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53 líderes urgen a incrementar la seguridad frente al terrorismo nuclear

El comunicado final de la Cumbre de Seúl insta a reducir el uso de uranio altamente enriquecido, material apto para armar una cabeza atómica

Varios líderes presentes en la cumbre, antes de la foto de grupo.
Varios líderes presentes en la cumbre, antes de la foto de grupo. AFP

El español solo tiene una palabra (seguridad) para expresar los conceptos a los que el inglés dedica dos (safety y security). En la industria nuclear, safety es la seguridad ante el riesgo de accidentes, y security, la protección ante agresiones exteriores, como robos, ataques o sabotajes. La primera cumbre de seguridad nuclear, celebrada en abril de 2010 en Washington (EEUU), solo se ocupó de la security, pero la segunda, que concluyó ayer en Seúl (Corea del Sur), no ha podido desentenderse de la safety. El accidente de Fukushima, del que acaba de cumplirse un año, ha demostrado que ambas son inseparables. Receloso de que las medidas exigidas para incrementar una y otra arruinen su cuenta de resultados, el lobby mundial de la energía nuclear se reunió en Seúl en vísperas de la cumbre que reunió a 53 mandatarios y cuatro organizaciones internacionales.

A la vista de las conclusiones, sus temores eran infundados. Aunque se reafirma el llamamiento para asegurar el material nuclear más vulnerable en un plazo de cuatro años, que concluye en 2014, sus recomendaciones no son vinculantes, sino que dependen de la voluntad de los Estados para ponerlas en práctica. No podía ser de otro modo, pues no van acompañadas de la financiación necesaria y solo se anima a los Estados, y a la propia industria, a aumentar sus contribuciones voluntarias al fondo de seguridad nuclear del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), para que pueda prestar asistencia a los países que carecen de medios para ponerlas en práctica, lo que en una época de restricciones presupuestarias resulta poco probable.

Más allá del llamamiento a crear una Arquitectura Global de Seguridad Nuclear y la invitación a los países que aún no lo han hecho para que se adhieran a las convenciones internacionales sobre la materia, la cumbre ha servido de paraguas para acuerdos prácticos de carácter bilateral o trilateral. Uno de ellos es el anunciado por Estados Unidos, Francia, Corea del Sur y Bélgica para sustituir el uranio altamente enriquecido que se utiliza para la fabricación de isótopos médicos por uranio menos enriquecido pero de alta densidad. Se calcula que en todo el mundo existen unos 200 reactores experimentales de uso civil que utilizan uranio altamente enriquecido como combustible y reconvertirlos, “donde sea técnica y económicamente posible”, es uno de los objetivos que se ha marcado la cumbre para finales del año próximo. Ya hay un precedente: el reactor mexicano Triga Mark III ha sido readaptado para que emplee uranio de bajo enriquecimiento con la colaboración de EEUU y Canadá.

Para evitar que materiales susceptibles de ser utilizados en la fabricación de bombas nucleares —o de bombas sucias, que combinan componentes radiactivos con explosivos convencionales— caigan en manos de organizaciones terroristas, la cumbre recomienda retirarlos de instalaciones en desuso y guardarlos en almacenes centralizados. El pasado fin de semana salió de Ucrania con rumbo a Rusia y financiación de Washington el último cargamento de 19 kilos de uranio altamente enriquecido, reliquia del arsenal de la antigua Unión Soviética. Aún así quedan dispersas por distintos países, sin las condiciones de seguridad adecuadas, unas 1.600 toneladas de uranio altamente enriquecido y 500 de plutonio, suficientes para fabricar unas 100.000 bombas atómicas, según datos aportados por el anfitrión de la cumbre, el presidente surcoreano Lee Myung-bak.

Pero la preocupación no se limita al almacenamiento del material sensible, sino que afecta también a sus condiciones de transporte y al contrabando, cuya erradicación requiere un refuerzo de los controles fronterizos y de la cooperación entre policías y servicios de información. No en vano Interpol estaba entre las organizaciones invitadas a la cumbre.

A pesar de que en las conclusiones solo se alude a organizaciones terroristas y agentes no estatales, dos Estados no invitados estaban en el punto de mira: Corea del Norte e Irán. Pyongyang reiteró ayer su propósito de realizar a mediados de abril el lanzamiento de un satélite que, según los expertos, encubre la prueba de un misil de largo alcance, pese a las presiones de toda la comunidad internacional, incluida su aliada China. Por su parte, el presidente estadounidense, Barack Obama, no dejó de repetir a todos sus interlocutores que, aunque aún hay margen para una salida diplomática al contencioso con Irán, éste es cada vez más estrecho. Obama, sorprendido el lunes por un micrófono prometiéndole al presidente en funciones ruso, Dmitri Medvédev, mayor flexibilidad en el escudo antimisiles después de las elecciones, volvió a conversar ayer con él. Pero esta vez tuvo la precaución de tapar el micrófono con la mano, sin perder la sonrisa.

La próxima cumbre de seguridad nuclear se celebrará en 2014 en Holanda.