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Las potencias e Irán intercambian propuestas sobre el conflicto nuclear

La delegación, encabezada por la alta representante europea, Catherine Ashton, se reúne con el enviado iraní, Said Yalilí

El enviado nuclear iraní, Saed Yalilí, habla con la alta representante europea, Catherine Ashton, hoy en Bagdad.
El enviado nuclear iraní, Saed Yalilí, habla con la alta representante europea, Catherine Ashton, hoy en Bagdad. AP

“Las sanciones nos han perjudicado mucho, pero en Bagdad parece que por fin los occidentales van a reconocer nuestros derechos nucleares y todo volverá a la normalidad”, asegura Hosein, un joven iraní de 23 años que pasa unos días en Dubái. Aunque Hosein no simpatiza con el régimen islámico ni se interesa por la política, tampoco es inmune a la dieta de nacionalismo y propaganda de los medios iraníes. El levantamiento de las sanciones es el objetivo que el jefe negociador iraní, Said Yalilí, ha llevado hoy a la cita con las seis grandes potencias. Estas, por su parte, tratan de averiguar qué está dispuesto a conceder Irán para lograrlo.

La delegación formada por EE UU, China, Rusia, Reino Unido, Francia y Alemania, busca que Teherán suspenda su enriquecimiento de uranio al 20% y que transfiera al extranjero los 140 kilos que ya ha fabricado. Sin embargo, rechaza levantar las sanciones mientras la República Islámica no dé pasos concretos en esa dirección. Así se lo hizo saber a Yalilí, la alta representante europea Catherine Ashton, que encabeza el grupo, durante las tres horas que han estado reunidos hoy antes del almuerzo. Yalilí le respondió con su propio plan de cinco puntos, según la agencia iraní Isna.

El uranio enriquecido al 20% preocupa porque reduce de forma significativa el tiempo que se necesita para alcanzar la pureza que requiere una bomba atómica (90% frente al 3,5% para el combustible de las centrales nucleares). Aunque los dirigentes iraníes niegan que esa sea su intención -y el presidente Mahmud Ahmadineyad volvió a decirlo hoy-, insisten en que el Tratado de No Proliferación les da derecho a enriquecer y lo plantean como una cuestión de principio.

“Dada la situación interna [por el efecto de las sanciones], los iraníes parecen decididos a hacer concesiones centímetro a centímetro hasta el límite de su línea roja”, interpreta un embajador europeo en Bagdad.

El problema es que nadie sabe con certeza dónde está esa línea roja. Filtraciones previas a la reunión de hoy en las que se sugería que si Irán renunciaba a enriquecer al 20%, EE UU aceptaría que su derecho a hacerlo hasta el 5% fueron recibidas con “sería un buen principio” por un alto funcionario del Ministerio de Exteriores iraní. Sin embargo, la reacción de los medios iraníes esta tarde tachando de “desequilibrada y desfasada” la oferta de los Seis parece indicar que no hay un reconocimiento explícito de ese derecho y que los incentivos no son suficientes.

“Si la postura de Occidente (…) se centra de nuevo en la suspensión del enriquecimiento, estoy convencido de que la discusión no irá a ninguna parte”, escribe en el Financial Times Hosein Mousavian, que fuera portavoz del equipo negociador iraní entre 2003 y 2005.

Además, por mucho daño que estén haciendo las sanciones, la estrategia iraní de seguir avanzando en el programa nuclear le ha dado resultado. A pesar de que seis resoluciones de la ONU exigen que interrumpa todo el proceso de enriquecimiento de uranio, la realidad es que, excepto Israel, todo el mundo acepta ya su derecho a hacerlo a no más del 5% y con garantías de que no lo desvía para usos militares. En un claro mensaje a sus interlocutores, Irán anunció el martes que había cargado combustible de uranio (al 20%) en el reactor de investigación médica de Teherán.

“Asistimos a una puesta en escena, cuyo guión está escrito de antemano”, interpreta por su parte un diplomático occidental con larga experiencia en la zona. En su opinión, el “ambiente positivo” que rodea la reunión es fruto del deseo de ambas partes de dar un paso atrás tras el abismo al que se asomaron hace unos meses cuando sonaron los tambores de guerra. Resulta improbable que de Bagdad salga algo más que la voluntad de seguir hablando. “La clave está en la cita que, se anuncie o no, van a mantener Irán y EEUU”, asegura.

También Mousavian, que en la actualidad da clases en Princeton, se muestra convencido de que la crisis nuclear con Irán no va a resolverse “mientras la relación entre Washington y Teherán esté dominada por la hostilidad, las amenazas y la desconfianza mutua”. Ambos países no mantienen relaciones diplomáticas desde la crisis de los rehenes en 1980.