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Manuel Antonio Noriega regresa a Panamá para ingresar en prisión

El exhombre fuerte de Panamá llega al país extraditado desde París para cumplir tres condenas

Manuel Noriega llega a la prisión de Renacer, a 25 kilómetros de la capital.
Manuel Noriega llega a la prisión de Renacer, a 25 kilómetros de la capital. AFP

Un pequeño apartamento remodelado del penal El Renacer, con vistas a las esclusas de Miraflores, en el Canal de Panamá, recibirá al que será su más famoso ocupante: el exgeneral panameño Manuel Antonio Noriega, de 77 años, representante de la vieja guardia de dictadores latinoamericanos. Noriega ha llegado desde París vía Madrid al aeropuerto de Tocumen, al este de Panamá, a las 18:07 horas (las 00:07 en horario peninsular) en un vuelo de la aerolínea Iberia.

El exgeneral fue repatriado tras pasar 21 años, 11 meses y 8 días en prisiones de Estados Unidos y Francia por conspiración para traficar drogas y blanqueo de dinero. En Panamá, el exmilitar debe afrontar varios procesos por los asesinatos de varios opositores durante su dictadura (1983-1989).

 La llegada de Noriega ha reabierto las heridas en el país centroamericano, donde aún están sin esclarecer un centenar de muertes y desapariciones ocurridas durante su mandato.

Enfermo y disminuido físicamente, Noriega estará en un penal que alberga a 364 presos y deberá cumplir una condena de 60 años por los asesinatos de 11 panameños —la decapitación del médico y rival político Hugo Spadafora, en 1985, y los fusilamientos del mayor Moisés Giroldi y otros nueve militares golpistas en 1989—. Además, enfrentará juicios por un amplio listado de homicidios de víctimas de la represión de su aparato de seguridad.

Noriega estará en un penal que alberga a 364 presos y deberá descontar 60 años de cárcel como culpable de los asesinatos de 11 panameños

El presidente de Panamá, Ricardo Martinelli, ha apelado a razones de edad y salud para sugerir que a Noriega se le permita cumplir sus condenas en su domicilio, tal y como prevé la ley panameña para los reclusos mayores de 70 años.

Esto ha provocado el rechazo de familiares de víctimas y de algunos grupos políticos, que han convocado manifestaciones de rechazo al exdictador.

“Noriega se encuentra con un país en el que muchos de sus allegados ocupan importantes posiciones. Eso deja un desagrado grande y revela que la impunidad continúa imperando en Panamá”, asegura a EL PAÍS el abogado y activista político Miguel Antonio Bernal, catedrático de derecho, quien fue encarcelado durante el régimen militar instaurado en 1968 por Omar Torrijos, fallecido en un misterioso accidente aéreo en 1981.

Noriega, uno de los cabecillas del régimen torrijista, pasó a dirigir el país con mano de hierro a partir de 1983. El general pasó de servir a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) a comienzos de los años setenta —como jefe de la inteligencia militar panameña— a ser enemigo de Washington y amigo del cartel colombiano de Medellín, del régimen cubano y de la izquierda continental, que en 1989 le designó “comandante de la dignidad latinoamericana” por su enfrentamiento contra Estados Unidos.

Para entonces, se sucedían las protestas callejeras contra la represión y la corrupción del régimen. Vestido de general y a las puertas de la Nunciatura Apostólica en la capital panameña, donde se había refugiado, Noriega se entregó el 3 de enero de 1990 a tropas de Estados Unidos que, por orden del presidente George Bush padre, invadieron el 20 de diciembre de 1989 ese país para arrestarle por narcotráfico. Horas después, el dictador, vestido con un chaquetón verde oliva marcado con las letras DEA (Agencia Antidroga Estadounidense) era trasladado a Miami en un avión militar.

Los tribunales estadounidenses condenaron a Noriega a 40 años de prisión por ocho cargos de narcotráfico (entre ellos, conspirar para introducir droga en el país) y lavado de dinero. Purgó casi 20 antes de ser extraditado, en abril de 2010 a Francia, donde se le reclamaba por blanqueo de tres millones de dólares en la década de los ochenta. En París fue sentenciado a siete años y recluido en la prisión de La Santé. El pasado septiembre logró su libertad condicional, pero al mismo tiempo un tribunal francés aceptó la solicitud de extradición de Panamá. Noriega pudo haber apelado, pero sus abogados aseguraron que el exdictador quería regresar a su país.

Nada más aterrizar en el aeropuerto de Tocumen, una camioneta trasladó al militar a El Renacer, penal construido por EE UU durante su etapa de control del Canal, que se prolongó desde 1904 a 1999. Conocida como Gamboa en la época de la presencia militar estadounidense, por el área donde está localizada, en esa cárcel “a Noriega le han construido un pequeño apartamento siguiendo sus indicaciones y se han gastado más de 160.000 dólares. Va a tener vista a las esclusas del canal. Es una cárcel donde usualmente están narcotraficantes y gente con capacidad de pago para no estar en otros centros penitenciarios”, afirma el abogado Bernal.

El Gobierno ha desmentido esa y otras versiones similares. “Es un reo más, no tiene por qué haber un trato distinto del que reciben los otros reos, salvo por los detalles de su salud”, alegó la ministra de Gobierno, Roxana Méndez.

El director del Sistema Penitenciario, Ángel Calderón, explicó que el exgeneral estará en “una celda sin mayores comodidades que una cama, un escritorio y su baño privado”. El calabozo, aclaró, tampoco tiene servicios de televisión por cable ni internet.

Directo a prisión

Tras llegar a Tocumen, el exgeneral sería llevado en helicóptero a El Renacer, penal construido y administrado por Estados Unidos en la ocupación estadounidense del Canal y de sus áreas ribereñas, que se prolongó de 1904 a 1999.

Conocida como Gamboa en la época de la presencia militar de Estados Unidos por la zona del noroeste de la capital panameña donde está localizada, en la cárcel “a Noriega le han construido un pequeño apartamento siguiendo sus indicaciones y se han gastado más de 160.000 dólares. Va a tener vista a las esclusas. Es una cárcel donde usualmente están narcotraficantes y gente con capacidad de pago para no estar en otros centros penitenciarios”, reveló Bernal.

No obstante, el gobierno de Martinelli rechazó esa y otras versiones similares. “Es un reo más, no tiene por qué haber un trato especial al que reciben los otros reos con los detalles de su salud”, alegó la ministra panameña de Gobierno, Roxana Méndez. El director del Sistema Penitenciario, Ángel Calderón, explicó que el exgeneral estará en “una celda sin mayores comodidades a la de una cama, una mesa tipo escritorio y su baño privado”. El calabozo, aclaró, tampoco tiene servicios de televisión por cable y ni Internet.

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