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“La agenda de América Latina está narcotizada”

El expresidente colombiano Ernesto Samper defiende la legalización de las drogas en un marco similar al del alcohol

El expresidente colombiano Ernesto Samper retratado esta semana en México.
El expresidente colombiano Ernesto Samper retratado esta semana en México.

Ernesto Samper Pizano (Bogotá, 1950) está convencido de que la legalización de las drogas es uno de los pasos más importantes en la estrategia contra el narcotráfico. En el libro Drogas, prohibición o legalización, el expresidente colombiano (1994-1998) defiende que el Estado debe asumir la regulación de los narcóticos “como ya ocurre con el alcohol”.

El tema dominante durante su presidencia era el narcotráfico, llegando incluso a involucrarle en un escándalo de financiación en su campaña. Su opositor y más tarde sucesor, Andrés Pastrana, le acusó de recibir dinero del cartel de Cali. La investigación, llamada proceso 8.000, y la dura política norteamericana en el tema acabaron con cualquier intento de una regulación de las drogas durante su gestión. Casi 20 años después, Samper se encoge de hombros. “Son karmas con los que uno carga, que lleva cualquier presidente. A otro le pueden cargar lo del Palacio de Justicia [la toma del recinto por un comando del M-19 en 1985], a otro lo de [el narcotraficante] Pablo Escobar. Son karmas que uno lleva y terminan por volverse parte de uno mismo”.

Pregunta. Defiende un modelo de estrategia contra las drogas con una legalización en el marco del Estado, ¿es posible?

Respuesta. No se puede pasar del fundamentalismo de la prohibición de las drogas al de la legalización, de que cada quien consuma lo que quiera y como quiera. Esta guerra no se puede ganar con un enfoque represivo, pero también es necesaria una regulación de las drogas bajo controles del Estado, como ocurre con el alcohol.

P. En 2009, usted dijo que el expresidente Álvaro Uribe, que entonces terminaba su mandato, tenía dos opciones: salir como un héroe o salir como un autócrata. ¿Qué opinión tiene ahora?

R. No salió como un héroe y se está convirtiendo cada vez más en un autócrata.

P. Usted también ha sido muy crítico con el uso del conflicto armado del Estado colombiano con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), en especial en el caso de Uribe.

R. La clave es esta. Colombia resolvió un tema fundamental: si el combate a las FARC era una guerra o un conflicto. La posición de Uribe y de la gente que lo acompaña, porque no está solo, era que había una guerra y que la solución era escalar la inversión militar para conseguir una paz romana, aniquilando al enemigo.Con la aprobación de la ley de víctimas en 2011, se estableció que lo que ha ocurrido en el país en los últimos 50 años es un conflicto armado, lo que permite que se aplique el derecho humanitario y una salida política, como ocurre en La Habana. Si hubiéramos seguido en el cuento de la guerra, que era la tesis de Uribe, Colombia seguiría dividida entre terroristas y no terroristas.

P. ¿Está cerca la resolución final?

R. Soy razonablemente optimista. Ahora, para un conflicto de 50 años, lo que sea rápido o no es muy relativo. El acuerdo sobre el problema agrario que se consiguió hace unos días es un paso importantísimo. Es el primero de los seis puntos de la agenda de negociación, pero a mi juicio, no son tan relevantes como el tema de las tierras para las FARC.

P. ¿Hay condiciones para que las FARC se reintegren?

R. Hay que crearlas. [El acuerdo sobre] Las tierras es un primer paso.

P. El presidente Juan Manuel Santos recibió hace unos días al líder opositor venezolano Henrique Capriles, lo que provocó una airada reacción de Nicolás Maduro, ¿qué opina de esa reunión?

R. Que en los dos países [Colombia y Venezuela] le están dando unas implicaciones que no tiene. Estoy seguro de que si Santos hubiera sabido que su reunión con Capriles tendría esa interpretación, no lo hubiera recibido.

P. ¿Cree que la política en América Latina está polarizada?

R. Está muy dividida, con dos modelos ideológicos encontrados. Me temo que la Alianza del Pacífico puede reforzar la idea de que en la región existen dos modelos: uno conservador, neoliberal y que apuesta a las soluciones del mercado y los otros, en donde esencialmente estarían los países del ALBA. Y no se trata de plantear una pelea campal, porque en el fondo son dos concepciones de lo que está ocurriendo en la región. Y sí hay desafíos comunes en los países de Latinoamérica, como la competitividad y la gobernabilidad.

P. Y la lucha contra el narcotráfico.

R. Eso lo incluyo en la gobernabilidad. La agenda de América Latina está narcotizada, por el interés de EE UU desde los ochenta de convertir sus relaciones con la región en un temas de guerra contra las drogas y punto. Lo único que se ha demostrado es que, pese a los controles, hay 300 millones de consumidores de droga en el mundo. Cambiar ese discurso no es una tarea fácil. Pero, como diría Einstein, no podemos seguir haciendo las mismas cosas esperando resultados distintos.

P. ¿Cree que España ha perdido peso en la región a causa de la crisis?

R. Creo que no. Nunca España había sido tan importante en América Latina. Y eso no es por la crisis, ya desde hace 10 años España era el segundo y en algunos casos el primer inversionista en varios países de la región. Lamentablemente, el diálogo político no ha estado a la misma altura.

P. Usted solía decir que, durante su presidencia, se despertaba todos los días pensando: “¿Qué fuego habrá que apagar hoy?”. ¿Le ocurre lo mismo al presidente Santos?

R. Sí . El país se sigue gobernando a golpe de crisis. El presidente de Colombia se levanta a resolver los problemas del día, ocurren demasiadas cosas en el país todos los días. Lo único que está claro es que no se aburre nunca. Se aburrirá el de Suiza.

P. ¿Es optimista sobre el futuro de Colombia?

R. Mucho. Hemos vivido épocas peores. Ahora que estamos pasando por una mejor racha, creo que saldremos antes.

P. En 2010, publicó en este diario un artículo titulado La colombianización de México, donde advertía que el país atravesaba una situación muy similar a la de Colombia en los años ochenta...

R. Y me llovieron rayos y centellas.

P. ¿Qué puede aprender México de Colombia?

R. México está entendiendo que cuando dije eso entonces era una invitación para que observara el modelo de Colombia de los años noventa y no cometiera los mismos errores. Hay que fortalecer el Estado. Aquí hay policías locales que andan como ruedas sueltas, que pueden estar aliándose con los carteles en las regiones.