Irán respira con la tregua de EE UU a Siria

Tanto el líder supremo como el presidente de Irán se han mostrado aliviados ante la posibilidad de una alternativa diplomática al anunciado ataque de Estados Unidos sobre Siria.

El presidente de Irán, Hasan Rohaní (izquierda), conversa con el presidente de Rusia, Vladímir Putin en Biskek (Kirguizistán).
El presidente de Irán, Hasan Rohaní (izquierda), conversa con el presidente de Rusia, Vladímir Putin en Biskek (Kirguizistán).MIKHAIL KLIMENTYEV / EFE

Tanto el líder supremo como el presidente de Irán se han mostrado aliviados ante la posibilidad de una alternativa diplomática al anunciado ataque de Estados Unidos sobre Siria. Por más que Bachar el Asad manifieste confiado que sus aliados le respaldarán militarmente si llega a producirse, los dirigentes iraníes han evitado adoptar un tono de enfrentamiento al expresar su apoyo al régimen de Damasco. No hay que olvidar que, además de anteponer sus intereses nacionales, la República Islámica también sufrió en su día las armas químicas de Sadam Husein.

“Esperamos que el nuevo enfoque de Estados Unidos hacia Siria sea serio y no un gesto mediático”, declaró el miércoles el ayatolá Ali Jameneí. Su mensaje reforzaba el respaldo a la iniciativa rusa para que El Asad someta sus armas químicas a la supervisión de la ONU señalado la víspera por el nuevo Gobierno iraní. Junto a la condena a cualquier intervención militar, el equipo del presidente Hasan Rohaní subraya que su país siempre ha defendido “la estabilidad y la seguridad en la zona” y sus esfuerzos para evitar una nueva guerra.

Rohaní se reunió ayer con el presidente ruso Vladimir Putin en Biskek (Kirguizistán) en el marco de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS). Para satisfacción del mandatario iraní, Putin expresó su apoyo al derecho de Teherán al “uso pacífico de la energía nuclear, incluido el enriquecimiento”, según Efe. Aunque no lo mencionaron de forma expresa, es seguro que también abordaron la crisis que atraviesa su aliado sirio.

Más allá de sus posibilidades de éxito, el paréntesis que se abre ante la propuesta rusa da un respiro a Irán. De haberse producido, el ataque estadounidense hubiera enfrentado a la República Islámica a un dilema. No está claro que Teherán esté dispuesto a implicarse en un conflicto fuera de sus fronteras en un momento en el que trata de recuperar legitimidad internacional para reparar sus problemas económicos y políticos. Ni siquiera lo hizo cuando Arabia Saudí envió tropas a Bahréin hace dos años, siendo presidente el lenguaz Mahmud Ahmadineyad.

El propio Rohaní ha dado a entender con gran sutileza los límites del apoyo iraní a Damasco. “Si algo le ocurriera al pueblo sirio, la República Islámica de Irán cumplirá con sus obligaciones religiosas y humanitarias y le enviará alimentos y medicinas”, declaró ante la Asamblea de Expertos, la semana pasada, en medio del redoblar de tambores de guerra. Significativamente no se refirió a El Asad. Incluso ha habido especulaciones, desmentidas por portavoces iraníes, de que Irán estaba trabajando con Rusia en un plan para substituir al líder sirio.

Teherán y Damasco están unidos por una alianza estratégica desde hace tres décadas, cuando Hafez el Asad, el padre de Bachar, apoyó a la recién fundada República Islámica en la guerra que le declaró el Irak de Sadam Husein, con quien estaba enfrentado. Fue el único país árabe en hacerlo y, a pesar de las diferencias que separan a la teocracia iraní del régimen laico sirio, ambos hicieron causa común ante Israel. El llamado “frente de resistencia” también incluye al grupo libanés Hezbolá y al palestino Hamás (la confesión suní de cuyos miembros desbarata la simplificación sectaria a la que algunos analistas reducen la alianza).

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En cualquier caso, ni Rohaní ni otros portavoces han recurrido a la retórica de movilizaciones, envío de tropas o planes de contraataque sobre los que algunos medios regionales ofrecen filtraciones imposibles de contrastar (y algo muy distinto del envío de asesores del que se hablaba hasta ahora). Al margen del pragmatismo que parece estar imponiéndose en Teherán tras el relevo en la presidencia, da la impresión de que los iraníes empiezan a temer que su aliado pueda arrastrarles a un conflicto en contra de sus intereses. Tampoco debe infravalorarse el escalofrío que produce en la psique iraní la sola mención de las armas químicas, tras la amarga experiencia de que fueron víctimas hace tres décadas y que marcó su visión de las relaciones con Occidente.

“Condenamos con firmeza el uso de armas químicas”, volvió a repetir Rohaní ante la OCS, donde dio a entender que los rebeldes tienen acceso a ellas. Los medios estatales iraníes van más allá y les acusan de haberlas utilizado. De probarse que han sido las fuerzas leales a El Asad, la situación sería realmente embarazosa para Irán.

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