El ‘caso Heavens’ abre las alcantarillas del ocio nocturno de México DF

El rapto de 12 jóvenes en un ‘after’ desata una redada contra antros del centro de la capital vinculados a bandas de narcomenudeo supuestamente radicadas en el barrio bravo de Tepito

Las puertas selladas de la discoteca Black.
Las puertas selladas de la discoteca Black.RODOLFO VALTIERRA R.

El caso Heavens ha abierto las alcantarillas del ocio nocturno del centro de México DF. Desde que el 26 de mayo fueron raptados 12 jóvenes a la salida de un after-hours pegado al Paseo de la Reforma, la avenida en la que se mira al espejo el México moderno, el Gobierno local ha cerrado ocho antros en barrios acomodados del corazón de la ciudad que abrían hasta que era de día y que supuestamente estaban vinculados a narcomenudistas. Los jóvenes siguen sin aparecer y la hipótesis de las autoridades es que se los llevaron del bar Heavens como venganza por un conflicto entre bandas que buscan el control de la venta de droga en este tipo de nichos nocturnos del centro.

Las últimas siete semanas, además de una espera tensa por conocer la suerte de los desaparecidos, ha sido un goteo de cierres de garitos de nombres pretenciosos que va deteriorando la imagen de la Ciudad de México. Heavens. Fever. Le Privée. Zydeco. Cíngaro. Crystal. The Capital Suite. Black. Este último fue el escenario de apertura de la crisis de los antros en el DF. El sábado 24 de mayo por la mañana, delante de esta discoteca, apareció apoyado en un árbol un joven con dos tiros en la cabeza. Fue en medio de La Condesa, el barrio burgués por excelencia de la ciudad. Estos días, en la esquina del Black, en un encantador contexto de vecinos que pasean al sol con sus perros de marca y jóvenes que beben cerveza en terrazas, se puede ver a un policía haciendo guardia delante de una puerta negra precintada con bandas en las que se repite la palabra Homicidio.

Los hilos de la investigación han llevado a una banda  llamada La Unión, desconocida hasta que estalló el caso

El muerto se llamaba Horacio Vite. Le decían El Chaparro. Según la tesis de las autoridades, era un traficante al que asesinaron otros delincuentes para que no vendiera droga en ese local, y esta ejecución, un hecho infrecuente en un barrio como La Condesa, habría calentado tanto la situación como para que dos días después secuestrasen a 12 jóvenes en el Heavens en una operación a plena luz del día realizada por 17 personas con ocho vehículos. La mayoría de los raptados son de Tepito, el barrio bravo del DF, uno de los almacenes de droga de la capital, y los hilos de la investigación han llevado a una banda de ese barrio llamada La Unión que hasta hace dos meses no le sonaba a nadie en el resto de la capital.

La fiscalía local, encargada del caso, ha confirmado la existencia de esta banda, pero no ha corroborado si todo el lío se debe –como se especula en medios mexicanos– a una supuesta fractura de La Unión entre dos facciones: La Unión de Tepito, a la que también llaman Los Tepis, y La Unión de Insurgentes, por la calle más larga de la capital, que atraviesa el triángulo de ocio que forman La Condesa, la Zona Rosa y el barrio de La Roma.

También han trascendido nombres de cabecillas de La Unión –o de una de sus supuestas facciones–. El que más vueltas está dando es el de Ricardo López, alias El Moco, al que se atribuye la orden de raptar a los 12 del Heavens. Según la información que ha salido en la prensa local, López es un exagente de la Policía Federal. Fuentes consultadas por este periódico afirman que era un hombre fuerte del crimen en Tepito y que él y su gente se movían por el barrio con tanta impunidad que no hacían ni el esfuerzo de esconder un poco sus pistolas.

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El nombre de La Unión empezó a sonar fuerte en el barrio hace unos tres años. Al principio la banda se presentó como un grupo de guardianes para defender de los ladrones a los comerciantes y a los clientes del enorme mercado ambulante de productos pirata que es Tepito, pero en la práctica extorsionaba a vendedores a cambio de seguridad.

La fiscalía del DF aún no ha logrado dar con los desaparecidos ni detener a los secuestradores

Uno de los rumores que ha circulado es que uno de los jefes de esta banda es Jorge Ortiz Reyes, alias El Tanque, que es el padre de uno de los desaparecidos, Jerzy Ortiz, de 16 años. El Tanque está preso desde hace diez años por extorsión y delincuencia organizada, y una de las conjeturas que se han hecho es que sigue manejando negocios desde la cárcel y que el rapto de su hijo y de los otros 11 es un golpe contra él. EL PAÍS lo entrevistó hace tres semanas en una cárcel del norte de México y Ortiz Reyes aseguró que su pasado no tiene nada que ver con la desaparición de su hijo.

A falta de que se compruebe la hipótesis del enfrentamiento entre bandas de Tepito por el control del narcomenudeo en el centro de la ciudad, el hecho indudable es que el Gobierno local ha decidido golpear a una parte del hampa de México DF eliminando sus nichos nocturnos. Esta serie de cateos y cierres de antros es lo que más están luciendo las autoridades, que soportan una fuerte presión por la lentitud de la investigación y su falta de resultados concluyentes: en las siete semanas que han pasado desde el secuestro del Heavens se ha detenido y encarcelado a un socio del after y a dos empleados, un hermano de ese socio ha aparecido torturado y calcinado y otro de los socios está detenido de forma provisional; además, se han recabado decenas de testimonios. Pero no se sabe nada de los jóvenes desaparecidos, y no ha sido detenido ninguno de los 17 participantes directos en el rapto, entre los que la fiscalía dice que tiene diez retratos robot.

Los problemas para resolver el caso, unidos al hecho anormal de que haya sido posible raptar a 12 personas en una zona de la ciudad llena de cámaras y de policías, ha provocado críticas a la capacidad operativa del Gobierno local y sospechas de corrupción policial. Hasta el momento, en el ámbito oficial, la ventisca solo ha tumbado al responsable del área de la fiscalía encargada de recibir denuncias de desaparición, un cargo medio.

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