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La violencia acecha a los empleados petroleros del sureste de México

Trabajadores de Pemex sufren asaltos y secuestros. El Gobierno anuncia un plan para mitigar el crimen organizado en la región

La refinería Lázaro Cárdenas en Minatitlán, Veracruz.
La refinería Lázaro Cárdenas en Minatitlán, Veracruz. EFE

Karime Cruz tenía cinco años, era de Coatzacoalcos, le gustaba hacer sus deberes y le aterrorizaban las lagartijas gigantes. La imagen que sus padres, Alejandro y Nora, ingenieros químicos de Petróleos Mexicanos (Pemex) utilizaron para difundir su imagen para su búsqueda (que duró unos agónicos cincuenta días) muestra a una niña que luce orgullosa su uniforme y una contagiosa sonrisa. La hallaron muerta, a golpes, junto con su tía, Mónica Reyes, de 44 años, el pasado 27 de agosto. Su caso no es aislado. Los asaltos y secuestros contra trabajadores de Pemex en la región son tan comunes que algunos han decidido entrar a sus puestos de trabajo como civiles para vestirse, ya dentro del plantel, de los uniformes ocre que utilizan los empleados de las plantas de la paraestatal en la región. A unos días de cometido el crimen se ha anunciado el operativo Blindaje Minatitlán, que aumenta a 380 el número de miltares mexicanos que patrullarán los cinco municipios de la cuenca petrolera de la región, entre los que está Cosoleacaque, Acayucan, Nanchital, Agua Dulce y Coatzacoalcos, a solo 25 kilómetros de Minatitlán.

Karime Cruz.
Karime Cruz.

El nombre de la operación, Minatitlán, viene de la ciudad de 150.000 habitantes donde se encuentra una de las mayores refinerías de Pemex, la Lázaro Cárdenas, que justo el lunes anunció que adjudicaría un contrato de 550 millones de dólares a la multinacional española Técnicas Reunidas. Los cinco municipios que afecta, Cosoleacaque, Acayucan, Nanchital, Agua Dulce y Coatzacoalcos, son fundamentales para la explotación del petróleo. Y sus habitantes, en los últimos años, han sufrido la violencia de los grupos de crimen organizado que han operado con absoluta impunidad en esta región del país. El que los grupos delincuenciales se ceben con trabajadores petroleros es una "novedad". Una investigación del reportero Ignacio Carvajal publicada en la agencia Blog Expediente calcula que se han cometido al menos 12 crímenes de este tipo en lo que va de 2014.

Pocos estados simbolizan la abundancia petrolera de México como Veracruz. Su litoral de 745 kilómetros y su territorio (de 71.000 kilómetros, equivalente a Panamá) guarda en su subsuelo el petróleo que se convirtió en uno de los principales ejes de discusión de la Reforma Energética impulsada por el presidente Enrique Peña Nieto (del Partido Revolucionario Institucional, PRI). Las cifras oficiales del estado de Veracruz, que encabeza el también priista Javier Duarte, indican que hay un 31% más de reducción al promedio mensual durante el primer bimestre del 2014 y en 2013, pero el laberinto de cifras es difícil de dilucidar. Más del 90% de los crímenes cometidos en México no se denuncian.

Pero la importancia de Veracruz para México no viene solo de su riqueza petrolera. El estado guarda un profundo trasfondo histórico en el país. Antonio López de Santa Anna, el general convertido en presidente que perdió la batalla en la invasión estadounidense del siglo XIX (y con ello la mitad del territorio mexicano), nació en Xalapa. El primer presidente de México reconocido como ciudadano mexicano (todos sus predecesores habían nacido todavía como súbditos de la Corona de España), Sebastián Lerdo de Tejada, era veracruzano. Es también un estado de profundo ADN priista. Desde el establecimiento del PRI como partido hegemónico del país en 1929, dos importantes presidentes de México (Miguel Alemán Valdés y Adolfo Ruiz Cortines) eran veracruzanos. En los años duros del PRI, la influencia de la política veracruzana en los corrillos del poder en la Ciudad de México era innegable. Desde la fundación del partido, hace ya 85 años, Veracruz no ha tenido ningún gobernador que no sea priista.

El presidente Enrique Peña Nieto inauguró esta semana la carretera a Tuxpan, la vía rápida más corta que une a la capital del país con el golfo de México: un recorrido que antes era de más seis horas ahora solo es de 2 horas y 42 minutos, según detalló el secretario de Comunicaciones y Transportes Gerardo Ruiz Esparza el día de la inauguración. La obra llevaba 20 años en construcción y, según datos oficiales, costó un total de 62.062 millones de dólares. Las crónicas de Bernal Díaz del Castillo apuntan que era ahí, en las cercanías de las costas de Tuxpan, donde comenzaba el relevo de las decenas de corredores que, en distancias que no rebasaban los 25 kilómetros, llevaban todos los días al rey azteca, al Tlatoani, pescado fresco desde Veracruz.

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Los preparativos y eventos que rodean al estado culminan este 8 y 9 de diciembre, cuando el puerto de Veracruz sea anfitrión de la 24 Cumbre Iberoamericana, que se espera convoque a 22 jefes de Estado, entre ellos al rey Felipe VI de España.

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