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La UE se muestra tibia con Putin para apoyar el diálogo

Los ministros de Exteriores de los Veintiocho anuncian más sanciones si fracasan las negociaciones de Ginebra

Catherine Ashton a su llegada a la reunión en en Luxemburgo con los ministros de Exteriores europeos. Ampliar foto
Catherine Ashton a su llegada a la reunión en en Luxemburgo con los ministros de Exteriores europeos. AFP

La Unión Europea busca un equilibrio imposible entre castigar más a Rusia por su participación en el conflicto ucranio y mantener el diálogo abierto para buscar la paz. En esa disyuntiva, los ministros de Exteriores comunitarios tensaron este lunes la cuerda al anunciar más sanciones a Moscú, sin llegar al nivel del castigo económico. Al menos hasta comprobar qué da de sí el encuentro diplomático previsto para el jueves en Ginebra. “Necesitamos el compromiso diplomático para rebajar la tensión en Ucrania”, aseguró la alta representante para la Política Exterior, Catherine Ashton, al término del encuentro celebrado en Luxemburgo.

Aunque ese compromiso de esperar hasta la cita de Ginebra entre Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia y Ucrania concitó el apoyo de todos los ministros, el aplomo frente a Moscú resulta cada vez más difícil de defender. Muchos países miembros abogaron por pasar ya a lo que denominan fase tres de las sanciones, un escenario de castigo económico a Rusia muy superior al actual y de consecuencias imprevisibles. Conscientes de los riesgos que entraña la condescendencia con una Rusia dispuesta a todo, los titulares de Exteriores han acotado esa espera. “Si es necesario, la semana que viene habrá una reunión de jefes de Estado y de Gobierno para adoptar nuevas sanciones”, avanzó el ministro francés de Exteriores, Laurent Fabius, aunque otras fuentes diplomáticas consideraban precipitado el augurio de Fabius. Con esta decisión, la UE trata de demostrar que va en serio en las reprimendas a Rusia, aunque muchos de sus miembros recelen de acorralar a su presidente, Vladímir Putin. Por dos motivos: el grave perjuicio económico que provocaría en la UE un boicoteo a Rusia —con caídas anuales medias del 0,5% del PIB comunitario, según estudios preliminares que se concretarán hoy mismo— y la ruptura que supondría de la vía diplomática como solución al conflicto.

De momento, los jefes de la diplomacia europea se comprometen a añadir más nombres a la lista de 33 altos cargos rusos y ucranios que tienen vetada la entrada en la UE y cuyos activos en territorio comunitario permanecen congelados. Sin especificar el número, los Estados miembros acordaron ampliar esta nómina de personas consideradas responsables de la tensión en Ucrania para incluir a los instigadores de la violencia en el este del país.

Más allá de las conjeturas de Fabius, la amenaza de endurecer las represalias quedó muy diluida en las conclusiones del Consejo Europeo. El mayor apetito por esa escalada diplomática solo era perceptible en las declaraciones de algunos ministros. “Es importante discutir sobre la aplicación de más sanciones de la tercera fase, debatir el calendario y la naturaleza de esas sanciones”, aseguró el titular británico de Exteriores, William Hague, partidario de estrechar el cerco a Putin.

Lo que no plantea dudas ya para ningún mandatario europeo es que Rusia está detrás de la rebelión de los grupos enfrentados al Gobierno de Kiev. “Si parece un caballo y camina como un caballo, es un caballo”, ironizó el titular holandés de Exteriores al ser preguntado por la identidad real de los sublevados en el este del país. Hasta la siempre prudente Ashton y las autoridades alemanas admitieron por primera vez la mano de Moscú y por eso pidieron a Putin “replegar sus tropas de la frontera ucrania”.

También resultó muy tibia la reacción europea a la amenaza directa de Putin sobre posibles cortes de gas. Los ministros se limitaron a pedir a la Comisión que responda por todos a la carta que recibida por varios Estados miembros sobre hipotéticos perjuicios en el suministro de gas.

La consigna es, por tanto, esperar hasta el jueves para darle a Putin la oportunidad de apaciguarse. Una actitud mantenida casi desde el principio del conflicto y hasta ahora fallida si se observa la escalada de tensión que se ha producido desde la anexión de Crimea por parte de Moscú. Alemania, Italia y España figuran entre los principales valedores de la estrategia de prudencia, frente a Estados que piden ir más allá como Reino Unido y Suecia, junto a Polonia y el resto de países que vivieron en la órbita soviética.