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Peña Nieto da un golpe de efecto al anunciar un nuevo aeropuerto para el DF

El presidente de México pretende sacar del letargo a la economía del país con una fuerte inversión en obras públicas

Maqueta del diseño del futuro aeropuerto de México DF.

El presidente de México, Enrique Peña Nieto, dio comienzo este lunes a la segunda etapa de su mandato con una decidida apuesta por la inversión en obras públicas como motor de la reactivación económica. Terminado el periodo de reformas legislativas, Peña Nieto aprovechó la presentación del segundo informe presidencial, una detallada rendición de cuentas anual, para marcar el nuevo rumbo de su gobierno y dar un sonoro golpe de efecto con el anuncio de la construcción de un nuevo aeropuerto para la capital con seis pistas. La gigantesca obra, cuyo presupuesto rondará los 9.000 millones de dólares y cuadruplicará la capacidad del actual, es el mascarón de proa de un plan de infraestructuras que supondrá en los próximos cuatro años una inyección de 590.000 millones de dólares (63% procedentes de las arcas públicas), uno de los mayores programas de inversión de Latinoamérica. Gran parte de este capital se destinará a la mejora de comunicaciones y transportes, sobre todo, carreteras, trenes y puertos.

“Cuando el 1 de diciembre de 2012 tomé posesión, era urgente dar el gran paso, fue el momento de romper con mitos y limitaciones. Para ello alcanzamos el Pacto por México, un acuerdo nacional con las principales fuerzas políticas. La pluralidad permitió las reformas. El 11 de agosto con la promulgación de las últimas leyes se cerró un etapa. ¿Y ahora qué sigue? Ponerlas en marcha”, señaló Peña Nieto.

En su alocución, de hora y media, el presidente enumeró los éxitos obtenidos en estos 21 meses de gobierno y se detuvo especialmente en la lucha contra la criminalidad y el hambre, y en los logros en educación y la política exterior. También hizo una defensa cerrada de la reforma energética, con la que México, en palabras del mandatario, “se atrevió a cambiar su futuro”. Pero el momento cumbre lo dedicó al programa de infraestructuras. Un plan que, según reconocen miembros del Gobierno, tiene un objetivo claro: sacar del letargo a la economía mexicana, cuya previsión de crecimiento para 2014 ha sido rebajada en sucesivas podas hasta un insatisfactorio 2,7%, muy lejos del anhelado 5% que persigue el presidente. “La economía va en la dirección correcta, pero aún no hemos llegado a lo que necesitamos. El reto del crecimiento acelerado, sostenido y sustentable sólo lo podíamos hacer si realizábamos cambios de fondo. Y reformar implica tomar decisiones”, dijo Peña Nieto.

La previsión de crecimiento para 2014 ha sido rebajada en sucesivas podas hasta un insatisfactorio 2,7%, muy lejos del anhelado 5% que persigue el presidente

A diferencia de los réditos casi inmediatos que generará el potente aumento de la inversión en infraestructuras, el histórico paquete legislativo aprobado en agosto y cuya gestación ha absorbido los primeros 18 meses de presidencia, tardará años en surtir efecto y generar retornos tangibles. Otra ventaja del plan de choque es que, en un momento de erosión en las encuestas, permite recuperar la iniciativa en un terreno tan cercano al ciudadano como las infraestructuras y los transportes. Y pocas obras son tan simbólicas como la construcción de un nuevo aeropuerto para la capital, el “mayor proyecto de los últimos años y uno de los más importantes del mundo”, en palabras de Peña Nieto. La actual instalación, además, ha llegado a un punto avanzado de saturación. Su capacidad es de 32 millones de viajeros anuales y en 2013 ya alcanzó los 31,5 millones. Sufre constantes retrasos y su nueva terminal, inaugurada en 2007, tiene una vida prevista de 12 años.

Aunque las incógnitas no han sido despejadas del todo, el segundo aeropuerto estaría ubicado en Texcoco, en el Estado de México, a unos 10 kilómetros del actual, ubicado en el Distrito Federal. Allí, el Gobierno dispone de una reserva de suelo de 5.500 hectáreas, donde en anteriores etapas ya se trató de abrir pistas. Pero la oposición vecinal y los propios costes de una obra de tal magnitud llevaron a desechar la idea. Ahora, las tornas han cambiado. La apuesta pública de Peña Nieto y la solemnidad en su presentación hacen difícil una marcha atrás. El proyecto, de hecho, ya es fruta madura: el Gobierno tiene ya sobre su mesa siete proyectos aeroportuarios, entre ellos uno de Norman Foster y Fernando Romero, el yerno del magnate de las telecomunicaciones Carlos Slim. “La construcción de un nuevo aeropuerto es un acto de responsabilidad, no solo beneficia a la zona metropolitana, sino a todo el país, porque es la puerta de México al mundo”, enfatizó Peña Nieto.

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