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Bruselas propone un crédito puente de 7.000 euros a Grecia para verano

La Comisión ofrece una opción para los problemas urgentes de financiación pero ligada a que Tsipras haga las reformas pactadas

Decimoséptimo día de corralito en Grecia. La economía se ha parado, los bancos están en las últimas y Atenas se ha quedado sin fondos: el dinero del tercer rescate tardará meses en llegar y, mientras, Grecia no puede pagar su deuda, y quizás ni siquiera las pensiones y los sueldos públicos. Ante ese panorama, la Comisión Europea propuso este miércoles un crédito puente de 7.000 millones; justo para pasar el verano. Y siempre que se cumplan a rajatabla las condiciones europeas.

El calendario griego sigue su curso, a pesar de los sobresaltos en Berlín —que sigue lanzando mensajes favorables a una salida de Grecia del euro— y de Atenas, con graves problemas en Syriza, el partido del primer ministro Alexis Tsipras. Tras el acuerdo del pasado lunes sobre el tercer rescate, la Comisión Europea presentó este miércoles una propuesta ingeniosa para salvar las necesidades financieras más urgentes en Atenas: un crédito puente de 7.000 millones de euros para tres meses. Y con cargo a los Veintiocho, a través de uno de los fondos creados al inicio de la crisis con avales de todos los países de la UE.

La idea, pese a todo, nace con dificultades. “No va a ser fácil. Soy consciente de la inquietud que genera en los países ajenos al euro. Estamos estudiando garantías adicionales para esos países”, explicó este miércoles el vicepresidente de la Comisión Europea para el euro, Valdis Dombrovskis. El Eurogrupo (la reunión de ministros de Finanzas del euro) deberá discutir mañana jueves sobre esa ayuda urgente a Grecia.

El plan de Bruselas consiste en darle lo justo a Tsipras: atarlo en corto para que apruebe las medidas de emergencia. Las instituciones europeas creen que las necesidades financieras de Grecia se elevan a 12.000 millones de euros hasta septiembre. La Comisión ofrece solo 7.000 millones, a la espera de que el Banco Central Europeo (BCE) ponga de su parte el viernes con la ampliación de las líneas de liquidez de emergencia.

Esa jugada no está exenta de riesgos. Bruselas quiere usar el Mecanismo Europeo de Estabilidad Financiera, uno de los instrumentos creados al inicio de la crisis, con una potencia de fuego de 60.000 millones, de los que quedan poco menos de 15.000. Se usó en su día para los rescates de Portugal e Irlanda. Tiene una enorme ventaja: ese dinero llegaría con rapidez, ante la posibilidad de que los fondos del tercer rescate no estén disponibles hasta el próximo otoño. Y ante la constatación de que los Estados miembros no están dispuestos a ayudar a Grecia con préstamos bilaterales: nadie se fía. El inconveniente es que varios países rechazan el uso de ese mecanismo, encabezados por Reino Unido. Londres no deja de dar consejos sobre cómo abordar la crisis griega. Hoy mismo se mostró favorable a una quita de deuda, tal como propone el FMI. Pero los británicos rehúsan poner dinero (también Suecia, República Checa y Dinamarca, según fuentes del Eurogrupo).

El uso de ese fondo se decide por mayoría cualificada, explican fuentes europeas, por lo que ahora no habría una minoría de bloqueo para congelar el desembolso de dinero. Pero la UE no quiere enviar la señal de que adopta decisiones tan cruciales con el rechazo de algunos miembros.

Más allá de esa línea de emergencia, Bruselas empaquetó este miércoles todos los fondos europeos correspondientes a Grecia hasta 2020 —y algunos pendientes— para pergeñar un plan de 35.000 millones que fomente el crecimiento en el país. “Solo las reformas pactadas no llevarán a Grecia por el camino del crecimiento y el empleo”, admitió la comisaria de Política Regional, Corina Cretu.

Londres insiste en que no pagará

P. GUIMÓN

“Reino Unido no está en el euro, así que la idea de que los contribuyentes británicos tengan que participar en el acuerdo con Grecia es un imposible. La eurozona debe pagar sus propias facturas”. Así de rotundo se mostró el martes, a su llegada a la reunión en Bruselas de los ministros europeos de Finanzas, el canciller del Exchequer, George Osborne, sobre la posibilidad de recurrir al Mecanismo Europeo de Estabilización Financiera (EFSM, en sus siglas en inglés).

Con el referéndum sobre la permanencia en la UE en el horizonte, Londres teme el efecto en su opinión pública que pueda tener el anuncio de que Reino Unido deba participar en la financiación a Grecia. Cameron exhibió como un triunfo negociador el compromiso logrado en 2011 de que el mecanismo, al que aportan también los Estados que no están en el euro, no volvería a ser utilizado para el rescate de países de la eurozona.

El Gobierno, según fuentes citadas por el Financial Times, está dispuesto a “ser constructivo” si se contempla un mencanismo de garantía para los préstamos de fuera de la zona euro.

Pero si no se alcanza dicho compromiso y la Comisión decide aún así activar el mecanismo, Cameron tendría difícil frenar una decisión que se toma por mayoría cualificada. De momento solo cuenta con dos aliados, Dinamarca y Suecia, ambos fuera del euro, que ya han expresado también sus reparos a recurrir al EFSM.

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