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El cambio climático, la asignatura pendiente de Obama

El calentamiento global se encuentra entre las prioridades del segundo mandato del presidente

Fuerte oleaje en Shinnecock Hills, Nueva York, durante el huracán Sandy.
Fuerte oleaje en Shinnecock Hills, Nueva York, durante el huracán Sandy. REUTERS

“Queremos que nuestros descendientes no se vean amenazados por el poder destructor que supone el calentamiento del planeta”. Con estas palabras, pronunciadas durante su discurso de la victoria en la noche electoral, selló Barack Obama su compromiso con la lucha contra el cambio climático, para muchos una de las asignaturas pendientes de su primer mandato. Prácticamente desaparecida durante toda la campaña presidencial, la política medioambiental cobró protagonismo en la recta final al albor de los efectos del huracán Sandy. El abismo fiscal y la cruzada sobre el control de las armas han acaparado los estertores del segundo mandato del presidente, pero muchos sostienen que la forma en la que aborde la lucha contra el calentamiento global durante esta nueva legislatura la que pueda poner el broche de oro a su legado político.

El principal escollo que se encontrará Obama es conseguir el apoyo del Congreso para mantener los incentivos fiscales  a las renovables

Durante sus cuatro primeros años en la Casa Blanca, pese a la oposición del Partido Republicano y la industria del carbón o del petróleo, la Administración Obama adoptó algunos pasos para tratar de frenar el cambio climático, como la puesta en marcha de medidas para limitar la emisión de CO2 en los coches de nueva fabricación y para restringir las emisiones de las plantas de carbón. En su nuevo mandato se esperan más disposiciones en la misma linea, además de la ejecución de normativas más duras sobre la perforación a través de la técnica de fractura hidráulica para la obtención de gas, una medida que cuenta con la oposición frontal de las compañías petrolíferas.

En su segunda legislatura, la Casa Blanca seguirá apostando por las energías limpias, potenciando las plantas de energía eólica o solar. El principal escollo que se encontrará Obama es conseguir el apoyo del Congreso para mantener los incentivos fiscales –rebajas de impuestos- a este tipo de industrias energéticas.

La preferencia por las renovables se compagina con el respaldo a la industria del gas natural. En 2012, EE UU alcanzó cifras récord en la producción de este componente fósil, según datos de la Administración de Información de la Energía (EIA, en sus siglas en inglés).

La decisión del presidente dependerá en buena medida del resultado de las investigaciones sobre el desarrollo de la perforación en el Ártico de una planta de Shell

En el aire queda saber si finalmente Obama dará el visto bueno a la construcción del oleoducto que transfiera petróleo de Canadá a las refinerías del Golfo en EE UU, un proyecto largamente acariciado por los republicanos y las empresas del sector. La decisión del presidente dependerá en buena medida del resultado de las investigaciones sobre el desarrollo de la perforación en el Ártico de una planta de Shell. El secretario de Interior saliente, Ken Salazar, ha asegurado que las perforaciones en la costa de Alaska no se suspenderán en la segunda legislatura, pero la compañía petrolífera está siendo objeto de un profundo escrutinio debido a varios fallos de seguridad que se han evidenciado en los últimos meses. En función del resultado del informe, la Casa Blanca podría platearse una moratoria en el Ártico similar a la que decretó para el Golfo tras el vertido de BP en 2010.

Unos proyectos para cuya ejecución, de momento, no hay director. Los puestos al frente del Departamento de Interior, de la Agencia de Medio Ambiente y de la Administración Nacional del Océano y la Atmósfera, los tres pilares en los que se apoya la gestión medioambiental del Gobierno federal de EE UU, están vacantes y las personas que Obama designe para ocuparlos determinará en buena medida la senda por la que circule durante los próximos cuatro años la política de la Casa Blanca en la materia.

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