Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Hollande quiere que Bruselas modere la austeridad económica

Agobiado por escándalos de corrupción en su Gobierno y por la profunda recesión, el presidente francés exige que la UE estimule el crecimiento

La canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, François Hollande, en Berlín el pasado enero.
La canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, François Hollande, en Berlín el pasado enero. REUTERS

Acorralado por el escándalo de su exministro de Hacienda, que resultó ser un evasor fiscal confeso e imputado; sin armas para poner en marcha una economía estancada ante la larga ronda de recesión para todos decidida por Berlín y Bruselas, y con el descontento social en cotas cada vez más altas, François Hollande necesita de forma imperiosa un radical cambio de rumbo para que la legislatura no se le vaya totalmente de las manos.

Los primeros síntomas sugieren que el camino pasa por fijar la atención en dos asuntos que fueron el eje de la campaña electoral: más crecimiento y menos austeridad, y tolerancia cero contra la delincuencia económica y la desregulación financiera. En casa, pero también en Europa.

“Si hay alguna crisis de régimen, es en la UE”, denuncia un ministro francés

París ha lanzado este martes un torpedo a la línea de flotación de la política económica europea, al diktat alemán de los recortes y reformas que empieza a molestar de veras a media Europa. Se trata en parte de un ataque, pero en el fondo es también el reconocimiento de que París pide auxilio a la Unión ante la posibilidad de que la situación política, económica y social no haga más que empeorar. El tutor de la nueva doctrina que el Elíseo acepta estar debatiendo es el ministro Arnaud Montebourg, líder del ala izquierdista de los socialistas y quijote contra las multinacionales y las finanzas sin alma, que ha dado un paso al frente con una entrevista a Le Monde en la que, al ser preguntado sobre si Francia vive una crisis de régimen por el caso Cahuzac —que ha sido expulsado del partido socialista—, respondió que el verdadero problema es “la política de austeridad impuesta por Europa”, una política que, dijo, “conduce a la UE a la debacle”.

“Hay una crisis de régimen cuando el sistema institucional es incapaz de responder a la pérdida de confianza. Y no creo que estemos en eso porque las medidas que el Gobierno se apresta a tomar son del calado suficiente como para recuperar la confianza”, afirma Montebourg. “El verdadero problema es el siguiente: la política de austeridad impuesta por Europa, ¿tiene el apoyo de los ciudadanos? La respuesta es no. Todos los pueblos la rechazan. Si hay alguna crisis de régimen es en la UE, donde no hay el menor debate democrático sobre las causas y las consecuencias de esta política que nos arrastra todos a una espiral recesiva”.

El mandatario pretende incidir en el combate contra los paraísos fiscales

La petición de socorro de Francia viene precedida de las advertencias del presidente del Gobierno español. Según Mariano Rajoy, varios países están haciendo grandes esfuerzos, y ahora es Europa quien “debe hacer un esfuerzo mayor”, a través del Banco Central Europeo. París evita esa referencia al BCE y prefiere poner el acento en las políticas de estímulo. Pero tanto España como Francia, sin formar un frente del Sur, empiezan a tener tracción en Bruselas: “Hay varios comisarios europeos que están a favor de equilibrar las políticas de austeridad con políticas de crecimiento o un papel más activo del BCE. De lo contrario veremos crecer esa marea de malestar que ponen de manifiesto la sentencia del Constitucional portugués, los resultados electorales en Italia, la votación en el Parlamento chipriota o los movimientos de protesta en España”, explicó a este diario una alta fuente europea.

Francia ya ha puesto en marcha reformas, y ha mantenido un silencio hermético respecto a la política de estímulos que reclamaban los socialistas en campaña. Montebourg reconoce que Hollande ha tenido que hacer esa política hasta ahora para “hacer frente a la montaña enorme de deudas que legó el sarkozysmo”, pero concluye: “Cuando la seriedad presupuestaria mata el crecimiento, deja de ser seria. Es absurda y peligrosa”.

Francia y España coinciden en pedir que el BCE tenga un papel más activo

Esta clase de desahogos del ministro de Recuperación Productiva son habituales, y en general suelen ser corregidos cinco minutos después por el titular de Economía, Pierre Moscovici, mano derecha de Hollande, enlace de París con Bruselas y el mayor defensor de la política de rigor. Pero esta vez hay una novedad importante. Moscovici permanece callado, y un portavoz del Elíseo afirma a este diario que Montebourg “habla con la libertad que tienen todos los ministros”, pero no corrige ni desautoriza una coma de su discurso. Y admite: “La reorientación de las políticas europeas hacia el crecimiento es crucial para recuperar la grave crisis de confianza de los ciudadanos en Europa”.

Sobre la petición de Rajoy para que el BCE cambie su política monetaria, el Elíseo no se pronuncia de forma clara, aunque hace unas semanas el propio Montebourg acusó al banco presidido por Mario Draghi de permanecer “perfectamente inactivo ante la crisis” y pidió una rebaja de la cotización del euro. Fuentes del Gobierno español añaden que las peticiones de activismo de Rajoy van en esa misma línea, la misma que desde hace meses reclaman foros como el G-8 y el G-20 para que Europa no siga lastrando el crecimiento mundial. “No hay coordinación en las demandas francesas y españolas, pero sí un consenso general basado en que la UE y el BCE tienen que hacer algo más de lo que están haciendo”, explican en La Moncloa. “Entre Francia y España hay una concertación muy estrecha sobre todo en los temas económicos”, abunda el portavoz francés.

El otro frente en el que va a incidir Hollande es el del combate contra los paraísos fiscales. Hoy dictará las líneas maestras en el Consejo de Ministros, y el nuevo aparato legislativo se presentará el día 24 para ser aprobado antes del verano. Como en el otro caso, es un movimiento impulsado por la desesperación, motivado por el descalabro que supone que su exministro de Hacienda fuera un defraudador fiscal.

París ya ha anunciado que impulsará, de acuerdo con Alemania, nuevas medidas contra el blanqueo de dinero. La principal sería la puesta en marcha del intercambio automático de información bancaria entre los Estados de la UE. Moscovici ha avanzado que Europa debe dotarse de un mecanismo similar al aprobado en EE UU por Barack Obama en 2010, que obliga a los países extranjeros a revelar la identidad de los contribuyentes nacionales.

El ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, también ha llamado a “reforzar la presión” contra la evasión fiscal, y Luxemburgo, uno de los países que no informa, ha dicho que no se opondrá. Maria Fekter, ministra de Economía del segundo país implicado, Austria, ha afirmado que se batirá “como una leona” por mantener el secreto bancario. En todo caso, Luxemburgo y Austria tienen una importancia relativa, porque el grueso del dinero negro está en Suiza y otros paraísos mucho más remotos y duros de pelar.