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Muere el "Gran Visir" de Hasán II

Dris Basri, ex ministro de Interior de Marruecos y hombre de confianza del anterior rey alauí, fallece en París a los 69 años

El ex ministro de Interior marroquí y mano derecha de Hasán II durante casi dos décadas, Dris Basri, ha fallecido hoy en un hospital de París a los 69 años. Basri fue el máximo representante de su país en las negociaciones sobre el futuro del Sáhara Occidental y durante los años ochenta y noventa ocupó la posición de "Gran Visir", encargado de la gestión cotidiana de la monarquía alauí. Su decadencia comenzó con su destitución por Mahamed VI en noviembre de 1999 y desde 2003 vivía exiliado en Francia.

La figura de Basri, nacido en Settat en 1938, ha estado ligada a diversas acusaciones por su papel en la represión contra la oposición política al régimen. En 2006 compareció en París ante el juez que investiga la desaparición del líder izquierdista marroquí y principal opositor al régimen de Hasán II, Mehdi Ben Barka, secuestrado en la capital francesa en 1965.

Además, varias asociaciones de apoyo al pueblo saharaui y pro-derechos humanos se querellaron en España en 2006 contra él, entre otros políticos y militares marroquíes, por su presunta responsabilidad en la desaparición de cientos de saharauis.

Hombre fuerte y de confianza en el Gobierno del rey Hasán II, desde 1982 fue clave en las negociaciones sobre el Sáhara Occidental, tanto en los contactos con los representantes del Frente Polisario como en las rondas ante los representantes especiales para el caso de la ONU.

Basri ejercía el cargo de "Gran Visir", tradicional en la estructura del régimen marroquí, y controlaba los servicios de seguridad y a los ministros. Estaba en relación permanente con los monarcas, que gestionaban los asuntos cotidianos del Estado a través de esa figura, que dependía personalmente de ellos.

Tras la muerte del rey Hasán II en el verano de 1999, mantuvo su cartera de Interior, pero el 11 de noviembre de ese año, días después de que realizara unas declaraciones sobre el posible aplazamiento durante varios años del referéndum sobre el Sahara, fue destituido por el joven rey Mohamed VI.

Como "número dos" de Hasán II, muchos le consideraban un símbolo de la corrupción, la injusticia, el fraude electoral y el abuso de poder, hasta el punto de que una parte de la sociedad llegó a creer que su destitución podía cambiar la situación en el país. La destitución marcó el principio de la decadencia del "Gran Visir", que en 2003 se exilió en Francia aquejado de cirrosis hepática, aunque durante meses tuvo que vivir en una situación "irregular", sin pasaporte.