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ANÁLISIS

¿Qué futuro espera a Argelia?

Es necesaria una transición democrática corta pero verdadera, encabezada por un líder excepcional y carismático

Ahora que el estado de salud del presidente Abdelaziz Buteflika, que ya era precario, parece agravarse, la situación en Argelia empeora a diario. Unas instituciones carentes de legitimidad, partidos virtuales, movimiento sindical y asociativo poco representativo y líderes sin envergadura: este es el marco de una vida política aletargada.

A eso se añade una inquietante situación económica: un maná financiero inconmensurable, obtenido únicamente de los hidrocarburos y gastado en proyectos grandiosos de infraestructuras, sin impacto sobre el potencial productivo nacional, o dilapidado en subvenciones directas o aumentos descontroladas de los salarios.

A eso se añade una población que, en sus dos terceras partes, tiene menos de 30 años; está abandonada a su suerte y tiene un acceso mediocre a las necesidades básicas de salud, educación, vivienda y transporte, lo que dispara la precariedad social.

Esta situación se agrava a causa de la corrupción a gran escala que se practica sin tapujos a la vista de los servicios secretos y organismos oficiales que deberían combatirla. Crece así la exasperación de la opinión pública, que abarca incluso a oficiales del Ejército y mandos de los servicios.

En resumen, si la enfermedad Buteflika aboca a su destitución como jefe del Estado, en realidad, es todo el sistema de gobierno el que debe reformarse. El statu quo es ya insostenible.

¿Qué escenarios surgen ahora? El mantenimiento del statu quo es una opción transitoria. Es probable que existan sectores influyentes que deseen perpetuar el sistema. Sería, no obstante, ignorar que la situación interna y externa coloca las palancas de la soberanía nacional, sobre todo en una dictadura, en manos extranjeras. Cabe también un escenario violento a causa del agravamiento de las divisiones internas. Es una vía que acabaría reactivando todavía más las protestas populares. El pueblo podría sublevarse y la policía ser incapaz de contenerlo. Es probable que la cadena de mando militar, en la que figuran jóvenes generales preparados y reacios a hacer política, rechace enfrentarse a la población y abrir fuego.

¿Cabe, por último, una sucesión pacífica? Hoy, y también en abril de 2014, cuando expire el mandato de Buteflika, unas elecciones presidenciales plurales y transparentes parecen una utopía. La Administración argelina es hábil en el fraude electoral. Hay que llevar a cabo una corta, pero auténtica transición democrática. Debe empezar con la elección transparente de una Asamblea Constituyente y la formación de un Gobierno de salvación integrado por independientes y representantes de partidos vinculados por un pacto nacional.

Esta iniciativa requiere la presencia de un hombre excepcional, carismático, que disponga de una autoridad moral sobre las instituciones y los hombres, capaz de reagrupar al conjunto de las fuerzas vivas de Argelia. Este hombre existe, es Liamin Zerual [expresidente de Argelia que dimitió en 1999]. Tiene una gran estatura moral, más que política, es honesto, entregado y visceralmente patriota. Pero es también refractario a los honores oficiales. Se negará a priori a acceder a las súplicas que reciba.

Mohamed Chafik Mesbah es coronel del Ejército retirado y politólogo.