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Una red que traficaba con inmigrantes salpica a la Guardia costera griega

La fiscalía investiga a tres altos cargos del organismo

Inmigrantes desembarcan este domingo en Lampedusa.
Inmigrantes desembarcan este domingo en Lampedusa.

Dada la acuciante presión migratoria que sufre Grecia, y el volumen de negocio que generan las redes de tráfico de personas, a muchos no les ha resultado extraño el descubrimiento de una presunta trama corrupta en la cúpula de la Guardia Costera, así como entre altos funcionarios de la policía y del servicio de inteligencia nacional, vinculada al traslado de indocumentados, según ha revelado el diario conservador Kathimerini.

Una investigación del servicio de asuntos internos de la policía ha identificado a tres altos cargos de la Guardia Costera, supuestamente responsables de la liberación, por órdenes de los traficantes, de irregulares detenidos. El expediente está en manos de la fiscalía anticorrupción, mientras los responsables ministeriales implicados, el de Interior y el de Protección Ciudadana, han tomado inmediatas cartas en el asunto.

En una conversación telefónica entre dos sospechosos de pertenecer a la trama, grabada por la policía, se hace referencia a la conveniencia de forzar la salida del Ministerio de Protección Ciudadana de su titular, Yanis Panusis, por temor a que pueda obstruir las actividades de los traficantes, según el diario citado. En su primera decisión como ministro, el pasado febrero, Panusis ordenó el cierre progresivo de los centros de detención de inmigrantes, que funcionaban bajo condiciones carcelarias y habían sido muy criticados por organizaciones humanitarias y también por Syriza, el partido en el Gobierno.

El tráfico de inmigrantes económicos y refugiados es un negocio boyante que mueve cifras millonarias en Grecia. "Cálculos aproximados apuntan a un volumen mínimo anual de 2.200 millones de euros, considerando la fuerza de trabajo informal que son capaces de generar los 90.000 extranjeros que llegan cada año y, sobre todo, el pago a pasadores o coyotes del viaje hasta Grecia y, desde aquí, a otros países del continente a través de los Balcanes", sostiene el investigador Yanis Mijaletos. Cabe recordar que Grecia no suele ser el destino de los extranjeros, sino el eje central del denominado "corredor oriental", que enlaza Oriente Próximo y Asia con Europa.

Para muchos, sin embargo, la continuación del viaje resulta imposible, y actualmente viven en el país, atrapados como en una ratonera, un millón de indocumentados, de ahí el impacto económico que el experto subraya, "casi siempre en negro". Además de las llegadas por tierra desde Turquía, desde principios de año la afluencia de irregulares a las islas del Egeo se ha multiplicado por tres, hasta superar los 15.000 en mayo y ante la impotencia de la Guardia Costera -responsable de su detección y rescate- para frenar este flujo. Las islas de Lesbos, Quíos, Leros y Kos son las más afectadas; Siria y Afganistán, los principales países de origen.

En paralelo al aumento de la presión migratoria, las nuevas autoridades griegas han intensificado la persecución de los traficantes, tanto aficionado como miembros del crimen organizado. En el norte del país, a lo largo de las últimas semanas han sido detenidos varios taxistas y algunos particulares que con sus vehículos ofrecían el traslado desde la frontera greco-turca a los recién llegados. En febrero, un joven sirio de 21 años fue condenado a 145 años de cárcel como responsable del naufragio que en enero de 2014 costó la vida en la pequeña isla de Farmakónisi a 12 compatriotas suyos, refugiados de la guerra. La responsabilidad de la Guardia Costera en esa tragedia, obligando supuestamente al barco a volver a la costa turca en medio de un fuerte oleaje, no ha sido aclarada, como denuncian varias organizaciones humanitarias. Desde el naufragio de Farmakónisi se estima que un centenar de indocumentados han perdido la vida en aguas del Egeo.