse efectivo y que iban a pedir la comparecencia del ministro de Exteriores, Mohammad Javad Zarif para que explique sus términos. No está claro si se trata de un requerimiento legal, o un mero reflejo del procedimiento que EE UU tiene que llevar a cabo ante el Congreso.

Lariyaní confirmó el miércoles que van a convocar Zarif. Diputados citados por los medios locales han dicho que van a examinar el texto del acuerdo y sus anexos tanto desde el punto de vista legal como técnico. No obstante, el sagaz presidente del Parlamento, que fue responsable de la negociación nuclear de 2005 a 2007, precisó que lo harían “con un enfoque positivo y constructivo”. Tampoco se olvidó de alabar al líder supremo y al presidente Rohaní por el éxito de las negociaciones. Él mejor que nadie sabe que el respaldo de Jamenei al pacto hace imposible la crítica.

El mismo día del acuerdo, el líder supremo invitó a la cena de ruptura del ayuno de Ramadán a Rohaní y los miembros de su Gobierno. Durante esa reunión, el ayatolá agradeció al equipo negociador sus “esfuerzos sinceros y diligentes”. A pesar del recelo que a lo largo de estos meses ha mostrado hacia el proceso, siempre ha expresado su apoyo a los negociadores, lo que les ha protegido de la ira de los ultras.

Un debate parlamentario tal vez arroje luz sobre el nivel de apoyo de las elites gobernantes al acuerdo. Para sortear el riesgo de llevar la contraria al líder, los más recalcitrantes buscan en el texto elementos que puedan violar las líneas rojas que este ha marcado. Pero el objetivo último de ese esfuerzo es encontrar argumentos para acusar a Rohaní de haber firmado un mal pacto, con la vista puesta en la lucha política ante las cruciales elecciones parlamentarias y a la Asamblea de Expertos del próximo febrero y las presidenciales de 2017. Los reformistas confían en capitalizar el éxito de la negociación nuclear para recuperar el espacio del que les expulsaron los conservadores a raíz de las protestas poselectorales de 2009.

Según Mohammad Reza Mohseni-Sani, miembro de la comisión de seguridad del Parlamento, los diputados van a estudiar las implicaciones del acuerdo respecto al acceso a la base militar de Parchin, punto en el que, según la agencia Fars, sospechan que se ha producido una “concesión”. Las inspecciones a las instalaciones militares han sido uno de los asuntos más espinosos. “No aceptaremos que la otra parte nos exija que cumplamos nuestros compromisos a cambio de promesas futuras”, ha advertido por su parte Hosein Naghavi-Hoseini, otro influyente legislador.