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Yoani Sánchez aterriza en EE UU

La periodista cubana visita la Universidad de Columbia y recibe la mención de los premios Cabot que le otorgaron hace cuatro años

La bloguera cubana Yoani Sanchez Cordero habla con Mirta Ojito
La bloguera cubana Yoani Sanchez Cordero habla con Mirta Ojito EFE

En una discreta pizarra blanca se anunciaba el evento, “Yoani Sánchez primeras palabras”, pero el revuelo era patente el jueves por la tarde en el hall de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia, donde se pedían tarjetas de identificación y paseaban un par de policías. Se trataba de un encuentro con estudiantes, como el que al otro lado del pasillo de la tercera planta se celebraba con la directora de la edición americana de la revista Glamour, solo que en este caso la protagonista era una de las figuras que más expectación ha despertado en Cuba y fuera de sus fronteras, una voz que a pocos ha dejado indiferente.

Cinco años y cerca de 20 solicitudes oficiales después –en lo que ella misma describe como una “cruzada personal y profesional”– Sánchez, fundadora del blog Generación Y, ha logrado viajar fuera de la isla. Apenas unas horas después de aterrizar por primera vez en EE UU procedente de México, se subía a un escenario junto a Ted Hanken, profesor de CUNY y su guía en esta visita, que hizo las veces de traductor. Fue saludada por el decano de la escuela Nicholas Lemann y por Joshua Friedman, director de los Premios Maria Moors Cabot, que quiso resaltar la excitación que el evento había provocado y la larga espera de casi cuatro años que había costado. Unas horas después se celebraría la cena de entrega de los premios y Yoani al fin recibiría el que le fue otorgado en 2009.

La charla con la periodista Mirta Ojito, profesora de la escuela, arrancó con una firme declaración de intenciones por parte de Sánchez que adelantó que a su regreso quiere ayudar a fundar un medio independiente en Cuba. “Las condiciones legales no están ahí, sin embargo creo que ha llegado el momento de pasar de un ejercicio personal e individual como el blog, y de la catarsis en 140 caracteres que es twitter a un medio colectivo”, afirmó. “Sería un medio digital, pero el día después del cambio estaría listo para circular por las manos de los cubanos”.

Con voz suave y pausada, pero decidida y contundente, Yoani fue desgranando las peculiaridades de la realidad informativa en Cuba. Habló del periodista Calixto Ramón Martínez, que destapó la epidemia de cólera en la isla y lleva en prisión seis meses, pendiente de un juicio; habló de la censura y la prisión en la que todos los profesionales del mundo de la información padecen en Cuba; y también de la particular difusión de noticias por medios tan creativos que permiten a muchos “ser especialistas en Internet sin Internet”. Los USB o lápices de memoria son la manera en que muchos cubanos logran almacenar páginas que luego circulan de mano en mano. “El que te quiere encontrar lo logra”, afirmó antes de reconocer que es imposible cuantificar el número de personas que recurren a estos mecanismos. “El gobierno le tiene pánico a Internet”. Un sistema basado en el control informativo, sostuvo Sánchez, no podría soportar la avalancha de información que contiene la Red, pero han sido las nuevas tecnologías lo que han permitido romper el férreo control.

Salones particulares ­­–no como el de Columbia donde casi una decena de cámaras grababan este coloquio que retransmitió en directo vía livestream– sirven de platós improvisados donde se filman programas de televisión creados por la sociedad civil cubana que “circulan como una gripe”, aseguró Sánchez. Y entre las telenovelas y otros entretenimientos grabados en discos duros, que pasan de mano en mano, se encuentran algunos inesperados “hits” como los documentales “Corea del Norte, acceso al terror” y “Stalin la amenaza roja” junto a cerca de 20 episodios de una serie sobre la Guerra Fría.

La reacción del gobierno cubano antes los blogueros, según explicó Yoani, ha pasado por distintas fases: de ignorarlos completamente, a acusarlos de haber sido formados en laboratorios del Pentágono. Una reacción similar a la que el gobierno castrista tuvo con la prensa escrita independiente en los 80, pero Sánchez vislumbra esto un síntoma para la esperanza: este podría ser el primer paso para la aceptación, puesto que no sólo les están leyendo sino que hay huestes de twiteros encargados de contestarla a ella y a otros. La primavera árabe, apuntó, ha sido seguida con extrema atención tanto por el gobierno, como por aquellos que como ella plantan batalla a la censura.

Sólo los estudiantes estaban autorizados a participar en el turno de preguntas en el que se plantearon cuestiones sobre cómo ayudar desde el exilio, en qué fallan los medios extranjeros a la hora de informar sobre Cuba, o qué problemas y contradicciones ha identificado esta implacable crítica en su visita al exterior. Yoani dijo que la tecnología ­–desde los retweets hasta la entrega de tarjetas para la conexión a Internet­– y las recargas a los móviles de los twiteros cubanos (mandan sus mensajes vía mensaje de texto, cuyo precio asciende a más de un dólar) son dos vías para ayudar; explicó que la libertad de expresión es lo que permitiría la denuncia de otras violaciones de derechos humanos; se mostró crítica con la visión algo folclórica que percibe en determinadas informaciones sobre su país, en las que casi nunca se marca una diferencia en los titulares entre el gobierno cubano y el país; y contó que al llegar en el primer vuelo a Panamá sintió que emprendía un viaje en el tiempo, hacia el futuro que le aguarda a Cuba.

En el exterior Sánchez ha encontrado un “griterío, un coro plural, a veces afónico”, no del todo perfecto, pero algo que sin duda prefiere al silencio o discurso sincopado oficial en Cuba. En este viaje cuando la han entrevistado ha tratado de plantear preguntas ella también y así conocer los peligros a los que están expuestos los periodistas en el norte México o las profundas diferencias sociales que establecen una acusada brecha en Brasil. En este último país la aguardaba una incómoda sorpresa, ya que un grupo la acosó e insultó, algo que resultó en una contrarreacción a favor de Sánchez y 35.000 nuevos seguidores en Twitter. “No me da miedo que manipules mis palabras, sino mi silencio”, aseguró. Su fuerza, dice que la saca de los amigos, de su esposo y su hijo adolescente y de las pequeñas cosas que un gobierno no puede arrebatarte.

Al final, ya agotado el turno de preguntas hubo una diatriba por parte de una mujer interceptada por el director de los Premios Cobot, Friedman que le advertía que el encuentro ya había terminado. Leía una serie de 40 preguntas que los opositores a la creadora de Generación Y han difundido ­–“en Brasil eran 50 así que han quitado 10”­, broméo Sánchez–. Los aplausos del público acabaron por silenciar esta última intervención y Yoani salió presurosa escoltada por personal de la escuela y con un ramo de flores entre las manos. En el patio de butacas una espontánea alzó una pancarta que la acusaba de no “ser prensa libre sino barata”. Como dijo la propia Sánchez, no cabe duda de que Cuba despierta pasiones. En los próximos días las conferencias en el New School, New York University y CUNY, entre otros lugares, prometen ser igualmente agitadas.