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CONSEJO EUROPEO EN BRUSELAS

Rajoy urge a la UE a fijar objetivos más “realistas” ante la recesión

El presidente español esgrimirá en Bruselas sus medidas de ajuste fiscal para relajar las exigencias de Bruselas

España quiere que la revisión del objetivo de déficit se haga antes de abril

Mariano Rajoy y Angela Merkel, el jueves en Berlín.
Mariano Rajoy y Angela Merkel, el jueves en Berlín. REUTERS

El nuevo presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, se presentará mañana a su primera cumbre europea como un alumno aventajado en la disciplina germana de la austeridad y el rigor. Espera obtener, en contrapartida a sus esfuerzos, un trato algo menos estricto por parte de sus examinadores. “No queremos relajar el objetivo de déficit, lo que buscamos son unas previsiones realistas”, subrayan fuentes de La Moncloa.

El Gobierno insiste machaconamente en que, “hoy por hoy”, su meta es acabar 2012 con un déficit del 4,4% —decir lo contrario le colgaría ante los mercados el sanbenito de incumplidor—, pero apenas disimula la imperiosa necesidad de que se afloje este corsé que amenaza con ahogar la economía española.

El 4,4% se fijó sobre la base de que 2011 acabaría con un déficit del 6% y de que España crecería el 2,3% este año. La realidad es que el déficit rondó el 8% y el FMI pronostica una caída del 1,7% del PIB en 2012.

El problema menos grave, pero más urgente, que tiene Rajoy son los plazos. El nuevo objetivo de déficit se fijará en el programa de estabilidad, que se discutirá con la UE en abril. Pero antes, el 31 de marzo, debe presentar el proyecto de presupuestos para este año, cuya piedra angular es precisamente el déficit. Además, la Comisión no dará su previsión de crecimiento para los países de la UE hasta el 23 de febrero. “Quisiéramos contar con unas previsiones más tempranas y, sobre todo, más realistas”, insisten en La Moncloa.

No se esperan de la cumbre soluciones —más allá de una declaración genérica en favor del crecimiento—, pero sí que gane terreno la idea de que el giro hacia el equilibrio fiscal no puede ser tan brusco como se planeó, a riesgo de hundir la economía europea por muchos años.

Rajoy hará valer ante sus socios las duras medidas que ha tomado, y piensa tomar, y la mayoría absoluta de que dispone para aplicar esta cirugía. Además del ajuste fiscal, vía recorte de gastos y aumento de impuestos, esgrimirá el acuerdo de moderación salarial alcanzado por los agentes sociales y las inminentes reformas laboral y del sistema financiero. España no solo se adelantó a incluir en su Constitución la regla de oro prevista en el nuevo tratado sino que dio luz verde, el pasado viernes, a la ley de Estabilidad Presupuestaria que la desarrolla.

Rajoy no es Zapatero, ni Monti es Berlusconi. Los Gobiernos manirrotos del sur de Europa ya no están y Merkel no puede seguir como si nada hubiese cambiado”, alegan fuentes diplomáticas.

El pasado jueves, Rajoy se topó en Berlin con la resistencia de la canciller alemana a doblar la dotación del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) hasta el billón de euros. Quizá por eso, en Moncloa restan ahora importancia al fondo que debe proteger a los países más vulnerables del euro, como España, e insisten en que “el mejor cortafuegos es la credibilidad de la política económica que está aplicando el nuevo Gobierno”. Al menos, Rajoy espera que Merkel deje al Banco Central Europeo mantener abierta la barra libre de crédito a los bancos, lo que alivia la presión sobre la deuda, aunque no la elimine.

Antes de la cumbre, Rajoy se entrevistará con el presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, y a lo largo de la jornada tiene previsto reunirse con los primeros ministros del Reino Unido, David Cameron, Polonia, Donald Tusk, y Dinamarca, Helle Thoring-Schmidt, presidenta de turno de la UE.

El presidente español defenderá ante sus homólogos tres propuestas: la generalización a toda Europa del modelo austriaco de capitalización de la indemnización por despido; la armonización de las retribuciones de los directivos de entidades financieras que reciban ayudas públicas; y la reorientación hacia políticas de fomento del empleo juvenil y apoyo a las pequeñas y medianas empresas de los remanentes no gastados del presupuesto comunitario, que la Comisión Europea cifra en unos 82.000 millones.