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El gobierno de Piñera se enfrenta a su primera gran prueba en las urnas

Las elecciones municipales encuentran a la administración chilena con un 32% de popularidad y un 57% de rechazo

Cartel de la candidata a alcaldesa de la capital Carolina Tohá.
Cartel de la candidata a alcaldesa de la capital Carolina Tohá. EFE

En las calles de todo Chile, donde por estos días abunda la propaganda electoral con motivo de las elecciones municipales de este domingo 28, se observan pocos carteles de los candidatos de derecha con el presidente Sebastián Piñera. A los analistas no les extraña el fenómeno: el gobierno tiene un 32% de popularidad y un 57% de rechazo, de acuerdo a la última encuesta Adimark, y los candidatos a alcaldes y concejales no les ha resultado conveniente asociar su imagen a una administración que no ha logrado despegar desde las protestas sociales de 2011.

Desde la llegada de la democracia en 1990, es la primera vez que la derecha debe enfrentarse a unas elecciones desde el Palacio de La Moneda. Y el Gobierno de Piñera, cuyos buenos índices económicos no han bastado para conseguir el respaldo de la ciudadanía, será el encargado de sortear el desafío. Como es la primera vez que los chilenos regresen a las urnas desde que el arrancó la actual Administración en marzo de 2010, el proceso es visto como la gran prueba electoral del oficialismo. Los resultados reflejarán su fuerza frente a la oposición en vista de las elecciones parlamentarias y presidenciales de noviembre de 2013.

“La elección municipal es un desafío, un paso previo a las presidenciales”, confesó Piñera en diciembre de 2011 al periódico chileno La Tercera. El mandatario, que sabe que está en juego la continuidad de su coalición en el poder, salió a las calles para apoyar a los candidatos de su sector, al igual que la Primera Dama y los ministros más populares del Gobierno. La Moneda observará con especial atención los resultados en las zonas afectadas por el terremoto y maremoto de febrero de 2010, donde los ciudadanos evaluarán a través de su voto el proceso de reconstrucción.

Son las primeras elecciones que se realizan en Chile después de la entrada en vigencia de ley de inscripción automática y voto voluntario

En las últimas elecciones municipales, celebradas en 2008, la centroizquierda agrupada en la Concertación logró 149 alcaldías, con lo que actualmente gobierna los municipios de 5.902.183 chilenos. La Alianza oficialista de Piñera, en esa ocasión, triunfó: aunque consiguió un menor número de ediles -145- hoy por hoy sus alcaldes están a la cabeza de 8.353.080 habitantes. Hace cuatro años, la victoria de la derecha fue el paso previo al éxito presidencial.

A diferencia de lo que ocurre con la imagen del Jefe de Estado en campaña, prácticamente todos los candidatos de oposición utilizan la imagen de la expresidente Michelle Bachelet en su propaganda. La actual directora ejecutiva de ONU Mujeres, radicada en Nueva York desde septiembre de 2010, goza de un 76% de aprobación, de acuerdo a la última encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP). Y, aunque todavía guarda silencio público sobre sus intenciones, y se niega a hablar de coyuntura local, para la clase política chilena y la ciudadanía es un hecho probado que regresará en los próximos meses a Chile para asumir la candidatura presidencial de la Concertación. Hasta la fecha corre con ventaja: la sigue en las encuestas Laurence Golborne, el ministro que lideró el rescate de los 33 mineros, que ostenta un 14%.

Los resultados reflejarán la fuerza del oficialismo y la oposición en vista de las elecciones parlamentarias y presidenciales de noviembre de 2013

Una posible derrota de la centroizquierda en las elecciones de esta jornada no necesariamente pondrán en peligro las opciones de la expresidente: el fenómeno Bachelet trasciende por lejos al respaldo de su coalición, que apenas alcanza el 14%. Los resultados, sin embargo, será observados con atención por la médico socialista desde Nueva York. Primero, porque le mostrará el estado real de su conglomerado, que desde que dejó de ser Gobierno no ha logrado salir de una profunda crisis ideológica y de identidad. Segundo, porque estos comicios reflejarán un nuevo país, muy distinto al que ella dirigió entre 2006 y 2010.

Chile cambió en 2011. El descontento que la población acumulaba desde hace años tomó forma de protestas, huelgas y cacerolazos. Los jóvenes salieron a la calle para exigir educación pública de calidad y la ciudadanía, en su conjunto, comenzó a exigir más a las autoridades e instituciones democráticas. Hoy por hoy, el Gobierno, los partidos políticos, los tribunales y sobre todo el Parlamento están sumidos en una grave crisis de legitimidad. Y estas elecciones municipales –las primeras a nivel nacional después del año de las movilizaciones- indicarán hasta dónde llega el malestar de los chilenos y qué tan profundos son los cambios que exige. De paso, reflejarán si, efectivamente, el país quiere que haya un giro a la izquierda, como han vaticinado algunos políticos y analistas.

 Uno de los factores que serán observados con atención durante la jornada será el nivel de abstención, ya que son las primeras elecciones que se realizan en Chile después de la entrada en vigencia de ley de inscripción automática y voto voluntario. El padrón electoral, que envejecía paulatinamente desde el plebiscito a Augusto Pinochet de 1988, aumentó de 8,1 millones a 13,4. Pero es una incógnita si la ciudadanía, tras el año de los descontentos sociales y la indignación, acudirá a sufragar. Es lo que explica, en gran parte, que el escenario esté abierto en la mayoría de las comunas, donde las batallas electorales serán voto a voto. Todo dependerá de la participación de los jóvenes, quienes tienen el poder de cambiar el panorama político chileno.