La “dolarización cultural” de Uruguay

La debilidad del peso no permite dejar atrás la tradición de comerciar con la moneda estadounidense

El Banco Central de Uruguay.
El Banco Central de Uruguay.

El dólar lleva seis meses consecutivos subiendo frente al peso uruguayo, la mayor progresión en 11 años, dando así la razón a la mayoría de quienes siguen confiando en el billete verde. Buena parte de la economía del país rioplatense sigue dependiendo de decisiones que se toman a 8.700 kilómetros, en la Reserva Federal estadounidense, hasta el punto de que los expertos aseguran que los uruguayos sienten adicción por el dólar.

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Cada fin de mes se organizan largas colas en las numerosas casas de cambio de Montevideo. Muchas de las personas que esperan van a cambiar parte de su sueldo —lo que pudieron guardar— a dólares. Así, se calcula que más del 70% de los depósitos bancarios de ahorro del país (incluyendo empresas) se hacen en la moneda estadounidense.

En Uruguay, los objetos de gran valor, las casas, los coches, los viajes o los electrodomésticos, se intercambian en dólares. La directora de un concesionario de lujo, Paula Villamartín, explica que la política de la empresa es aceptar sólo esa moneda. “No recuerdo ningún cliente que haya querido pagar en pesos. La mayoría pagan en dólares al contado. Tenemos un banco asociado que acepta financiar los vehículos en pesos pero jamás nadie preguntó por esa opción”.

Los artículos importados se venden en dólares por prestigio y por costumbre, ya que muchas veces llegan etiquetados en euros, reales o yenes. Para el economista Pablo Garrocha, del Instituto Cuesta Duarte, Uruguay sufre una “dolarización cultural”, producto de las crisis económicas del pasado que provocaron bruscas devaluaciones del peso y la consiguiente pérdida de los ahorros de miles de ciudadanos. “Es una situación perjudicial cuyo costo nadie ha podido cuantificar todavía. Pero implica una clara dependencia del exterior. Quizá lo más grave sea el endeudamiento en dólares que expone al país a graves oscilaciones”, asegura.

Los analistas financieros explican que el ahorro en dólares tiene rentabilidad negativa; pero no parecen convencer a los partidarios del billete verde. Fernando Velazco, ejecutivo comercial de una gran empresa informática de Uruguay, es uno de esos “creyentes en el dólar” que describen los economistas. “No se me pasaría por la cabeza ahorrar en pesos, todo lo que puedo reunir lo tengo en dólares, una moneda constante, de referencia. Aquí cada 20 años se viene una crisis y uno lo pierde todo”, afirma.

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En realidad, el billete verde sigue siendo una protección contra la inflación, un mal endémico para muchas economías latinoamericanas. Cada mes, a un ritmo del 7% u 8%, el avance de los precios se come el poder adquisitivo en pesos de los uruguayos. El economista Ignacio Munyo, de la Universidad de Montevideo, asegura sin embargo que la inflación se sitúa actualmente en un rango históricamente bajo: “Durante muchos años hubo una inflación del 100% y era normal que el ahorrista apostara por el dólar. Ese proceso es muy difícil de revertir aunque las cosas han cambiado. En el 2000, el 90% de la deuda pública estaba en dólares, ahora sólo el 50%. Lo mismo sucede con la privada”, asegura Munyo.

Para el economista, los uruguayos sólo volverán a confiar en el peso cuando la inflación no supere el 5% durante muchos años seguidos. “En Argentina decretaron la pesificación de la economía y de la deuda, con grave perjuicio para los ahorristas que perdieron parte de su dinero en la conversión. Pero al menos lograron superar la dolarización. En Uruguay se está siguiendo un proceso de mercado mucho más lento”, explica Ignacio Munyo.

Mientras ese proceso avanza, los uruguayos siguen teniendo una calculadora en la cabeza para organizar sus compras y comentan las cotizaciones del día como quien sigue el tiempo. Por fuerza, son expertos en política monetaria y capaces de rivalizar con cualquier especulador bursátil.

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