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El turismo griego alerta del daño por una subida del IVA

La posible subida fiscal del 120% puede arruinar uno de los motores económicos

Una turista consulta su guía de viaje sentada junto al Partenón, en la Acrópolis de Atenas.
Una turista consulta su guía de viaje sentada junto al Partenón, en la Acrópolis de Atenas. AFP

El posible incremento en un 120% del IVA turístico (el que se aplica a los hoteles), a instancias de los acreedores para cerrar el acuerdo con el Gobierno de Atenas, puede suponer la ruina para el único sector que tira de la economía del país, y que está constituido mayoritariamente por pymes (pequeñas y medianas empresas). Ni siquiera la promesa del ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, de aguardar hasta otoño para aplicar la nueva fiscalidad tranquiliza a los empresarios del ramo, que ven cernerse la catástrofe tras un año venturoso, con récords de entradas y pernoctaciones. En 2014 el impacto directo del sector fue de 17.000 millones, el 9% del PIB griego. Para 2016 se pronostican 200.000 puestos de trabajo menos.

La incertidumbre en que Grecia vive instalada desde hace meses no se ha hecho notar hasta ahora en el sector turístico, que el año pasado registró cifras récord (más de 22 millones de entradas) y, este trimestre, un 12,8% más de ingresos que en el mismo periodo de 2014. Sin embargo, las condiciones que con toda probabilidad impondrán los socios a Atenas para cerrar el acuerdo –como el aumento del IVA o la armonización de la tasa en las islas, que gozan de un tipo reducido- preocupan sobremanera a la patronal del sector.

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Si, como propuso el ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, la semana pasada, el IVA que se aplica actualmente a los hoteles pasa del 6,5% al 18% (el 15%, para los pagos con tarjeta), se perderán 200.000 puestos de trabajo en 2016, ha advertido esta semana el presidente de la patronal, Andreas Andreadis. Y al dispararse los precios, los turistas, muchos de los cuales recalaron el año pasado en Grecia por la inestabilidad política en otros países de la región –Egipto, por ejemplo-, huirán en masa hacia otros destinos, como Turquía o Croacia, según las previsiones de la patronal. A estos nubarrones hay que añadir la brusca reducción de turistas rusos por culpa de las sanciones impuestas al Kremlin.

“Una catástrofe sin paliativos. Las grandes compañías pueden ofrecer precios más competitivos porque manejan mayor volumen de negocio, pero los pequeños estamos condenados a la ruina”, pronostica Yorgos Pandelópulos, dueño de una veterana agencia de viajes que por su ubicación, en el corazón turístico de Atenas, aún capea el temporal. Pero no sabe por cuánto tiempo: “He tenido que despedir a dos empleados, ahora somos sólo tres, y si sube el IVA tendré que cerrar. El turismo es la única fuente de ingresos constante y real del país, pero una subida de impuestos a la fuerza encarecerá el producto”. El turismo representó en 2014 el 9% del PIB griego, con 17.000 millones de ingresos.

Refugiados en las playas

Con dudoso gusto, algunos tabloides británicos han empezado a alertar de las “incomodidades” que para los turistas de esa nacionalidad representa la llegada masiva de refugiados sirios a las islas del Egeo —a tiro de piedra de la costa turca—, una afluencia que se ha multiplicado por tres en el primer trimestre hasta alcanzar los 11.000.

Cada día, la Guardia Costera griega informa del rescate de centenares de ellos frente a las costas de Mitilene, Samos, Leros, Quíos o Kos. La imagen que proyectan algunos de estos medios —decenas de refugiados hacinados en soportales, o "invadiendo" las atracciones turísticas— puede hacer mucho daño a la principal fuente de ingresos de estas islas, a las que llegan a tildar de “covachas” o “agujeros inmundos” por la presencia de sirios y afganos.

El Gobierno griego, que siempre ha reiterado la incapacidad geográfica y material del país para afrontar en solitario este desafío, ha trasladado en barco a muchos de ellos hasta el continente; algunos han sido acogidos en centros municipales, otros están en modestos hoteles de Atenas.

Aunque la patronal insiste a la vez en la necesidad imperiosa de cerrar un acuerdo con los acreedores para zanjar dudas y evitar quebrantos mayores –una posible insolvencia, y por ende la salida del euro-, con la calculadora en la mano las cuentas no le salen: en el nuevo marco fiscal también subiría el IVA que se aplica a la restauración (13%), rebajado hace dos años desde el 23% para fomentar el consumo, y se armonizaría el de las islas, que gozan de un tipo reducido para mejorar la competitividad de sus empresas y para compensar el coste del transporte de las mercancías; aunque afectaría más directamente a los isleños, repercutiría también en el precio de los productos turísticos. “Hemos dado argumentos de peso para defender la necesidad de políticas [fiscales] distintas para las islas, pero nos encontramos ante un tratamiento insensible” por los acreedores, dijo ayer Varoufakis en el Parlamento. “La presión es implacable”.

Evon Plakidas, dueño de un pequeño hotel familiar en la isla de Ikaría (noreste del Egeo), se muestra confiado ante el futuro -“tengo buenas perspectivas, ya está lleno en julio y agosto, y bastantes reservas en septiembre”, dice por teléfono-, pero es consciente de que un aumento del IVA supondrá pérdida de competitividad y, sobre todo, bastantes menos ingresos. “Nos hemos mantenido bien desde 2007 a costa de no subir los precios, o incluso bajándolos un poco, pero con una subida del IVA pasaremos a trabajar directamente para el Estado, sin que nos quede margen de beneficio. Si hasta ahora trabajábamos para pagar los créditos bancarios, ahora lo haremos también directamente para el Estado”. La deflación continuada –26 meses acumulados en abril- o la pérdida de valor añadido frente al creciente mercado virtual, un competidor difícil de batir por las pymes, son elementos que también juegan en contra.

Aunque aún no ha arrancado la temporada alta, los hoteles de Atenas registran ya una alta ocupación, aunque este año, por efecto de las sanciones internacionales contra Rusia, se han quedado sin muchos de sus clientes más rumbosos. Sólo en el primer trimestre de este año la llegada de turistas de esa nacionalidad ha descendido un 67%. Yevguenia Sochkina, dueña de una agencia de viajes, preparaba ayer la mudanza en su pequeño despacho del centro de Atenas convencida de que, aunque se firme el acuerdo y se evite in extremis la insolvencia de Grecia, nada volverá a ser lo mismo en el mundo, ni en el turismo. “Es absurdo seguir abierta, con gastos fijos y sin ingresos; desde que se adoptaron las primeras medidas contra Moscú, mis compatriotas han ido dejando de venir”. Los numerosos carteles en ruso que salpican el centro de Atenas son recordatorio de tiempos mejores, también para el turismo.

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