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El mercado desconfía del Gobierno italiano y dispara la prima de riesgo

El anuncio de la promesa de dimisión del primer ministro impulsa Wall Street

Los ministros italianos Giulio Tremonti, Roberto Maroni, Umberto Bossi y Roberto Calderoli, este martes en el Parlamento.
Los ministros italianos Giulio Tremonti, Roberto Maroni, Umberto Bossi y Roberto Calderoli, este martes en el Parlamento. Mauro Scrobogna (AP)

Las pantallas en las que se ve en tiempo real lo que pasa en los mercados son un galimatías difícil de interpretar para el neófito. Pero hay veces, como ayer, en que puede hacerse sin dificultad. Las pantallas mostraban que la prima de riesgo italiana se relajaba después de haber empezado el día al alza y que la Bolsa subía un 3%. Había dudas sobre si Berlusconi podría sacar adelante los presupuestos. Lo logró a las cuatro de la tarde pero a duras penas y perdiendo la mayoría absoluta. En ese momento la prima de riesgo se disparó, subió 20 puntos básicos en dos horas y cerró en 496 puntos básicos. Al mismo tiempo, el índice selectivo de Milán perdió fuelle y acabó ganando apenas un 0,7%. Conclusión: Los mercados no confían en Berlusconi y no creen que vaya a aprobar las reformas y los ajustes.

Abunda en esta tesis que horas después, al saberse que el primer ministro había anunciado su dimisión cuando se apruebe el plan de ajuste el euro ganó posiciones y Wall Street, que hasta entonces vacilaba, afianzó las ganancias con brío.

Los problemas de Italia en los mercados se agudizaron el pasado verano. Entonces los inversores situaron al país en el centro de la diana y desplazaron de ese amenazante lugar a España, hasta entonces señalada como la siguiente víctima —si la hay— de la crisis de deuda soberana europea. “El escepticismo de los inversores en Italia ha crecido en los últimos meses por la relativamente poco ambiciosa agenda de reformas y por una implantación poco vigorosa”, reza un informe de Barclays del pasado lunes.

En este tiempo la situación se ha agravado tanto que los dirigentes de la Unión Europea lo asumen sin ambages. “La situación económica y financiera de Italia es muy preocupante”, calificó ayer el comisario europeo de Asuntos Económicos, Olli Rehn, “lo esencial es ahora restaurar la confianza en la capacidad de Italia de lograr crecimiento económico y estabilidad fiscal”.

Para intentarlo, hoy empieza a trabajar en Roma una delegación de supervisores de la Unión Europea que vigilará cómo se aplican las reformas. La delegación se encontrará un Gobierno débil tras la votación de ayer.

La grave preocupación por Italia en Bruselas está más que justificada. La deuda italiana está muy cerca del punto de no retorno —unos 500 puntos básicos en la prima de riesgo y una rentabilidad del 7% en los bonos a 10 años— que acabó abocando a Grecia, Irlanda y Portugal al rescate financiero. Al sobrepasar estos niveles, los bonos del país de referencia corren el riesgo de perder valor como aval en el mercado interbancario y eso puede desatar una espiral que desemboque en el cierre de liquidez para la banca del país. Esto es lo que empujó a pedir ayuda financiera a Grecia, Portugal e Irlanda.

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Pero las dimensiones de Italia hacen difícil pensar dificultan esta opción. Su deuda (1,8 billones de euros) triplica la que suman los tres países rescatados en conjunto y el calendario de refinanciación dice que hasta marzo el Tesoro italiano necesita 200.000 millones de euros.

Estas cifras llevan a Barclays —y a una gran cantidad de servicios de estudios y economistas— a concluir que las herramientas de las que se ha dotado Bruselas para hacer frente a la crisis de deuda soberana se quedan cortas. “No creemos que el FEEF [fondo de rescate] sea una red de seguridad adecuada para evitar el contagio a otros países”, comentan los analistas de la entidad británica. Ayer, de hecho, la presión sobre las primas de riesgo de España, Bélgica y Francia se mantuvo, si bien no fue a más.

De ahí que quienes piensan así apunten hacia el Banco Central Europeo como el único capaz de evitar que la crisis vaya a más, actuando como banco de último recurso, es decir, comprando deuda soberana de los países con problemas y disuadiendo a los especuladores de apostar contra los bonos de los periféricos.

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Sobre la firma

Manuel V. Gómez
Es corresponsal en Bruselas. Ha desarrollado casi toda su carrera en la sección de Economía de EL PAÍS, donde se ha encargado entre 2008 y 2021 de seguir el mercado laboral español, el sistema de pensiones y el diálogo social. Licenciado en Historia por la Universitat de València, en 2006 cursó el master de periodismo UAM/EL PAÍS.

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