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La policía china pone fin al arresto domiciliario de Ai Weiwei

El artista disidente califica como un "éxito" su convocatoria de una fiesta de protesta contra el Gobierno

La policía puso fin anoche al arresto domiciliario al que había sometido al artista disidente chino Ai Weiwei para impedir que asistiera a la gran fiesta que había organizado para celebrar la prevista demolición de su estudio en Shanghái, según contó el propio creador a través de su cuenta de Twitter. Pese a la ausencia de Ai, recluido en su vivienda de Pekín desde el viernes, cientos de personas asistieron ayer al banquete convocado en Shanghái, lo que el artista calificó de "gran éxito".

Ai Weiwei es uno de los artistas chinos más conocidos internacionalmente. Fue el encargado de diseñar el estadio olímpico de Pekín, conocido como Nido de Pájaro, pero es también conocido por sus críticas al Gobierno. Recientemente, se inauguró en la Tate Modern londinense una instalación con 100 millones de pipas de girasol talladas en porcelana. El creador había convocado un banquete con vino local y 10.000 cangrejos en respuesta a la orden de las autoridades de Shanghái de derribar su estudio de Shanghái, construido recientemente. Según Ai, los responsables del distrito suburbano de Jiading le habían animado a instalarse en el edificio para impulsar el desarrollo de una zona artística similar a las de Pekín, pero ahora lo pretenden derribar al considerarlo ilegal.

Que escogiera como menú cangrejos de río no es casual. En chino, el nombre de este animal se pronuncia de manera similar a "armonioso", que es la palabra que el régimen utiliza continuamente para definir el tipo de sociedad que persigue. Ahora, gracias a Internet, el término se usa como sinónimo de censura.

"Ha sido un gran éxito. La gente no ha estado intimidada. La policía secreta había amenazado a muchos con que iban a perder sus trabajos si acudían. También a los estudiantes. Pero la gente se lo ha pasado muy bien. Y eso que es muy difícil no estar asustado, porque en esta sociedad (China) hay una larga tradición de intimidar a la gente", explicó ayer por teléfono a EL PAÍS.