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China cede a la presión social y cancela la construcción de una fábrica contaminante

La movilización ciudadana logra un nuevo éxito frente a las autoridades

Policías y agentes paramilitares vigilan las oficinas gubernamentales en Shifang el día después de la cancelación del proyecto.
Policías y agentes paramilitares vigilan las oficinas gubernamentales en Shifang el día después de la cancelación del proyecto. AFP

La movilización social ha cosechado un nuevo éxito en China. Las autoridades de la ciudad de Shifang (provincia suroccidental de Sichuan) han cancelado definitivamente la construcción de una fábrica de aleación de cobre, después de tres días de protestas en las que miles de vecinos tomaron las calles para rechazar la planta por miedo a su impacto medioambiental y los riesgos para la salud. El Gobierno local, que el martes dijo que suspendía temporalmente el proyecto, ha cedido a la presión y anunció el mismo día por la noche su abandono. “La fábrica de aleación de molibdeno de cobre no será construida en Shifang”, ha asegurado el Gobierno de esta localidad en su página oficial en el servicio de mensajes cortos Weibo, el Twitter chino.

Li Chengjing, jefe del Partido Comunista Chino en Shifang, ha afirmado en un comunicado que la instalación habría generado muchos puestos de trabajo y beneficios económicos, pero ha reconocido el fuerte rechazo público y el fallo de su Gobierno a la hora de explicar claramente sus beneficios.

El grupo Hongda, propietario de la fábrica, ha advertido a la Bolsa de Shanghai, en la que cotiza, que ha detenido la construcción tras haber recibido una notificación del Gobierno de Shifang, informa la BBC. Hongda es uno de los mayores productores de zinc y plomo de China.

Miles de personas —incluidos estudiantes— preocupadas por la contaminación que podría generar la fábrica comenzaron a concentrarse delante de la sede del Gobierno local y en una plaza el domingo por la noche. Las protestas se convirtieron en violentas el lunes por la tarde cuando entraron en acción los antidisturbios, que utilizaron gases lacrimógenos y palos para disolver la manifestación. La ira de los vecinos creció cuando circularon en Internet fotos y vídeos de la actuación policial, que mostraban gente herida.

Al menos 13 personas resultaron heridas en los enfrentamientos. Según la organización de defensa de los derechos humanos con sede en Hong Kong Human Rights Defenders, dos personas murieron en los choques. Según el periódico de Hong Kong Ming Pao, falleció un estudiante. Las autoridades de Shifang niegan que se haya producido alguna muerte.

En un anuncio público realizado este miércoles, el Gobierno municipal ha afirmado que un pequeño grupo de manifestantes arrojó ladrillos y piedras a la policía y los funcionarios locales. Asegura que 27 personas fueron detenidas, pero que 21 han sido puestas en libertad “tras haber sido sometidas a crítica y educación y haberse arrepentido de sus errores”.

La cancelación del proyecto supone una victoria para los vecinos y es una nueva muestra de la creciente influencia que tienen las protestas sociales sobre las autoridades, en parte debido al gran poder movilizador y difusor de la información de Internet.

Incidentes similares al de Shifang ocurren a menudo en China, muchos de ellos ligados a problemas medioambientales, que los vecinos suelen relacionar con la corrupción de los líderes locales. Las autoridades suelen aplastar las protestas y castigan a sus cabecillas. En otras ocasiones, paralizan temporalmente los proyectos, y vuelven reanudarlos una vez que se calman las aguas. Pero en los últimos años la presión ciudadana ha tenido cada vez más éxito, especialmente cuando participa en ella la creciente clase media urbana. En agosto del año pasado, miles de personas forzaron el cierre y el traslado de una planta química en la ciudad portuaria de Dalian (provincia nororiental de Liaoning).