Guía para no perderse en la negociación de la nueva UE

Alemania, Francia y Bruselas son los tres actores principales de un proceso que en una semana debe alumbrar los mecanismos de disciplina fiscal y de solidaridad que salven la eurozona

Europa tiene una semana para concretar una reforma de su forma de trabajar que la salve de la catástrofe financiera que supondría que algunos de sus países más grandes no puedan pagar sus deudas y financiarse con normalidad. Son ocho días, antes de la cumbre europea del 9 de diciembre, en los que el futuro de la UE está en manos de cuatro actores principales: Alemania, Francia, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo. Todos están de acuerdo en que hace falta más Europa, más integración, y que la disciplina fiscal sea una norma sagrada entre los socios de la Unión y un mecanismo para armonizar los presupuestos. Lo que se está negociando es cómo se articula eso, quién pone cuánto, quién se compromete a qué y quién responde ante quién. Estas son las posiciones de partida.

Alemania

Primero disciplina, impuesta desde Bruselas, y después solidaridad

Alemania, país que se está financiando a la mitad de coste que Francia o siete veces más barato que Italia y que ha salido con fuerza de la recesión económica, es el único que puede respaldar medidas financieras conjuntas europeas que acaben con la crisis de deuda que ahoga a sus socios. Pero el país no puede permitir que cunda la impresión de que los rigurosos alemanes pagan las facturas de sus socios manirrotos. Así que Alemania quiere una reforma de los tratados europeos que imponga la disciplina fiscal en toda la UE a cambio de esa mayor solidaridad. Si no pudieran modificarse los tratados por cuestiones de calendario, está sobre la mesa la posibilidad de un mecanismo de cooperación especial para los países euro, como el de Schengen en materia de seguridad. Además, Alemania pretende que la supervisión de esa disciplina fiscal, y las eventuales sanciones a países incumplidores, dependan de un supercomisario con poderes especiales en Bruselas y del Tribunal de Justicia de Luxemburgo. Según la mayoría de expertos, la solución urgente a la crisis de deuda pasa por que el banco Central Europeo compre masivamente bonos de los países en problemas y, además, emita los llamados eurobonos, que serían garantizados por el conjunto de las economías del euro. Alemania se niega a la segunda solución sin esa reforma de los tratados, aunque en las últimas horas comienzan a circular rumores de que está dispuesto a permitir la parte más urgente de la solución, la intervención del BCE. Hasta ahora, se había negado afirmando que no está entre las funciones del BCE ser el prestamista de último recurso de los Estados, al modo de la Reserva Federal de EE UU.

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Francia

Primero solidaridad, y luego el compromiso de cada país con la disciplina

En el camino hacia la armonización fiscal y la disciplina presupuestaria, Francia aboga por empezar solucionando los problemas de deuda a corto plazo con la compra de bonos por parte del BCE. En cuanto a la reforma de los tratados, Francia no quiere ceder tanta soberanía a Bruselas como exige Angela Merkel a cambio de los nuevos mecanismos de solidaridad. Está de acuerdo con la mayor disciplina fiscal, pero no con que se controle desde una autoridad en la UE, sino que sean los líderes de la zona euro los que pacten eventuales sanciones. El presidente Nicolas Sarkozy, como la canciller Angela Merkel, actúa bajo la presión de unas elecciones, en su caso más cercanas, y no puede permitir que parezca que Francia cede soberanía a una UE dominada por Alemania a cambio de solidaridad. Sarkozy quiere que los mecanismos para lograr la estabilidad fiscal sigan en manos de los Estados y de sus Parlamentos.

Las actuales instituciones

Más poder para imponer disciplina, pero la deuda debe ser común

Las actuales instituciones europeas se han pronunciado a través del presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, que ha presentado una batería de propuestas para salvar la economía euro que vienen a dar valor a todas las posiciones que hay sobre la mesa. Para Van Rompuy, que no representa a la Comisión Europea pero tiene el apoyo de José Manuel Durao Barroso, debe haber un nuevo sistema de sanciones automática para los países incumplidores de las nuevas normas de disciplina fiscal, como por ejemplo la suspensión de derecho de voto en las instituciones europeas. También está de acuerdo, en la línea de Alemania y los países de su órbita de influencia, en que haya una autoridad central con poderes para intervenir presupuestos nacionales. La Comisión Europea ya visa los presupuestos nacionales pero sus opiniones no pasan de meras recomendaciones, mientras que en el futuro tendrían el peso de un dictamen vinculante. Por otra parte, Van Rompuy está de acuerdo con que una parte de la deuda pública de la eurozona esté garantizada desde Europa, como piden los países del sur más Francia.

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