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“El secuestro me ha hecho más radical”

Igor Lutsenko, periodista y activista de la oposición, fue secuestrado y torturado por un grupo de hombres armados junto con Yuri Verbitsky, que fue hallado muerto días después

Manifestantes antigubernamentales en Kiev.
Manifestantes antigubernamentales en Kiev. REUTERS

Igor Lutsenko, de 35 años, el periodista y activista de la oposición que apareció golpeado en un pueblo cercano a Kiev, afirma que se siente “más radical” tras el secuestro del que fue víctima el 21 de enero cuando acompañó a un desconocido al hospital. El desconocido, Yuri Verbitsky, apareció muerto; él tuvo más suerte.

Los secuestradores, hasta una decena de personas de paisano, los sacaron de la clínica y los llevaron en coche a un bosque en las afueras de la capital. “Creo que a Verbitsky le pegaron más porque era de Lviv [oeste], porque los secuestradores decían que esa es una zona que vive de las subvenciones y siempre está organizando revueltas. Lo dijeron frente a mí mientras nos pegaban. Luego nos llevaron a un lugar cerrado, que no puedo identificar porque tenía la cabeza cubierta, y nos separaron. Oí cómo Yuri gritaba a lo lejos. No volví a verle, pero después sentí cómo alguien respiraba a mi lado”, explica. “Los secuestradores actuaban de un modo muy profesional, sabían cómo hacerme daño sin matarme y sin hacerme perder la conciencia. Acusaron a los activistas del Maidán de actuar por dinero y de querer convertir a Ucrania en una esclava de Europa; dijeron que destruimos la unidad eslava y parecían convencidos de que, desde su posición, luchaban contra el mal. Por la manera de vestirse, de comportarse, de interrogar y de torturar, tenían aspecto de policías. Creo que puede haber casos parecidos a los de Verbitski, de personas que han desaparecido y pueden ser encontradas muertas”.

Lutsenko aconseja a los líderes de la oposición que traten “como terroristas” al presidente Victor Yanukóvich y el ministro del Interior, Vitali Zajárchenko. “Con los terroristas que mantienen rehenes solo se habla sobre la liberación de estos y de las condiciones de la rendición”, dice en una conversación por Skype desde el lugar “a buen recaudo” donde se encuentra, “ni en la clínica ni en casa” por una cuestión de seguridad. Al hablar, tendido en una cama, Lutsenko muestra sus dientes rotos, las huellas de su pesadilla.