Zuma: “En Sudáfrica no hay crisis, la gente puede protestar”

El presidente intenta rebajar la tensión en el país tras la matanza de 34 mineros por disparos de la policía

Zuma, en su encuentro con periodistas en Johanesburgo.
Zuma, en su encuentro con periodistas en Johanesburgo.s. sibeko (REUTERS)

Cordial, próximo y con algunas bromas en la manga para dulcificar el momento amargo que vive Sudáfrica. El presidente del país, Jacob Zuma, recobra la seriedad cuando habla de la tragedia de Marikana —donde murieron 34 mineros por disparos de la policía—, aunque se refiere a ella como si le fuera algo ajeno. En agosto, trabajadores de la mina de platino de Lonmin, a las afueras de Rustenburgo, batallaban en una huelga ilegal por un mejor sueldo cuando las fuerzas de seguridad abrieron fuego. Lo que sucedió en Marikana fue “un shock, una sorpresa para todos”, afirma el jefe del Gobierno, sin asumir ni señalar, por ahora, responsabilidades. Y sin dar explicaciones de por qué la policía iba armada con munición real. Pero Zuma quiere mostrar empatía hacia los familiares de los fallecidos y expone su preocupación escudándose en la comisión de investigación de la matanza, a la que se refiere como “percance” o “incidente desafortunado”.

La Comisión Farlam, así conocida por el juez retirado que la dirige, Ian Farlam, no está exenta de polémica. Los abogados que representan a una de las asociaciones de mineros, a los familiares de las víctimas y a los mineros heridos y detenidos dijo que no podía continuar con el proceso en parte porque se les han retirado los fondos para que los familiares asistan a los interrogatorios. ¿Por qué el Ministerio de Justicia ha cortado estos fondos? “Quizás porque la presencia de estas personas es inútil en las investigaciones”, aventura el presidente en un encuentro celebrado hoy con corresponsales en Johanesburgo, dibujando una vez más una distancia entre su jefatura de Gobierno, los ministerios y la policía.

Pero la tragedia de Marikana es solo la punta del iceberg de un problema mayor y más complejo. Hace meses que intensas huelgas sacuden el sector minero y el enfado de los trabajadores no se concentran solo contra las empresas que les contratan sino también contra los sindicatos que deberían representarles. “No hay ninguna crisis en Sudáfrica”, asegura Zuma en tono didáctico. “Exagerar es incorrecto. Decir esto es malentender el país. Estamos en democracia y precisamente por eso la gente puede manifestar sus inquietudes. No podemos concluir que haya crisis”.

El sábado pasado la policía cargó contra un millar de mineros de Anglo American Platinium, la primera empresa de platino del mundo. Su malestar iba esta vez dirigido al sindicato, la Unión Nacional de Mineros. “Firman acuerdos sin tenernos en cuenta” se quejaban muchos manifestantes, acusando al sindicato de estar politizado.

“Los sindicatos son el mejor instrumento de los trabajadores”, explica Zuma. “Estoy seguro que se ganarán de nuevo la confianza. Es importante para todos, y también para el país, para evitar que la situación salga fuera de control”.

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