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ESTADOS UNIDOS

Cuando el sabotaje llega a la política exterior

Los republicanos intentan limitar el margen de acción de Obama en las negociaciones con Irán y Cuba

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama.
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama. AFP

El Partido Republicano, dedicado durante los últimos años al bloqueo sistemático de las iniciativas del presidente Barack Obama, redirige sus esfuerzos hacia la política exterior.

El recién estrenado control del Congreso permite a los republicanos torpedear la diplomacia del demócrata Obama. La política del no, que se aplicaba a proyectos como la reforma sanitaria, el presupuesto o la inmigración, persigue objetivos que van desde el deshielo con Cuba al acuerdo nuclear con Irán.

El intento de sabotaje de la política exterior de Obama es una de las novedades de la última fase de esta presidencia. Es consecuencia de la victoria del Partido Republicano en las elecciones legislativas de noviembre, que dieron a la oposición el control del Senado y de la Cámara de Representantes. De las dos cámaras, el Senado es la que más influencia tiene en la política exterior.

El cambio es una respuesta lógica a otra realidad: el presidente ha situado la política internacional en el centro de sus dos últimos años de mandato. Y no con iniciativas modestas. La reconciliación con La Habana y Teherán representa un giro brusco tras décadas de Guerra Fría con ambos países.

El último episodio es una carta, firmada por 47 de los 54 senadores republicanos, dirigida a los dirigentes de la República Islámica de Irán. La carta expone a los ayatolás, en un tono pedagógico, las sutilezas del sistema de división de poderes en EE UU. Les explica que el Senado posee el derecho de vetar los tratados internacionales que suscriba el presidente. Y les recuerda que, cuando Obama abandone el poder en 2017, su sucesor podrá revocar cualquier acuerdo sobre el programa nuclear iraní.

Delicados contactos con el extranjero

La indignación de los demócratas con la carta de los senadores republicanos a Teherán guarda similitudes con la algunos conservadores cuando, en 2007, durante la presidencia de George W. Bush, la entonces presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, viajó a Siria para entrevistarse con Bachar El Asad. En The Wall Street Journal un columnista evocó entonces la llamada Ley Logan. Esta ley establece una multa o hasta tres años en prisión para cualquier estadounidense que establezca “correspondencia o contacto” con un gobierno extranjero para influirle en relación a una disputa con EE UU o para “derrotar las medidas” de EE UU.

Para los republicanos, avisar por carta a los iraníes es legítimo. Su objetivo declarado —esta semana con la carta o, la anterior, con la invitación del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, a hablar ante el Congreso— es provocar el fracaso del acuerdo.

“El mayor daño que hacen los republicanos es a sí mismos y a su marca de seguridad nacional”, dice en un correo Brian Katulis, investigador en el Center for American Progress, laboratorio de ideas de la órbita demócrata. El Partido Republicano se asocia históricamente a la defensa firme de los intereses de EE UU en el mundo y esta tradición estaría quedando dañada. “De manera más amplia”, continúa Katulis, “creo que, en los últimos años, ha habido un flujo continuo de errores no forzados en la política exterior del Partido Republicano que han enviado un mensaje ambiguo sobre el liderazgo de EE UU en el mundo: reticencia a firmar tratados, a apoyar iniciativas diplomáticas y mantener financiado el Gobierno [de EE UU]”.

EE UU, por la división de poderes, proyecta a veces la imagen de un país poco fiable: incapaz de aprobar sus presupuestos a tiempo o de mantener una posición cohesionada en negociaciones clave.

“En 36 años en el Senado de Estados Unidos”, dijo el vicepresidente, y exsenador, Joe Biden, “no recuerdo otro momento en que los senadores hayan escrito directamente para aconsejar a otro país, y menos a un adversario extranjero de largo tiempo, diciéndoles que el presidente carece de la autoridad constitucional para alcanzar un acuerdo con ellos”.

La capacidad del Congreso para frenar el acuerdo con Irán es limitada. Al no tratarse de un acuerdo internacional, no requiere el voto del Senado. Y el presidente puede levantar parte de las sanciones unilateralmente, sin los legisladores.

Con Cuba, Obama puede reiniciar las relaciones diplomáticas y levantar parte de las sanciones que pesan sobre el régimen cubano, pero necesita al Congreso para poner fin al embargo comercial.
Ni con Cuba ni con Irán los republicanos disponen de la capacidad de bloquear todas las acciones del presidente, pero sí de ralentizarlas o impedir una resolución definitiva.

Además de Cuba e Irán, el tercer pilar de la política internacional de Obama en su último mandato son los acuerdos comerciales con la Unión Europea y los países del Asia-Pacífico. Aquí el obstáculo no está a la derecha. La amenaza de veto proviene del Partido Demócrata y de los sindicatos, que temen que las deslocalizaciones y las rebajas salariales como consecuencia de los tratados.

El resultado es parecido: un presidente atado de manos, con un margen de maniobra reducido, dentro y fuera de su país.

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