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Un líder islamista muere en el ataque de un avión no tripulado en Pakistán

El mulá Nazir ha muerto junto a otros militantes cerca de la frontera con Afganistán

El mulá Nazir, en una imagen de 2007.
El mulá Nazir, en una imagen de 2007. REUTERS

El primer ataque del año con misiles lanzados desde aviones no tripulados de Estados Unidos en Pakistán se ha saldado con la muerte de uno de los principales comandantes de la Guerrilla Talibán en ese país, el Mulá Nazir, fallecido en la madrugada del miércoles en el bastión insurgente de la provincia de Waziristán del Sur, en la frontera con Afganistán. El Pentágono y la CIA han incrementado notablemente en los pasados meses sus ataques con esos dispositivos, bautizados como drones, en el contexto del inicio de la retirada norteamericana de Afganistán.

EE UU llevaba persiguiendo al Mulá Nazir, cuyo nombre real era Maulvi Nazir, desde hacía años. En 2008 ya atacó con drones la localidad de Wana, donde residía. Nazir resultó herido, según información de la inteligencia norteamericana, y logró huir. En verano de 2009 EE UU inició una nueva campaña de ataques con drones en Waziristán del Sur con la intención de aniquilar a Nazir. En dos ataques consecutivos en junio de aquel año, los drones Predator, cargados con misiles, mataron a al menos nueve personas, pero no a Nazir.

Nazir no sólo tenía enemigos en EE UU, sino también en otras facciones de la heterogénea insurgencia. Él lideraba lo que se conoce como tribu Ahmadzai Wazir, que perpetra ataques tanto en Pakistán como en Afganistán, y que mantiene una vieja rivalidad con los Talibán de Pakistán, quienes no suelen atacar al otro lado de la frontera. En noviembre, un ataque suicida en Wana provocó seis muertos y le dejó a él herido. El adolescente que se inmoló detonó los explosivos que portaba consigo junto al coche de Nazir, cuando este se hallaba fuera haciendo una llamada.

El Ejército de Pakistán llegó en 2009 a un acuerdo con la guerrilla de Nazir, según el cual el mulá se comprometía a no dar refugio a yihadistas, a cambio de que las fuerzas armadas pasaran de largo por las zonas que él controla en su ofensiva contra los insurgentes. Nazir rompió en repetidas ocasiones su promesa. En mayo de 2011, días antes de la muerte de Osama Bin Laden, Nazir, desafiante, llegó a dar una entrevista con el diario Asia Times Online en la que dijo sin ambages que era miembro de Al Qaeda. “Los Talibán y Al Qaeda son lo mismo”, sentenció.

Como muchas señores de la guerra del noroeste de Pakistán, Nazir tenía intereses a ambos lados de la frontera con Afganistán. Gozaba de la doble nacionalidad y hasta hace sólo unos años era propietario de tierras en Kandahar, uno de los refugios de los Talibán en Afganistán. Pertenecía a la tribu pastún de los wazires, enemiga acérrima de los uzbecos, contra los que lanzó una ofensiva en 2007, que acabó con numerosas bajas en ambos bandos. Era también un aliado de la Red Haqqani, refugiada en Pakistán pero que centra sus ataques en Afganistán.

El caso del Mulá Nazir es un claro ejemplo de los problemas de la porosa frontera entre Pakistán y Afganistán, controlada por señores de la guerra que suelen maniobrar al margen de los respectivos gobiernos legítimos. En sus tierras, Nazir mandaba sin cortapisas. Tenía su propio sistema policial, judicial y carcelario. Aplicaba su propia versión de la sharia, o ley islámica, que en los últimos años le había llevado a prohibir cosas tan mundanas como el uso de teléfonos móviles con cámaras o tarjetas de memoria, para evitar que se reprodujera música prohibida o se fotografiara a las mujeres.