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La pugna sucesoria marca la política

Varios fallecimientos y jubilaciones fuerzan cambios en carteras clave

El príncipe heredero Salman bin Abdulaziz, en una visita a China, el pasado día 14.
El príncipe heredero Salman bin Abdulaziz, en una visita a China, el pasado día 14. AFP

Arabia Saudí, el primer exportador mundial de petróleo, afronta dos importantes retos internos que, en buena medida, justifican su actuación internacional en defensa del statu quo.En lo político, la sucesión; en lo socioeconómico, la mayor explosión de juventud de su historia. Aunque el país ha pasado de puntillas sobre las revueltas árabes, los deseos de cambio han sido admitidos al más alto nivel. Está por ver si con la profundidad que desearían muchos de sus habitantes.

Desde 2011, cuando estallaron las primaveras en varios países musulmanes, una serie de fallecimientos, jubilaciones y promociones ha permitido cambios en altos cargos ocupados por la familia real, que llevaban décadas bajo los mismos (y ancianos) príncipes. Los analistas estiman que eso ha dado pie al rey Abdalá, a punto de cumplir 90 años, para situar a sus hijos y otros aliados en puestos clave de cara a la sucesión.

A diferencia de las monarquías europeas, el trono no se hereda de padres a hijos, sino que hasta ahora ha ido pasando entre los numerosos hijos del fundador del reino, Abdelaziz Ibn Saud. Pero el príncipe heredero, Salmán, tiene 78 años, y sólo quedan otros dos príncipes, Ahmed y Muqrin, con posibilidades, por lo que en los próximos años el cetro tendrá que recogerlo uno de los cientos de nietos de Ibn Saud.

El rey Abdalá tiene 89 años, y el príncipe heredero, Salmán, 78

En la última remodelación, el pasado 22 de diciembre, Abdalá nombró a su hijo Mishaal como gobernador de la provincia de La Meca, una de las más pobladas y de gran importancia simbólica porque alberga los lugares más sagrados del islam. Con anterioridad, había situado a su primogénito, Miteb, al frente de la Guardia Nacional, una responsabilidad que él había ejercido hasta entonces; a otro hijo, Abdulaziz, lo nombró viceministro de Exteriores, y a un cuarto, Turki, vicegobernador de Riad.

El rey también ha colocado a algunos sobrinos en puestos clave como ministro del Interior, jefe de los servicios secretos, gobernador de la Provincia Oriental (donde se concentra la mayoría de la población chií y de los depósitos de petróleo), gobernador de Riad y viceministro de Defensa.

Con el nombramiento de Mishaal, el hasta ahora gobernador de La Meca, el príncipe Jaled al Faisal, ha pasado a ser ministro de Educación. Esa elección se interpreta como un impulso a las largamente anunciadas y muy necesarias reformas educativas. Jaled, que es hermano del ministro de Exteriores Saud al Faisal, es conocido por ser muy crítico con la penetración del extremismo en el sistema de enseñanza. Se espera que reduzca la influencia de los ultraconservadores religiosos y mejore la formación, algo imprescindible si se quiere dar empleo a los jóvenes.

El 64% de los casi 20 millones de saudíes tiene menos de 30 años y un 12% está entre los 12 y los 16. A pesar del elevado paro juvenil, el país emplea a ocho millones de inmigrantes, en parte porque los saudíes pueden permitirse rechazar los trabajos manuales o de menor prestigio, pero también porque muchos de ellos no están suficientemente cualificados para los de mayor responsabilidad.

El 64% de los casi 20 millones

de saudíes tiene menos de 30 años

Esa población tiene crecientes demandas de vivienda, sanidad e infraestructuras públicas. A falta de libertades políticas, los jóvenes han encontrado un aliado para canalizar sus demandas en las redes sociales, donde tanto chicos como chicas son muy activos y pueden saltarse muchas de las restricciones que les impone la sociedad (incluida la segregación de sexos).

Consciente del riesgo de estallido que supondría su descontento, la familia real ha acelerado desde 2011 las inversiones en servicios públicos (además de intensificar el control de las muestras de disidencia). El presupuesto para 2014, 855.000 millones de riales (unos 165.000 millones de euros), es un 4,2% mayor que el anterior.

Una cuarta parte de esa cantidad se va a destinar a la educación y la formación profesional, incluidas la construcción de varios centenares de nuevos centros académicos y becas para que 185.000 saudíes estudien en el extranjero. Otro bocado significativo, de 108.000 millones de riales, está destinado a la sanidad.

“No hay pueblo por el que pases en el que no estén construyendo un barrio de viviendas, una escuela o un hospital”, afirma un diplomático occidental que ha viajado mucho por carretera.