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Los indígenas se divorcian de Correa

El movimiento Pachakutik, una fuerza latente de la política en Ecuador, pone por primera vez a una mujer al frente y redobla su desafío al Gobierno

Sto. Domingo de los Tsáchilas (Ecuador)
Celebración del 8º Congreso Nacional de Pachakutik en el que se eligió la coordinación nacional del partido índigena, donde se eligió a Fanny Campos como nueva coordinadora nacional del partido. Ampliar foto
Celebración del 8º Congreso Nacional de Pachakutik en el que se eligió la coordinación nacional del partido índigena, donde se eligió a Fanny Campos como nueva coordinadora nacional del partido.

Unos 400 delegados indígenas ecuatorianos decidieron este domingo el futuro de su brazo político, el movimiento Pachakutik. Fanny Campos, de 47 años, alcanzó la jefatura del movimiento con 223 votos. Es la primera mujer dirige el Pachakutik en sus 18 años de vida. Su mayor reto es unificar el movimiento indígena y recuperar el enorme peso de antaño. Tiene dos años para completar esta tarea y la primera prueba serán las elecciones locales de 2014. Pachakutik ha perdido fuerza durante el mandato de Rafael Correa

La división interna del movimiento comenzó en 2006, justamente en la primera campaña que hizo Correa para llegar al Gobierno. Había interés dentro del movimiento para presentar un candidato indígena como binomio de Correa, pero la dirigencia nacional optó finalmente por participar sin alianzas y lanzó a Luis Macas como candidato a la presidencia. El fracaso fue rotundo pues obtuvieron unos 100.000 votos, el 2,1% del total, y pasaron a ser la sexta fuerza política en el país. Rafael Correa, pese a todo, fue conciliador con el sector indígena y prueba de eso fue el nombramiento de Mónica Chuji, indígena de la nacionalidad quechua de Sarayaku (oriente del país), como Secretaría de Comunicación.

También quedó para la anécdota que Correa recibió el bastón de mando de parte de los indígenas de la localidad de Zumbahua (centro del país), donde había hecho trabajos comunitarios con los salesianos en los ochenta. Los presidentes Evo Morales y Hugo Chávez acompañaron a Correa durante aquella ceremonia.

Pero la separación entre los indígenas y el Gobierno se produjo cuando Correa empezó a criticar la protesta social. El detonante fue la detención y agresión policial de una veintena de personas que exigían obras viales para la localidad de Dayuma, en la provincia oriental de Orellana, de la que se extraen unos 40.000 barriles de petróleo por día. El Gobierno acusó a los manifestantes de sabotaje y terrorismo por tratar de bloquear el bombeo de petróleo e incluso culpó a la gobernadora de Orellana y miembro de Pachakutik, Guadalupe Llori.

Mónica Chuji, que había sido Secretaría de Comunicación hasta 2008 y que ese año pasó a ser asambleísta por el partido de Correa, dejó el Gobierno tras los incidentes en Dayuma y los grupos indígenas, especialmente la Confederación Nacional de Indígenas del Ecuador (Conaie), empezaron a denunciar la represión contra líderes indígenas en todo el país. Hasta la fecha los sectores indígenas denuncian más de 200 casos de persecución a activistas.

El partido de Gobierno, sin embargo, no quiso distanciarse de los indígenas y buscó algunas alianzas. Así se firmó el acuerdo entre Pachakutik y Alianza País en Chimborazo para las elecciones de 2009. Esta provincia ha sido desde entonces el punto de la discordia del indigenismo, hasta quedar marginada por la dirigencia nacional de Pachakutik. 

Miguel Lluco, fundador de Pachakutik y dirigente en Chimborazo, asegura que mantiene la alianza porque el presidente Correa respeta la línea política del movimiento, pero el resto de dirigentes están en contra y lo acusan de traidor. Correa sin embargo lo califica como un líder “sano” con quien se puede dialogar. Otro dirigente indígena acusado de traidor es Ricardo Ulcuango, que aceptó ser embajador en Bolivia. Este era uno de los miembros más destacados de la Ecuarunari, la segunda organización indígena más importante después de la Conaie. Ulcuango, tras sumarse al Gobierno de Correa, fue expulsado de Ecuarunari.

Correa ha mantenido una campaña de desprestigio contra ciertos indígenas, como Lourdes Tibán, que ha sido diputada de Pachakutik desde 2009, y Salvador Quishpe, actual gobernante de la provincia oriental de Zamora Chinchipe. Ambos encabezan la oposición de las comunidades indígenas a la explotación minera que plantea el Ejecutivo. En sus arengas radiales de cada sábado, Correa ha satirizado varias veces a estos indígenas. Un ejemplo fueron sus declaraciones del 10 de marzo de 2012, unos días antes de que concluyera la marcha en defensa del agua que organizaron las comunidades indígenas. El presidente, al hablar de su política minera, dijo: “No permitiremos que la izquierda infantil, con plumas, con ponchos, desestabilice el proceso de cambio”.

Pachakutik llegó con todo este lastre a las elecciones presidenciales de febrero pasado, donde se impusó Rafael Correa con un 57% de los votos. Su estrategia de formar un frente común con la izquierda no le dio buenos resultados y apenas captaron unos 280.000 votos (el 3,7%) para su candidato presidencial, Alberto Acosta. Esto les llevó a tener cinco diputados, muy pocos frente a los 100 escaños que tiene Alianza País. Para José Chiriboga, miembro del movimiento indígena desde hace dos años, el fracaso electoral tiene que ver con las alianzas políticas. Para él, “los inicios de Pachakutik fueron gloriosos porque era un movimiento puro”. 

El reto que tiene la nueva dirigencia del partido indígena es revitalizar al movimiento que surgió en 1995 con cuadros fuertes como Nina Pacari y Luis Macas, que llegaron al Congreso en 1998. Pachakutik aspira volver a ser la fuerza política que fue decisiva en la caída de los presidentes Abdalá Bucarám, cuyo corto mandato fue de agosto de 1996 a febrero de 1997, y Jamil Mahuad, derrocado en enero de 2000 en plena crisis económica. De esa época quedan las imágenes de los indígenas que tomaron las carreteras del país y que llegaron a Quito para exigir la dimisión de ambos presidentes. Pachakutik dio su apoyo al sucesor de Mahuad, el coronel Lucio Gutiérrez, que llegó a la presidencia en enero de 2003. Los dirigentes indígenas llegaron a ocupar los Ministerios de Relaciones Exteriores y Agricultura. Pero la unión duró seis meses. Los indígenas le quitaron el apoyo a Gutiérrez por el nepotismo en el gobierno y las prebendas a los militares.