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Los últimos presos políticos de Rusia

Tras la liberación de Jodorkovsky, las Pussy Riot y los activistas de Greenpeace, más de 40 prisioneros de conciencia siguen aún internados en cárceles rusas

Las dos Pussy Riot excarceladas, el viernes en Moscú.
Las dos Pussy Riot excarceladas, el viernes en Moscú. AP

Mijaíl Jodorkovski, las Pussy Riot y los ecologistas del barco Artic Sunrise de Greenpeace han sido puestos en libertad en Rusia en el curso de los últimos diez días. El multimillonario empresario, que gracias a su desaparecida petrolera Yukos llegó a ser uno de los hombres más ricos del planeta, pudo salir de prisión gracias al indulto que le concedió el presidente Vladímir Putin, mientras que los otros lo hicieron en virtud de la amnistía general aprobada por el Parlamento el pasado día 18. Algunos han visto en estas medidas de gracia el fin de los prisioneros de conciencia en Rusia, pero el mismo Jodorkovski, en su primera conferencia de prensa en Berlín, advirtió: “No hay que considerarme como un símbolo de que ya no quedan presos políticos en mi país”.

La organización de derechos humanos Memorial publica todos los años en octubre la lista de las personas que consideran presos políticos. Este año había 70 nombres. Si se le restan los que han salido en libertad en diciembre, aún quedan 34. La Unión de Solidaridad con los Presos Políticos tiene su propia lista, que coincide en gran parte con la de Memorial: a 27 de diciembre, según esta ONG había aún 43 presos políticos en cárceles o en arresto domiciliario, a los habría que agregar otras 25 personas perseguidas por motivos políticos que no han sido encarceladas.

El grupo de los que son considerados presos políticos es bastante heterogéneo. Como explica Alexandr Cherkásov, de Memorial, entre ellos hay islamistas, nacional-bolcheviques, ecologistas... “No los apoyamos porque compartamos sus ideas, sino porque los procesos contra ellos han sido fabricados por las autoridades”, dice, “o porque no se ha respetado su derecho a un juicio justo”. Hay asimismo científicos acusados de espionaje y empresarios. Aunque el Kremlin niega la existencia de presos políticos —a todos los calificados como tal por las ONG los considera presos comunes, condenados por violar la ley—, la población rusa sí reconoce su existencia.

Un sondeo realizado por el Centro Levada en noviembre pasado mostraba que casi la mitad de los encuestados —un 45%— considera que en Rusia se practica la persecución judicial por motivos políticos. Los que niegan la existencia de presos políticos no superan el 29%.

En la lista de las ONG hay islamistas, ecologistas e incluso bolcheviques

Los partidos liberales, según los expertos, no suelen aludir al tema de la persecución política para ganar apoyo, porque la población, aunque es consciente del problema, se muestra mayoritariamente indiferente.

Platón Lébedev es uno de los presos políticos rusos más veteranos, según Amnistía Internacional. Socio de Jodorkovski, fue arrestado unos meses antes de que comenzara el acoso a la petrolera Yukos. Su destino será una señal sobre las futuras intenciones del régimen: Lébedev ha dicho que no pedirá el indulto a Putin, por lo que queda por ver si saldrá en libertad en mayo próximo, cuando termina su condena, o será sometido a un tercer juicio.

Algunos analistas sostienen que el Kremlin se ha quedado con algunos rehenes, cuya suerte dependerá en gran parte del comportamiento que mantenga Jodorkovski. También el jefe del departamento de seguridad económica de la desaparecida petrolera, Alexéi Pichuguin, figura en la lista de presos políticos, pero sus posibilidades de salir en libertad son escasas, ya que fue declarado culpable de organizar tres asesinatos —cargos que él rechaza—, y condenado a cadena perpetua.

Pero el caso más emblemático, por el que están actualmente tras las rejas el mayor número de presos de conciencia, es el de la manifestación celebrada el 6 de mayo de 2012 en la plaza Bolótnaya de Moscú para denunciar un supuesto fraude en las elecciones presidenciales que devolvieron a Putin al Kremlin. Aquella protesta terminó en enfrentamientos con la policía. Ocho activistas a los que se acusa de agredir a los agentes, siguen aún encarcelados. A ellos se referían María Aliójina y Nadezhda Tolokónnikova, las Pussy Riot liberadas, en su primera conferencia de prensa tras salir de la cárcel. Aseguraron que Rusia no está viviendo un deshielo político. También dijeron temer que después de los Juegos Olímpicos de Invierno, que se celebrarán en Sochi en febrero, la represión política pueda recrudecerse.