Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Nuevas revelaciones apuntan a que Obama sabía que espiaban a Merkel

El dominical del diario 'Bild' desvela que la NSA encargó un dossier exhaustivo sobre la canciller

El presidente de EE UU, Barack Obama, charla con la canciller alemana, Angela Merkel en junio en Berlín.
El presidente de EE UU, Barack Obama, charla con la canciller alemana, Angela Merkel en junio en Berlín. REUTERS

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, conocía desde 2010 el espionaje al que estaba siendo sometida la canciller federal alemana Angela Merkel. Según publicó el dominical del diario Bild, Obama encargó además un dossier exhaustivo sobre Merkel a la Agencia de Seguridad Nacional (NSA). Asegura Bild que Keith Alexander, jefe de la Agencia que vigila las comunicaciones mundiales para Washington, puso a Obama al corriente en persona del espionaje al móvil de la jefa del Gobierno alemán. Medios alemanes publicaron que, cuando Merkel llamó a Obama para protestar por la presunta vigilancia de su móvil, el estadounidense se disculpó y le aseguró que él no sabía nada. Pero de acuerdo con la información que Bild dice haber obtenido de “trabajadores de los servicios secretos”, los espías no notificaban sus actividades a la central de la NSA en Fort Meade, sino directamente a la Casa Blanca.

La NSA desmintió por escrito la información. “Alexander no discutió con el presidente Obama en 2010 una supuesta operación de espionaje sobre Angela Merkel, ni nunca ha discutido supuestas operaciones sobre la canciller”, dice la nota. Una portavoz de la NSA, según Reuters, no comentó si Obama conocía o no estas supuestas actividades.

Los agentes de la NSA colaboran con la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en una unidad de élite llamada Servicio Especial de Captación (SCS), que en Berlín opera desde el ático de la Embajada estadounidense, en pleno corazón de la capital de Alemania. Según recoge el semanario Der Spiegel, la planta más alta de la sede diplomática ofrece algo más que vistas privilegiadas sobre la vecina Puerta de Brandeburgo y el parque de Tiergarten. El SCS intercepta desde allí miles de señales de teléfono móvil, wi-fi y otras comunicaciones inalámbricas de todo el distrito gubernamental berlinés. Cuenta el semanario de Hamburgo que unidades similares operan en otras 18 grandes ciudades europeas, entre ellas Madrid, Fráncfort, Ginebra o París. Cuentan con aparatos muy sofisticados, a menudo disimulados bajo considerable secreto en las dependencias diplomáticas de Estados Unidos.

El ministro de Exteriores en funciones, Guido Westerwelle, recordó este fin de semana que “en suelo alemán rige la ley alemana”, tanto para diplomáticos como para ciudadanos comunes de cualquier país. Westerwelle, que dejará el cargo en cuestión de semanas cuando la democristiana Merkel forme su nueva coalición de Gobierno con los socialdemócratas, alertó de que las prácticas de los espías estadounidenses son “muy perjudícales” para las relaciones entre países aliados. Entiende el ministro que las presuntas escuchas amenazan con “socavar los vínculos” que unen a Europa con su principal aliado trasatlántico. Las escuchas al móvil de Merkel se prolongaron durante casi diez años hasta el verano pasado.

Las informaciones sobre el espionaje de Merkel por parte de la NSA se basan en documentos filtrados por el exempleado de la NSA Edward Snowden, que empezaron a publicarse este verano en diversos medios. Der Spiegel reveló la enorme dimensión de la vigilancia de las comunicaciones internacionales por parte de Washington y de sus aliados más estrechos, en primer término Reino Unido. Se supo así que los espías documentan millones de llamadas telefónicas y contactos por Internet. Merkel, su ministro de interior Hans-Peter Friedrich y su coordinador de servicios de inteligencia, Ronald Pofalla, quitaron entonces importancia al asunto, que llegaron a dar por resuelto. Pero la drástica reacción política y diplomática de Berlín se puede interpretar como el reconocimiento de un error o, para sus críticos, como la demostración de que Berlín mide con un doble rasero. Sea como sea, ha supuesto un punto de inflexión en la actitud de Alemania ante las escuchas.

Tanto el Partido Socialdemócrata SPD como La Izquierda (Die Linke) y Los Verdes quiere formar una Comisión de Investigación parlamentaria sobre el asunto. Los democristianos de Merkel se resisten por ahora. Los tres partidos de centroizquierda han propuesto estos días que Snowden sea invitado a testificar en Alemania sobre el espionaje a ciudadanos y gobernantes del país.