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Biden se reunirá con Rousseff en Brasil en junio

La cita busca la reconciliación diplomática entre Brasil y Estados Unidos tras el escándalo del espionaje de la NSA

Dilma Rousseff y Joe Biden en Brasilia en mayo de 2013
Dilma Rousseff y Joe Biden en Brasilia en mayo de 2013 AP

La incipiente reconciliación diplomática entre Estados Unidos y Brasil, tras el varapalo que supuso el espionaje masivo de la NSA, se visualizará en junio al más alto nivel en una reunión entre el vicepresidente estadounidense, Joe Biden, y la presidenta brasileña, Dilma Rousseff. Desde mediados de abril se sabía que Biden visitará Brasil en junio para asistir a un partido del Mundial de fútbol y se había especulado mucho sobre una hipotética reunión con Rousseff, pero esta aún no había sido anunciada oficialmente.

Así lo hizo este miércoles la secretaria de Estado adjunta de Asuntos del Hemisferio Occidental de EE UU, Roberta Jacobson, durante su intervención en la asamblea anual del Consejo de las Américas. “El vicepresidente tiene previsto atender el Mundial y se reunirá con la presidenta Rousseff cuando lo haga”, reveló Jacobson.

Un día después de las palabras de Jacobson, la Casa Blanca anunció oficialmente este jueves la reunión entre Biden y Rousseff después de que el vicepresidente estadounidense llamara por teléfono a la presidenta brasileña. El encuentro -en el que también estará presente el vicepresidente brasileño, Michel Temer- tendrá lugar en Brasilia el martes 17 de junio. El día antes Biden asistirá en Natal al partido del Mundial entre las selecciones de Estados Unidos y Ghana.

Durante la llamada, el vicepresidente estadounidense “reafirmó la importancia de la relación bilateral” y subrayó el “compromiso” de EE UU de ampliar la vinculación entre ambos gigantes a un “amplio abanico de áreas”, según detalla un comunicado de la Casa Blanca. Ambos políticos también hablaron de la importancia de “trabajar conjuntamente con otros países de América para hacer frente a los actuales desafíos políticos, económicos y sociales”, lo que presumiblemente incluye la actual inestabilidad en Venezuela, respecto a la cual Brasilia -que goza de influencia sobre el Gobierno de Caracas- ha abrazado una postura mucho más benevolente que Washington.

La responsable del Hemisferio Occidental admitió que la relación bilateral ha vivido un “periodo difícil” por las revelaciones de que EE UU escrutó el correo electrónico de la mandataria brasileña, pero se mostró confiada en que ganen vigor en los próximos meses. “Hay mucho que continua en la relación aunque los titulares digan que la relación se ha congelado”, afirmó tras ser preguntada por el clima actual de entendimiento entre los dos gigantes del continente.

Jacobson insistió en que para Estados Unidos el acercamiento a Brasil es vital y que por ello, al margen del distanciamiento gubernamental, se mantiene una sólida vinculación económica, turística, cultural o deportiva. En este sentido, recordó que, junto a China, Brasil es el único país en el que Washington está abriendo nuevos consulados y destacó que hay una “creciente interacción” entre ambas poblaciones.

Cogiendo de ejemplo la visita de Biden, la diplomática puso en valor que la relación “está mejorando” a nivel gubernamental y pronosticó que ganará velocidad tras las elecciones presidenciales en Brasil en octubre.

En 2011 el presidente de EE UU, Barack Obama, visitó Brasil y en 2012 Rousseff acudió a EE UU. Fue el reflejo de la mejora progresiva de las relaciones tras el malestar que causó en Washington la mediación en mayo de 2010 del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva en la crisis nuclear iraní. Hace cerca de un año el vicepresidente Biden y Rousseff ya se reunieron en Brasilia. Entonces el clima de entendimiento entre los dos gigantes era máximo. El momento de la consolidación definitiva de unas relaciones que aspiran a ser al más alto nivel entre las dos mayores economías y democracias del continente americano se iba a vislumbrar con la distintiva visita de estado de Rousseff a Washington en octubre de 2013.

Sin embargo, las revelaciones en septiembre del exanalista de la NSA Edward Snowden sobre el espionaje masivo a la presidenta y su círculo cercano hicieron saltar por los aires todo el progreso alcanzado y dilapidaron la confianza de Brasilia con Washington. Tras saber que había sido ampliamente escrutada por EE UU, Rousseff decidió cancelar su reunión con Obama. Al margen de sus consecuencias políticas, el espionaje de la NSA fue un factor clave para que el Gobierno brasileño se decantara por el fabricante sueco Saab en lugar del estadounidense Boeing para un pedido millonario de aviones de combate.

Desde entonces se ha ido consolidando una mejora gradual hasta el punto que a finales de marzo el embajador de Brasil en EE UU, Mauro Vieira, dijo que la mandataria “desea mucho venir” a Washington para recuperar la entrevista pendiente con Obama, pero dio a entender que difícilmente se producirá antes de las elecciones presidenciales de octubre en Brasil.

El Gobierno de Obama ha dado explicaciones al de Rousseff sobre los largos tentáculos de la NSA y sus planes de reforma, pero no ha llegado la preciada disculpa oficial reclamada por Brasilia. En paralelo, se han producido algunos gestos conciliadores de ambas partes: en diciembre las autoridades brasileñas descartaron categóricamente cualquier posibilidad de conceder asilo a Snowden, mientras EE UU se sumó en la ONU a la iniciativa brasileña sobre la importancia de la privacidad en Internet y participó en abril en la conferencia internacional sobre la gobernanza en la red promovida por Rousseff. También en marzo se visualizó una nueva muestra de acercamiento de la Administración estadounidense con las visitas a Brasilia del secretario del Tesoro, Jack Lew, y precisamente de Jacobson.

Pese a este incipiente deshielo, las dos potencias mantienen algunos puntos de fricción en diversos asuntos al margen de la NSA. Por ejemplo, Brasil tiene que decidir si impone represalias comerciales contra EE UU por su contencioso por las subvenciones a la producción de algodón. Y, en el terreno diplomático, a Washington le gustaría que Brasilia abrazara una actitud mucho más crítica con la represión del Gobierno venezolano contra las protestas opositoras.

En paralelo a las esferas políticas, los empresarios de ambos países han estado presionando a los dos gobiernos para dejar atrás el escándalo Snowden y relanzar la relación bilateral, conscientes de la magnitud y el potencial del vínculo económico. Según los últimos datos del Departamento de Estado, Brasil es el octavo socio comercial de EE UU, que es el primer inversor extranjero en el gigante emergente; mientras que EE UU es el segundo destino de las exportaciones brasileñas. En 2012 el intercambio comercial bilateral alcanzó los 76.000 millones de dólares.