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Reportaje:

El petróleo de las Malvinas resucita viejos fantasmas

La pretensión británica de ampliar el límite de la plataforma continental del archipiélago de 200 a 350 millas de la costa reabre antiguas disputas con el Gobierno argentino

La disputa entre Argentina y Reino Unido por las islas Malvinas, que derivó hace 25 años en una guerra que dejó 904 muertos en el Atlántico Sur, ha vuelto a agitarse ahora, después de que se conociera el proyecto británico de pedir a la ONU la extensión del límite de la plataforma continental del archipiélago de las 200 a las 350 millas de la costa. Se presume que en esas tierras submarinas se hallará petróleo y gas, yacimientos codiciados en tiempos de escasez energética en todo el mundo. Por ahora, el ministro de Relaciones Exteriores de Argentina, Jorge Taiana, ha respondido que su país "objetará cualquier iniciativa británica de extender su ocupación ilegítima de territorio argentino".

El Gobierno de las Falkland ha otorgado concesiones a petroleras privadas para buscar crudo y gas dentro de la zona de exclusión económica

Según el ministro de Relaciones Exteriores argentino, Jorge Taiana, "una vez más, el Reino Unido pretende derechos que no tiene"

La Convención del Derecho del Mar de la ONU, que fue suscrita por 130 países y entró en vigor en 1994, establece que la potestad de los países costeros sobre los recursos del mar alcanza hasta las 200 millas y reconoce "los derechos soberanos de los Estados ribereños sobre su plataforma continental", pero los Gobiernos tienen de plazo hasta mayo de 2009 para demostrar hasta dónde se extiende esa plataforma. De cualquier modo, el límite marítimo no podrá fijarse más allá de las 350 millas.

En ese contexto, Reino Unido, al igual que otros países, está recolectando datos geológicos y geofísicos de sus científicos e hidrógrafos para indicar a Naciones Unidas cuál es el límite de la plataforma continental de las islas Falkland (el nombre británico con el que se designa a las Malvinas), Ascensión (a 1.000 millas del continente africano) y Rockall (situada en una región en disputa con Irlanda, Islandia y Dinamarca). Así lo publicó el sábado pasado el periódico británico The Guardian, bajo el título ¿El nuevo imperio británico? Reino Unido planea anexionarse el Atlántico Sur. En ese artículo se compara la ambición de Londres por los recursos naturales de este océano con la reciente excursión submarina de Rusia para clavar su bandera de titanio en el fondo del Ártico. Canadá, Estados Unidos y Dinamarca reaccionaron frente al Gobierno de Vladímir Putin reclamando también su soberanía en el Polo Norte.

El jefe de legislación de la división marítima de la Oficina Hidrográfica de Reino Unido, Chris Carleton, reconoció a The Guardian que la aspiración británica sobre la plataforma de las Malvinas es la que más posibilidades tiene de convertirse en un conflicto político feroz. Reino Unido desplazó a las autoridades argentinas de Malvinas en 1833. En 1965, Argentina consiguió que el Comité de Descolonización de la ONU reconociera a las islas como territorio en disputa entre ambos países y por eso cada año la Asamblea General pide a los dos Gobiernos que lleguen a una solución pacífica y duradera sobre el conflicto.

En 1982, la última dictadura militar argentina intentó recuperar las islas por la fuerza. Dos meses después, el Reino Unido de Margaret Thatcher recuperó el dominio de las Falkland. En 1995, el entonces presidente de Argentina, Carlos Menem, firmó con el primer ministro británico de aquel tiempo, John Major, un acuerdo por el que ambos países compartirían el petróleo encontrado en aguas adyacentes a los límites de las 200 millas. Pero este año, el actual jefe del Estado argentino, Néstor Kirchner, anuló ese convenio.

Mientras tanto, el Gobierno de las Falkland, con apoyo de Londres, ha otorgado concesiones a petroleras privadas para buscar crudo y gas dentro de la zona de exclusión económica de las 200 millas. Reino Unido anhela que el mar que rodea a las Malvinas dé algo más que pescado.

El portavoz de la Embajada británica en Buenos Aires aclaró a EL PAÍS que Londres no busca la extensión del límite marítimo de las Falkland hasta las 350 millas hacia el oeste, lo que provocaría un conflicto con la actual frontera atlántica del país suramericano e incluso con la costa oriental de la isla de Tierra del Fuego. En cambio, sí puede reclamar el máximo de 350 millas hacia el este, es decir, mar adentro, aunque por ahora ningún cálculo es definitivo. Diplomáticos y técnicos de Argentina y el Reino Unido se reunieron ya para debatir este asunto en 2001 y 2004. Londres propuso en junio pasado un tercer encuentro, pero Buenos Aires no lo prevé, según comentó un portavoz del Ministerio de Exteriores de Argentina a EL PAÍS.

Por su parte, el ministro Taiana ha respondido a los planes británicos de prolongar sus fronteras en el Atlántico Sur: "Una vez más, el Reino Unido pretende derechos que no tiene". Añade que el Reglamento de la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de la ONU no podrá considerar el anhelo británico porque "hay en medio una disputa de soberanía expresamente reconocida por Naciones Unidas". Un comunicado del Ministerio de Exteriores argentino dice que ese reglamento "establece que no considerará ni calificará las presentaciones de Estados respecto de territorios en disputa". La idea británica sólo podría prosperar en caso de que se acuerde una presentación conjunta con Argentina o que Buenos Aires no plantee ninguna oposición.

El Gobierno argentino también está elaborando un proyecto para presentarlo ante la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de la ONU. Persigue la ampliación de su soberanía en el mar de los 2,7 millones de kilómetros cuadrados actuales a 3,7 millones. Algunos países ya formalizaron sus aspiraciones marítimas ante Naciones Unidas antes de 2009: Noruega, Nueva Zelanda, Australia, Francia, Brasil y Rusia, que sufrió una objeción de Japón.

Francia, España, Irlanda, Reino Unido, Dinamarca e Islandia están conversando para elaborar presentaciones conjuntas sobre territorios en disputa.Pero de momento resulta difícil imaginar que eso vaya a ocurrir entre Londres y Buenos Aires.