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Merkel: “El gas estadounidense podría ser una opción”

La canciller alemana no descarta recurrir a fuentes alternativas ante una eventual respuesta de Rusia

Angela Merkel durante la rueda de prensa de este viernes en Bruselas.
Angela Merkel durante la rueda de prensa de este viernes en Bruselas. REUTERS

La jefa del Ejecutivo alemán, Angela Merkel, ha abierto la puerta en Bruselas a la importación de gas fracking estadounidense si Rusia cortara el suministro a la UE. “Buscamos diversificar nuestras fuentes de suministro”, ha añadido la canciller. Merkel también ha puesto sobre la mesa la mejora de la interconexión de la red de gas de la Península Ibérica con el resto de la Unión Europea (UE) para evitar un potencial desabastecimiento de los países más dependientes del gas ruso.

Según ha reconocido la propia canciller, la posibilidad de que EE UU se convirtiera en suministrador de gas fracking a Europa contaría con un escollo técnico. “Haría falta crear una estructura de regasificadoras que ahora no tenemos”, ha admitido Merkel. La segunda solución, de la que España se beneficiaría indirectamente al cobrar un peaje por cada metro cúbico de gas que atravesara sus gaseoductos­, consistiría en mejorar la interconexión entre España y Portugal y el resto de países de la UE. “Hemos visto que la Península Ibérica aún no cuenta con suficientes conexiones y por eso queremos avances”, ha reconocido con gesto impasible. En este sentido, la canciller germana ha destacado la petición formal de los Gobiernos español y luso para “participar en el reparto energético europeo”.

La necesidad de buscar soluciones puente para anticiparse un posible desabastecimiento es un requisito de los mandatarios europeos en caso de que la UE opte por ampliar la envergadura de las sanciones al Kremlin. “Muchos países han mostrado su incertidumbre por un posible corte del gas ruso”, ha apuntado. Los más afectados serían Finlandia (que importa el 100% de su gas de Rusia), Eslovaquia (93%), Polonia (83%), Hungría (82%) y Grecia (80%).

Sin embargo y pese a que Berlín está en el grupo de países que importan de Moscú más de la mitad del gas que consume, Merkel ha preferido mostrar su cautela sobre un futurible cierre del grifo ruso –“ni siquiera en el punto más álgido de la Guerra Fría se cortó el suministro”– y ha puesto sobre la mesa un asunto del que apenas se había debatido fuera de los círculos más técnicos: que empresas gasistas europeas actúen de intermediarias y suministren gas a Ucrania a precios más bajos. “Es cierto que el Gobierno ucraniano pretende abaratar sus costes de suministro, que ahora son muy altos”. Pese a la ausencia de datos fiables, las cifras que manejan los técnicos europeos aproximan la dependencia ucraniana al 100% y el Ejecutivo de Kiev ha solicitado ayuda a la UE para sortear el encarecimiento del gas ruso.