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OBITUARIO

Gladys Meilinger, víctima y verdugo del horror en Paraguay

La activista médica de Paraguay denunció la colaboración de las dictaduras latinoamericanas en la Operación Cóndor

Gladys Meilinger, en una imagen de enero de 2012
Gladys Meilinger, en una imagen de enero de 2012 cortesía del diario ABC

Ahora resulta muy sencillo decir que la Operación Cóndor fue el macabro plan que idearon los dictadores de siete países latinoamericanos -Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay- para detener, torturar y asesinar a sus opositores en las décadas de los 70 y 80. Pero en aquella época había mucho miedo, muchos cabos sueltos, demasiada oscuridad alrededor de las desapariciones. La médica Gladys Meilinger de Sannemann, de padre alemán y madre paraguaya, aportó un río de luz en 1989 con su libro Paraguay en el Operativo Cóndor. Pudo hacerlo porque ella misma fue víctima de ese operativo. Y publicó el libro tres años antes de que se descubrieran los llamados Archivos del Terror, unas tres toneladas de documentos oficiales que atestiguaban todas las atrocidades cometidas por el dictador Alfredo Stroessner (1954-1989).

Gladys Meilinger murió el jueves 30 de enero en Asunción a los 84 años. Quedaban pocos días para el lunes 3 de febrero en que se cumple el 25º aniversario de la caída de Stroessner. Apenas un mes antes de su muerte presentaba una última versión de su libro, una obra que fue completando y ordenando a lo largo de su vida. Su obsesión era que los jóvenes conocieran un legado demasiado reciente en la historia de Paraguay.

Fue una de las primeras personas en comenzar a hablar de la interconexión entre los dictadores. A menudo recordaba que a su marido, el paraguayo Rodolfo Sannemann, lo torturaron “en todas las instituciones de la policía federal de la Argentina”, país donde habían ido a exiliarse. Quienes lo torturaban en Argentina hablaban guaraní, la lengua indígena de Paraguay. En su última entrevista, publicada en el diario paraguayoAbc un mes antes de su muerte, la doctora Meilinger, afirmaba: “Era una realidad el intercambio de prisioneros entre varios países del Cono Sur denominado Operación Cóndor. Antes decían que era invento mío, pero con el descubrimiento del Archivo del Terror se encontraron varios documentos que demuestran que sí existió”. “Con la dictadura todo lo que tenía un cierto valor, en el Paraguay, desapareció”, comentaba. “Fueron desplazados virtudes como la honestidad, el amor, por la prepotencia, la arbitrariedad y el robo. Con miles de exiliados se fueron del país la justicia, la libertad. Se quedó un Gobierno déspota, autocrático, opresor y represor. Y todos esos vicios, permanecen intactos en las estructuras de los tres poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial)”.

Toda su labor de denuncia no habría si alguien no le hubiese echado una mano cuando se encontraba presa junto a su hija adolescente en la Escuela Mecánica de la Armada, en Argentina, el centro clandestino de detención más famoso entre todos los de la Operación Cóndor. La cineasta paraguaya Paz Encina recordaba esta semana en su página de Facebook cómo fue la historia:

“Entra un guardia, para cambiarlas de habitación… o de celda, para intentar ser más exacta…

-¡Doctora! Exclama el guardia.

-Disculpáme mi hijo, pero no te conozco…

-¡Doctora! ¿Qué hace usted aquí!

-Mi hijo, yo no te conozco…

-Doctora, ¡usted le salvó a mi mamá! Usted le operó a mi mamá y le salvó… Doctora, yo tengo la orden de llevarte a otra habitación para que mañana les maten a vos y a tu hija. Pero me voy a hacer el despitado, y voy a dejar la puerta abierta. Y a la noche te tenés que ir a la habitación de al lado, vas a encontrar un teléfono y ahí vas a poder hacer una llamada. Tenés que llamarle a alguien que te pueda ayudar urgente”.

Gladys Meilinger pudo llamar a la embajada alemana, donde le brindaron asilo político. Y después de varios años exiliada junto a su marido y dos hijos pudo regresar a Paraguay. Hoy, el penal La Emboscada, de Asunción, donde sufrió torturas junto a otros 400 presos, es un instituto de reinserción social. Y lleva el nombre de Gladys Meilinger de Sannemann.