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REVUELTA EN BOLIVIA

Las revueltas populares se extienden a las principales ciudades de Bolivia

Dos mineros mueren en enfrentamientos con las fuerzas del orden en Patacamaya

Como era de prever, durante todo el dia se han producido nuevos enfrentamientos en varias ciudades de Bolivia, inmersa en una enorme crisis social desde hace casi un mes que se ha cobrado la vida de decenas de personas. Las protestas han derivado en enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas del orden en Cochabamba, en el centro, en Oruro, Santa Cruz, La Paz y Patacamaya, en la ruta hacia la capital administrativa, donde cerca de 2.000 mineros se han enfrentado a la policía y al Ejército, que ahora patrulla las calles, con un saldo de dos muertos y varios heridos. Los sindicatos han decidido convocar a las mujeres a una huelga de hambre "mientras los hombres combaten en las calles".

Las fuerzas del orden han interceptado la marcha de los mineros, que trataban de llegar a La Paz desde Oruro, en la carretera que une ambas ciudades a la altura de Patacamaya, a unos 100 kilómetros de la sede del Gobierno. Los manifestantes han lanzado piedras y cóckteles molotov a los uniformados, que han respondido con balas de goma y gas lacrimógeno. Según fuentes humanitarias, han sido dos los muertos y hasta 10 los heridos, aunque no se tiene confirmación oficial.

Estas dos víctimas se unen a una confusa lista fruto de 25 días de protesta. El caos hace difícil saber cuántas víctimas se han producido pero, según la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia, son más de 400 los heridos y 74 los muertos, sin contar los de Patacamaya. La avalancha de pacientes ha saturado los centros médicos de La Paz, donde además ya se empieza a detectar escasez de alimentos y productos básicos.

Mientras, los disturbios, centrados inicialmente en La Paz y la vecina localidad de El Alto, se extienden ya por todo el país. La huelga indefinida convocada por la oposición, que ha lanzado la revuelta con la excusa de un proyecto de exportación de gas a EE UU a través de Chile que el Gobierno ha suspendido, se materializa en manifestaciones que ya tienen lugar en numerosas ciudades del país. Las protestas derivan con facilidad en enfrentamientos con las fuerzas del orden. Así, hoy, recién estrenado el día en el país, ya se han registrado marchas violentas en La Paz, Oruro, Cochabamba, Sucre, la capital oficial, y Santa Cruz, que se encuentran semi-bloquedas por las barricadas de los manifestantes. Además, la huelga, convocada por la Central Obrera Boliviana (COB) se ha extendido a los sectores universitario, educativo, fabril, sanitario, cocalero y campesino.

La oposición de todo signo, en especial de los sindicatos de todo el país, clama por un objetivo común: la renuncia del presidente, Gonzalo Sáznchez de Lozada, que se resiste a abandonar el cargo aunque cada día que pasa cuenta con menos apoyos, tras la retirada de varios ministros. El Ejército, en cambio, permanece fiel y patrulla las calles.

Voluntad de diálogo

Tras retirar el plan que desató las iras de la oposición y de medio país, el Gobierno, que se resiste a renunciar, se centra ahora en tratar de reconducir la situación por medio de reiteradas ofertas de diálogo que obtienen escasa respuesta. La última ha tenido lugar hoy mismo, al comienzo del día, por parte del Ministro de Exteriores, Carlos Saavedra, que ha asegurado que el Ejecutivo está dispuesto a entablar el diálogo con los sectores movilizados en su contra para negociar todos los temas, excepto la dimisión del presidente.

No obstante, los ofrecimientos del Gobierno no parecen surtir efecto en la oposición. Uno de sus dirigentes, el líder cocalero indígena Evo Morales, ha sugerido que se lleve a cabo una sucesión constitucional en favor del vicepresidente, Carlos Mesa, que, sin renunciar a su cargo, anteayer expresó su desacuerdo y retiró su apoyo al presidente.

El origen de la crisis

El origen de la protesta es el intento del Ejecutivo de "robar las riquezas estratégicas de Bolivia", según las palabras del secretario ejecutivo del COB, Jaime Solares. Se refiere al plan del Gobierno de consolidar la exportación de gas natural a Estados Unidos y México a través de un puerto costero, una estrategia a la que se oponen frontalmente sindicatos y campesinos.

Bolivia, encerrada entre la cordillera andina y la selva amazónica, no tiene mar, y encontrar un puerto para llevar a cabo el plan es uno de los principales problemas. La elección de Chile ha despertado un gran rechazo popular, puesto que este país mantiene la soberanía sobre los 120.000 kilómetros cuadrados de litoral que fueron bolivianos hasta la Guerra del Pacífico (1879), y el frente opositor no desea favorecer en manera alguna a sus vecinos.

El Gobierno insiste en la necesidad de cerrar el contrato de exportación de gas, una inversión que alcanzaría el 65% del Producto Interior Bruto en 2008, fecha en la que entraría previsiblemente en funcionamiento. Pero la ciudadanía tiene otra queja: rechaza la exportación hasta que se extienda el uso doméstico e industrial del gas.

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