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El cemento vuelve a explotar en Miami

Inversores extranjeros han contribuido al alza del precio de las viviendas desde 2011

Vistas desde el parque South Pointe de Miami.
Vistas desde el parque South Pointe de Miami.

El edificio tendrá la forma de una erre gigante que se elevará a 304 metros sobre la bahía de Miami y dentro llevará una muestra de todo cuanto representa la ciudad: un comedor de lujo, una casa del terror, un simulador de vuelo, un juego de cuerdas de bungee para saltar al vacío. Cuando el proyecto Skyrise concluya, en 2017, se espera que éste se convierta en símbolo de Miami y en torre de observación del nuevo paisaje que el actual boom inmobiliario comienza a configurar sobre la línea costera.

“Será un edificio como ningún otro”, prometió la empresa urbanizadora a los electores que aprobaron hace una semana —en el marco de una votación de tres enmiendas relacionadas con el uso de los terrenos públicos litorales—, con 68% de los votos a favor, la construcción del rascacielos, a cambio de que el condado reciba un pago por adelantado de 10 millones de dólares.

Todos quieren poner o comprar un poco de cemento en Miami y sus alrededores. Solo en el este de la ciudad se ha anunciado la construcción de 173 nuevos condominios de lujo con vistas a la bahía. A día de hoy, el 68% de los apartamentos que han sido puestos en el mercado ya están vendidos y el 90% de los compradores de estas nuevas viviendas son extranjeros.

“Miami sigue siendo una ciudad y destino líder a nivel mundial, y nuestro mercado de bienes raíces juega un papel fundamental en esta realidad”, sostiene Francisco Angulo, presidente de la Asociación de Agentes Inmobiliarios de Miami. La ciudad “sigue siendo un punto clave para inversores, compradores, turistas y empresas tanto extranjeras como estadounidenses, un factor que seguirá alimentando la demanda de viviendas y propiedades locales”, añade el empresario.

Florida concentra el 23% de las ventas de inmuebles a inversores extranjeros registradas en Estados Unidos durante el último año. La mayoría de los compradores son canadienses, que se disputan el terreno con empresarios rusos y brasileros ávidos de inversión, y con venezolanos y argentinos que buscan preservar sus ahorros de las políticas económicas vigentes en sus países de origen.

Florida concentra el 23% de las ventas de inmuebles a inversores extranjeros en EE UU

El capital extranjero ha contribuido en gran medida al alza del precio promedio de las viviendas familiares, desde que estalló este nuevo boom inmobiliario en el sur de Florida, a mediados de 2011. El metro cuadrado de construcción, que costaba 2.475 dólares entre 2003 y 2008, asciende ahora a 4.304 dólares; y en los nuevos proyectos que están en desarrollo, tiene un precio de hasta 10.760 dólares. De acuerdo al más reciente informe de la Asociación Nacional de Agentes de Bienes Raíces de Estados Unidos (NAR), el precio medio de una casa unifamiliar en el área de Miami, Miami Beach y Fort Lauderdale aumentó en el segundo trimestre de este año un 7,6% respecto a 2013, hasta promediar 270.000 dólares; mientras que el aumento a nivel nacional fue de 4,4%, hasta un promedio de 203.400 dólares.

Una día a la semana, la empresa CraneSpotters organiza paseos en autobús y en bote, a un precio de hasta 100 dólares por tour, en inglés y en español, para mostrar los nuevos desarrollos inmobiliarios que se construyen en el sur de Florida, especialmente en el este de Miami. “Vamos a todos los lugares donde está ocurriendo un nuevo proyecto de construcción”, anuncia Peter Zalewski, micrófono en mano, a las cinco decenas de potenciales compradores que le acompañan en cada viaje.

Quienes se deciden a comprar, lo hacen entregando adelantos de hasta 50% del valor total de la propiedad. Y esa es, según Zalewski, la vacuna que evitará el estallido de una nueva burbuja: “El mercado de la preconstrucción en el sur de Florida está en su mejor momento desde que comenzó el boom actual en 2011. A diferencia del último auge, impulsado por el fácil financiamiento bancario, este ciclo está siendo alimentado por los compradores que aportan depósitos considerables cuando se firma el contrato de preventa”.

Las calles del centro de Miami y de la zona financiera de Brickell, hace un par de años repleta de terrenos baldíos, bulle ahora en una nube de polvo y un ruido de martillos que no cesa durante el día. De noche, el cielo se ilumina con los reflectores que apuntan a los rascacielos de los bancos y a las torres de construcción, mientras que en los edificios residenciales que se suponen totalmente vendidos se encienden apenas unas pocas luces —puesto que sus propietarios extranjeros solo los alquilan o visitan por temporadas— y el barrio recobra su apariencia de pueblo fantasma, pero en constante desarrollo.