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Tailandia se encamina hacia la parálisis

El boicot de la oposición a las elecciones y la ofensiva legal que acechan a la primera ministra de Tailandia indican que la crisis política persistirá

Manifestantes antigubernamentales llaman al boicot en Bangkok.
Manifestantes antigubernamentales llaman al boicot en Bangkok. Getty Images

Tailandia celebró este domingo unas elecciones generales que se antojan poco más que un punto y seguido en la crisis política en la que está sumido el país desde hace tres meses. Aunque no hay fecha oficial para anunciar los resultados, se da por seguro que las ganará el partido de la primera ministra, Yingluck Shinawatra, porque la oposición las ha boicoteado, los manifestantes se han afanado en obstaculizarlas y porque las diversas marcas electorales de los fieles a Taksin, el polémico hermano mayor de la jefa de Gobierno y predecesor en el cargo, han ganado todos los comicios celebrados desde 2001. Poco importará eso si la oposición logra que el proceso electoral sea anulado por inconstitucional, cosa que solicitarán según anunció ayer el dirigente del Partido Demócrata Ong-art Klampaiboon. Los golpes militares y los denominados golpes legales son frecuentes en Tailandia.

La primera ministra interina pretendía reafirmar su legitimidad electoral en las urnas pero comienza esta semana como acabó la pasada: con una manifestación que recorrerá esta noche la capital exigiéndole que abandone el cargo con sus ministros y sean sustituidos por un supuesto consejo de hombres buenos que erradique la corrupción e higienice el sistema. Y con siete acampadas, convertidas en auténticas verbenas con comida y música en directo entre discurso y discurso, que no paralizan totalmente la ciudad pero obviamente la perjudican. Mientras, la oposición prepara una batalla legal en varios frentes para invalidar las elecciones o que sea destituida por los jueces. Taksin y su hermana tienen tras ellos un potente movimiento social, los camisas rojas, que hasta ahora se han mantenido quietos pero que quizá se movilizaran si los comicios son anulados.

Metáfora de su situación, Yingluck se confundió de urna al votar en la capital por la mañana. Esta antigua ejecutiva a la que sus detractores acusan de ser una marioneta de su hermano culpó del error a las indicaciones de los funcionarios de la Comisión Electoral.

La jornada electoral fue tensa pero no hubo incidentes violentos graves aunque fue imposible votar en el 10% de las mesas electorales del país, según la Comisión Electoral. Los detractores del Gobierno impidieron que se presentaran candidatos (en circunscripciones del sur), bloquearon la llegada de papeletas o los funcionarios que debían atender los colegios electorales no se presentaron. Fiel reflejo de la fractura política que divide al país geográficamente en dos mitades, hubo problemas para constituir mesas en Bangkok y en el sur –zonas más prósperas en las que domina el Partido Demócrata—y normalidad en el norte y el noreste, los caladeros electorales en los que pesca Taksin, instalado en Dubái para evitar una condena por corrupción. Ya están convocadas para el 23 de febrero unas elecciones parciales para que los electores que no han podido ejercer su derecho lo ejerzan.

A primera hora, los votantes que llegaban con cuentagotas a los colegios del centro de la capital tailandesa. “Creo que esta es la manera de hacer las cosas en democracia”, explicaba Su Phaphan, de 25 años, tras depositar la papeleta en un colegio de Sri Phaya. “Esto no significa que yo apoye al Gobierno, aquí cada uno puede elegir”, añadía esta jefa de márketing de un hotel. Los tailandeses tienen la opción de votar expresamente por ninguno de los partidos. Basta marcar la casilla de abajo a la derecha de la papeleta. Pese a la creciente hostilidad que polariza a los partidarios de los ricos y poderosos de toda la vida –los militares, los burócratas y la corte—de los que siguen a los nuevos ricos –Taksin y su clan- y a los episodios violentos que han acompañado a las protestas, esta joven insistía en que votar era un derecho que nadie le iba a arrebatar. Una madre y una hija que abandonaban poco antes un centro de votación cercano sin poder ejercer el sufragio pero empeñadas en hacerlo en la repesca de febrero. En este país del sudeste asiático el voto es obligatorio.

El mandato de Yingluck puede quedar en un limbo durante meses a la espera de que estén elegidos los 475 diputados necesarios de los 500 para constituir un Parlamento que vote un primer ministro. Una parálisis que agravaría las consecuencias negativas de esta crisis que ya se empiezan a notar en la economía.

Las dos Tailandias cada día se odian más como reflejaban sendas cartas al director publicadas ayer en el diario The Nation. Una de ellas ponía en duda que los electores que “eligen a incompetentes” deban tener derecho al voto. Y la otra recordaba cómo antes bastaba el DNI para ir votar y ahora parecía que hicieran falta además una cizaña y un kit de primeros auxilios.

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