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EE UU decide su techo de deuda sin la tensión política de otras ocasiones

El límite para entrar en suspensión de pagos vence este viernes, aunque los republicanos han asegurado que impedirán que el país no pague sus obligaciones

El Departamento del Tesoro asegura que las medidas extraordinarias que adopte hacer frente a la deuda no pueden extenderse más allá de febrero

El presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner.
El presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner. AP

Estados Unidos alcanza este viernes la fecha límite para entrar en suspensión de pagos y lo hace en un inusual clima de tranquilidad, muy alejado de la tensión y el desencuentro político de otras ocasiones. Aunque los republicanos están tratando de incluir en la ley que autorice ampliar el techo de la deuda alguna condición que les beneficie y demuestre su fuerza ante la Casa Blanca, su líder en el Congreso, John Boehner, ha dejado claro que su partido no permitirá que el país incumpla sus obligaciones.

El pasado mes de octubre, como parte de un acuerdo para poner fin al cierre del Gobierno, el Congreso acordó ampliar hasta el 7 de febrero el límite del techo de su deuda, cifrada en 17,3 billones de dólares. Este lunes, el secretario del Tesoro, Jack Lew, advirtió que, cumplida esa fecha, su Departamento adoptaría medidas extraordinarias para seguir tomando dinero prestado y asegurar el pago de las obligaciones estadounidenses, pero que éstas no podrían extenderse más allá de finales de este mes, un lapso de tiempo menor que el que han tenido en otras ocasiones los legisladores para llegar a un acuerdo que evite la temida suspensión de pagos. Una posibilidad que Boehner ya ha dejado claro que no va a permitir que se torne realidad.

Los republicanos están tratando de incluir en la ley que autorice ampliar el techo de la deuda alguna condición que les beneficie y demuestre su fuerza ante la Casa Blanca

“No queremos incumplir con el pago de nuestra deuda y no vamos a incumplirlo”, ha reconocido el presidente de la Cámara de los Representantes este jueves. Los republicanos han desistido de hacer de la suspensión de pagos una nueva batalla con la Casa Blanca, en parte porque entre sus filas no hay consenso suficiente para determinar qué condición imponer a la Administración a cambio de su aprobación para elevar el límite de la deuda. A lo largo de esta semana, los conservadores han sopesado exigir la aprobación de un polémico megaoleoducto que uniría las costas petroleras del norte de Canadá con las refinerías estadounidenses del golfo de México, al que se oponen los ecologistas, o utilizar, como en anteriores ocasiones, la supresión de parte de la reforma sanitaria como moneda de cambio.

En pleno año electoral y con el recuerdo reciente del castigo en las encuestas que esa misma oposición les supuso el pasado mes de octubre, muchos republicanos han preferido no arriesgar su futuro político y no han respaldado ninguna de ambas posibilidades. El miércoles por la tarde, en un último esfuerzo por tratar de mostrar su pujanza frente a la Casa Blanca, los conservadores propusieron exigir la descongelación de las actualizaciones de las pensiones de los veteranos de guerra de acuerdo a la subida del IPC, una opción sobre la que, de momento, tampoco hay un consenso unánime. “Seguimos barajando todas las piezas del puzzle”, ha reconocido Boehner.

Aunque los demócratas prefieren que la ley que acuerde la subida del límite del endeudamiento de EE UU sea limpia y no contenga enmiendas de ningún tipo, la actualización de las pensiones de los veteranos es una medida que sí estarían dispuestos a contemplar varios de los legisladores progresistas, habida cuenta de que los senadores de la formación se mostraron a favor de no congelarlas el año pasado.

Lew advirtió de que, cumplida esa fecha, su Departamento adoptaría medidas extraordinarias para seguir tomando dinero prestado y asegurar el pago de las obligaciones estadounidenses, pero que éstas no podrían extenderse más allá de finales de este mes

No obstante, la Casa Blanca ha sido clara en que “no va a aceptar chantajes” en la negociación sobre el techo de la deuda. “Nuestra posición y la del presidente es que no vamos a pagar ningún peaje por el hecho de que el Congreso cumpla con su responsabilidad de que EE UU pague sus facturas”, ha recordado este jueves el portavoz de la presidencia, Jay Carney.

Tras el drama que rodeó las negociaciones para evitar la suspensión de pagos en 2011, Wall Street ha dejado de prestar atención a las maniobras políticas en torno al diálogo sobre el techo de la deuda que, desde entonces, se han sucedido entre el Congreso y la Casa Blanca. La agencia de calificación Moody’s, convencida de el Congreso llegará a un acuerdo que impida que EE UU entre en bancarrota, ha asegurado que el debate en el Capitolio “no iba a afectar a su calificación AAA”. Fitch se ha mostrado más precavida y sí ha señalado que la negociación podría determinar una revisión a la baja de su rating.

Aunque el consentimiento republicano para aumentar el límite de endeudamiento no se cuestiona, la falta de un acuerdo concreto y la indecisión en torno al mismo pone en seria cuestión el engranaje de la democracia estadounidense generando una incertidumbre internacional que no beneficia para nada la credibilidad exterior de Washington. El FMI ya ha alertado de esta circunstancia este mismo jueves. “Lo último que necesita la economía de EE UU es otro shock a la confianza como el que se derivaría de otro prolongado debate sobre si el país va a cumplir o no con sus obligaciones”, ha señalado su portavoz, Gerry Rice.