El Zapata salva la tarde
Este domingo no se pareció al anterior. En pleno invierno tuvimos un domingo soleado, como de primavera, ideal para una buena tarde de toros. Pero el clima no bastó y resultó una corrida insípida.
El único que destacó fue El Zapata, que nos brindó lo mejor de la tarde cortando una oreja al cuarto toro, al que estructuró una faena con gran estilo y valor. Salió de la enfermería para combatirlo, pues apenas al inicio del primer tercio su primer toro le había dado un puntazo en la pierna derecha. A pesar de ello, se repuso y salió con ánimo torero para enfrentarse a su enemigo, haciéndolo muy bien en todos los tercios.
Con el capote sorprendió gratamente arrancando con una tanda de cuatro faroles cambiados de hinojos, hilvanándolos de forma consecutiva a un toro distraído y soso. Le siguió con otra tanda de medias verónicas rematadas con gaoneras. Pero, sin duda, lo que más agradó a los aficionados fue el excepcional par de banderillas que con quiebre y de violín le plantó al toro. El público lo ovacionó, y como reconocimiento, algo pocas veces visto por una puesta de banderillas, le hizo dar una vuelta al ruedo. Fue lo mejor de la tarde.
Con la muleta encandiló al toro con una serie de pases arrucinos, que nuevamente arrancaron la ovación al público. Le siguió con naturales por la derecha que remataba con elegantes pases de pecho, hasta rendirlo con vistosos molinetes. La estocada, aunque defectuosa, fue honda y suficiente para que el toro doblara. El público insistió en premiarlo hasta conseguir que le otorgaran una merecida oreja.
A Fabián Barba le falló la suerte, pues se topó con lo peor del encierro. En sus dos toros de turno mostró valor y esfuerzo para tratar de cautivarlos, pero, desafortunadamente, la falta de bravura de los astados frustró su propósito. En el tercero hipnotizó a la plaza con un impresionante farol cambiado a puerta gayola que facturó a un cornivuelto de gran estampa, reconocido con justos aplausos. Siguió la faena con elegantes verónicas templadas y finas gaoneras con los pies plantados. Con la muleta se le vio citando con arrucinas y rematando con derechazos, que concluía con ajustados molinetes. El toro acabó rajándose ante el torero. Lamentablemente, a pesar de los méritos de Barba, el toro nunca conectó con el matador de Aguascalientes. El sexto toro resultó un inservible, amarrado al piso y con embistes calamocheros que no permitió ningún pase decente. Consciente de las incorregibles limitaciones del astado, el diestro aceleró el turno del acero y acabó con la faena.
Al Fandi tampoco le tocó un lote fácil, pero no fue el peor de la tarde. Contrariamente a lo mostrado en la sexta corrida de la temporada, en la que triunfó al cumplir con todos los tercios, en ésta el diestro granadino nunca encontró su sitio ni el mejor lado de los bureles. Cierto que intentó chicuelinas y navarras con el segundo toro y naturales por la derecha con el quinto, pero nada funcionó para darle armonía a su toreo. La afición comprendió que no era su tarde y guardó silencio.
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