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Maduro se afianza tras las municipales

El chavismo triunfa con ventaja en los comicios locales de Venezuela a pesar de la crisis económica mientras la oposición avanza en las grandes ciudades

El presidente venezolano Nicolás Maduro.
El presidente venezolano Nicolás Maduro. AP

Aunque los resultados mixtos de las elecciones municipales de este domingo en Venezuela ofrecieron a ambos bandos oportunidades para lamentarse y congratularse por igual, la suma deja un saldo favorable para el Gobierno del presidente Nicolás Maduro, que durante siete meses y medio ha luchado por estabilizarse en el poder.

“Comandante, ¡misión cumplida!”, proclamó Maduro casi a la medianoche del domingo ante un exiguo grupo de simpatizantes en la Plaza Bolívar de Caracas. Se dirigía al fallecido expresidente Hugo Chávez, su mentor, a quien dedicó la “victoria” en la jornada electoral a la que había designado como día de la Lealtad a Chávez. Si bien sus números no son para presumir —el primer comunicado del Consejo Nacional Electoral (CNE) adjudicaba 46% de los votos al oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y sus aliados comunistas—, el nuevo líder del chavismo tenía por qué celebrar: resistió con éxito el embate de la oposición, que llegó a plantear estas elecciones como un plebiscito sobre su gestión tras las crisis por el desabastecimiento y la inseguridad.

La oposición nucleada en torno a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) apostaba a conseguir más votos que el Gobierno en todo el país, como un modo de hacer más visible y verosímil su versión de que Maduro no habría ganado en buena lid las votaciones de abril pasado, en las que resultó electo presidente con un margen, según los resultados oficiales, del 1% de ventaja sobre su contrincante de entonces, Henrique Capriles Radonski.

Se considera inminente una próxima devaluación del bolívar, la moneda nacional

La MUD se quedó corta con el 40% de los votos, siempre según el primer comunicado difundido por el ente electoral. No consiguió movilizar en masa a sus adeptos y simpatizantes. Y aunque pueda alegar que el gubernamental PSUV ya no es mayoría, el resultado desactiva hasta nuevo aviso la pretensión opositora de impulsar algún mecanismo institucional —una convocatoria a Asamblea Constituyente, según secreto a voces en las filas de la alternativa al chavismo— para desalojar a Maduro del mando.

Ahora a Maduro le quedan adelante casi dos años de tregua electoral. Las próximas elecciones del calendario se contemplan para diciembre de 2015, cuando deberá haber un llamado a comicios parlamentarios. Sin tener que medirse, desarrollando a sus anchas el Plan de la Patria heredado de la última campaña presidencial ganada por Chávez, el mandatario venezolano parece haber conseguido el objetivo por el que echó el resto: superar con éxito las contiendas de 2013.

No es un logro menor si se considera que lo obtiene sin contar con el carisma de Chávez, que se había convertido en el portaviones ideal de todas las campañas de la revolución. Ahora será la economía, y no sus rivales políticos —externos e internos del chavismo—, quien le plantee el mayor desafío. Se considera inminente una próxima devaluación del bolívar, la moneda nacional, por parte del Gobierno. Este, sin embargo, parece contar con el margen político suficiente para adoptar medidas de ajuste sin que se reflejen de inmediato en una mengua electoral.

La oposición sale del proceso, de todas maneras, con algunos trofeos importantes. En primer lugar, defendió bastiones, como la Alcaldía de Caracas y los municipios del este de la capital venezolana, que en algún momento se vieron amenazados por el envión propagandístico del Gobierno. Además ratificó su raigambre urbana al conquistar las alcaldías de las mayores ciudades del país, incluyendo las de Maracaibo, Valencia, Barquisimeto, San Cristóbal, Maturín y Valera.

Contra el viento y la marea desatados desde el Estado con todos sus recursos petroleros, la oposición también se hizo con el control de la ciudad de Barinas, tierra natal del comandante Chávez y coto político de sus parientes desde 1999. “Habiendo ganado los principales centros poblados del país, la oposición tendrá una historia que contar y fortalecerá su estructura”, dijo Luis Vicente León, un reconocido analista de opinión, refiriéndose a los efectos balsámicos que los resultados pudieran tener en los sectores antigubernamentales.

Todavía así, tal vez en la práctica resulte sea poca cosa. De allí la languidez con la que el líder de oposición, Capriles Radonski, se dirigió a sus partidarios la noche del domingo. “Este es un país dividido”, aseguró, lacónico pero con firmeza, como dando testimonio de una tragedia insoluble, “los resultados muestran que este país no tiene dueño […] Nadie se puede sentir orgulloso de una participación de sólo el 58% del electorado”.

En cambio, las bajas —simbólicas o cuantitativas— que registra el bando oficialista pudieran no pesarle tanto. Se sabe que Maduro, gracias a la ley recientemente aprobada por la Asamblea Nacional que le otorga poderes especiales para legislar, se prepara para apuntalar una red de comunas en todo el país que, en los hechos, restaría atribuciones a las alcaldías y centralizaría los Gobiernos locales en torno a la presidencia de la república. Con ello, despejaría otro obstáculo —los alcaldes, siempre díscolos e imprevisibles— para la construcción del socialismo del siglo XXI que el chavismo preconiza.

Los empresarios, que se preparen

En su discurso tras la victoria electoral del domingo, el presidente Maduro dejó saber que proseguirá con la toma de establecimientos comerciales “usureros”. Los críticos de estas confiscaciones señalan que se trata de acciones de escasa base legal que arruinaron a empresarios de varios sectores, sólo para conseguir réditos electorales. Así que cabe preguntarse qué tanto incidieron en los resultados del domingo.

Difícil establecerlo. Si los resultados se leen como un empate general de la contienda, con retrocesos y avances menores para cada bando, bien podría concluirse que Maduro corrió un riesgo mayor —el de desmantelar las capacidades de aprovisionamiento, ya escasas, de la población y enajenarse un sector de la economía privada— en pro de una discreta ventaja. Pero, por otro lado, ese empate puede que haya sido el mejor de los resultados que cabía esperar para un Gobierno aquejado de una evidente dificultad de gestión y una crisis económica rampante, que incluye la tasa de inflación más alta del hemisferio occidental.

En el sentido contrario, destaca la ironía que esas políticas generaron en Valencia, capital del estado de Carabobo y tercera ciudad del país. Su alcaldía fue conquistada por Miguel Cocciola, un diputado opositor y empresario cuya cadena de tiendas de madera y artículos de carpintería, Imeca, fue tomada por el Gobierno. La exposición mediática que le brindó el ataque del oficialismo parece haber sido clave en su victoria.

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